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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Sangre, la estética contreras de Amat Escalante

sangre_amat_escalante_posterPor Marco González Ambriz

Cuando alguien deja de ver el cine como un entretenimiento casual y empieza a tomárselo en serio, es decir cuando se fija en el director más que en los actores, lo normal es que acuda a las páginas de los suplementos culturales en busca de orientación sobre títulos indispensables y tendencias recientes. Para evitarse sorpresas desagradables y horas de aburrimiento conviene familiarizarse con los gustos particulares de los críticos “serios” que ahí publican, los carlosbonfiles y los nelsoncarros, para así conocer sus prejuicios. Tal vez el más importante sea que cuando ellos hablan de “buen cine” no lo hacen en términos de calidad sino de moral.

Una constante en el trabajo de estos señores es que Hollywood, y el cine comercial en general, viene siendo “el enemigo malo”. No porque sea de baja calidad, en el sentido de estar mal actuado o editado, sino porque supuestamente engaña a la gente, distrayéndola de los problemas sociales y evitando que se organicen para exigir reformas o para hacer la revolución, dependiendo del grado de radicalismo del crítico. Los marxistas, por ejemplo, tienen la costumbre de hacer ejercicios de autocrítica donde siempre acaban echándole la culpa a los medios de comunicación por el escaso interés que han manifestado los obreros por el socialismo. Otros, más cercanos al liberalismo tradicional, adoptan una postura humanista y se quejan de la ausencia en las pantallas de la gente humilde.

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Unos y otros le atribuyen al cine la capacidad de moldear las opiniones y puntos de vista del espectador promedio. Así, los teóricos del cine gay definen a las películas hollywoodenses como “heteronormativas”, porque según ellos la gente que las ve sale del cine convencida que la heterosexualidad es la única relación de pareja aceptable. Otros especialistas han señalado que la cosa es más complicada, que la gente que se emociona con las comedias románticas ya tiene sus propias ideas sobre ése y otros temas, que las personas no llegan a la taquilla con la mente en blanco y dispuestas a acatar las órdenes que les dan las películas. Pero en el medio predomina la idea de que el pueblo está inerme frente a la facultad hipnótica del cine.

El corolario de este razonamiento es que si la mayoría de las películas son de entretenimiento es porque así lo quieren los poderes fácticos, the powers that be, para mantener embrutecida a la población con historias falsas y manipuladoras. Por lo tanto el deber de los cineastas “conscientes” es hacer justamente lo contrario, para limitar el imperialismo cultural de Hollywood. En años recientes Carlos Reygadas se ha hecho de cierta fama con una serie de películas “en resistencia”, para usar los términos de moda. Su asistente de dirección en la cinta Batalla en el cielo fue el guanajuatense Amat Escalante, quien con Sangre, su primer largometraje, nos demuestra que para acceder a los festivales internacionales no se necesita una propuesta estética, basta con ceñirse a las ideas fijas de los jurados y la prensa especializada.

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Hollywood, dicen los adeptos al “buen cine”, seduce a las masas con fortachones de dentadura perfecta y rubias de categoría. Amat Escalante responde dándole el papel principal a un pobre diablo que es la antítesis de Brad Pitt. La cámara examina con fruición su panza de perro con lombrices, su ojo virolo y su cabellera en franca retirada. Por su parte, la mujer que interpreta a su esposa es la típica belleza mexicana: gorda, chaparra y prieta. El cine comercial, afirman los bienpensantes, fetichiza el acto sexual a la vez que lo escatima con una edición fragmentaria que impider apreciar la anatomía de las “estrellas”, dejando al pobre espectador en un estado de insatisfacción que lo hace más vulnerable. Escalante contraataca con una escena donde el matrimonio protagonista de Sangre se pone querendón: ella se encuera y se agacha sobre la mesita de la cocina, él llega por atrás y se la deja cayetano.

Lo anterior se exhibe con rigurosa cámara estática porque, dicen, la edición videoclipera de Hollywood aturde al público, dejándolo indefenso frente a la ideología capitalista. La respuesta es hacer películas donde la cámara no se mueve nunca y cada toma dura al menos diez minutos, sin importar que los actores anden por otro lado o que la imagen esté desenfocada. En este rubro Escalante cumple a medias. Hay varias escenas donde se ajusta a los preceptos del “buen cine”, por ejemplo cuando el protagonista está comiendo en la cocina y se levanta para contestar el teléfono, mientras se oye la conversación el encuadre se mantiene sobre la torta mordida. En otro momento vemos a la esposa en el autobús, junto con otras personas, y sólo nos enteramos que los acompaña una payasita callejera porque se oyen sus chistes (“¿cómo se dice beso en árabe?”) provenientes del espacio fuera de cuadro. Sin embargo, hay otras escenas donde Escalante sucumbe a la tentación del lenguaje cinematográfico comercial, con planos de detalle (cuando el repartidor de lee la mano a la esposa) o respetando las líneas de la mirada (cuando el protagonista le ve el culo a la secre empinada).

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Sangre es más consistente en su diseño de producción. Aunque la acción transcurre en Guanajuato no hay el menor indicio de la arquitectura característica de esa ciudad, sólo se alcanza a vislumbrar una plaza desde la puerta del edificio de gobierno donde labora el personaje principal. El resto del tiempo los personajes se la pasan confinados en un huacal de interés social y si salen a la calle es únicamente para pararse enfrente de un zaguán oxidado o una pared grafiteada. La vida interior de los personajes es igual de escueta. Mientras que el cine comercial dispone de todo un arsenal para explicarnos lo que sus protagonistas piensan y sienten la película de Escalante rechaza toda aclaración. No hay música extradiegética (ajena a la narración), ni monólogos explicativos o voz en off que le hagan el paro a los improvisados actores. Hay una chava que recita sus diálogos con el mismo sonsonete que usan los niños de primaria cuando los ponen a declamar la Suave patria. Los adeptos al “buen cine” dirán que esto es síntoma de autenticidad.

En el cine comercial el héroe siempre tiene un objetivo claro y los medios para alcanzarlo, algo que según los adherentes al “buen cine” genera en el espectador una imagen falsa de libertad individual, imposible en el opresivo sistema capitalista que padecemos. Por eso los más de ochenta minutos de la película de Escalante se pierden en interminables escenas de pachorra conyugal, con los protagonistas viendo una telenovela o desayunando huevos revueltos. Toman decisiones y actúan en consecuencia, pero sus motivos siempre son un misterio, culminando en una secuencia que recuerda demasiado a Los olvidados y que desemboca, por supuesto, en un final abierto. Como la gente que sale en pantalla además de fea es inexpresiva, como si estuvieran tallados en piedra, se puede argumentar que los personajes sufren bajo el peso de aquellos traumas atávicos inventados por la sociología instantánea de hace cincuenta años: que si el mito y magia del mexicano, que si la fenomenología del relajo, que si la Chingada…

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El problema con una película como Sangre es que si uno no se traga eso de que Hollywood es la puta de Babilonia entonces no hay forma de encontrarle connotaciones heroicas a algo que está filmado con las patas, donde no pasa nada ni se intuye siquiera qué quiso decir el director, con actores sin presencia y una dirección de arte que se limita a mostrar objetos de uso cotidiano sin el menor sentido estético. Es lo que pasa cuando a alguien se le ocurre hacer una película con la vaga intención de “enseñar lo que normalmente no vas al cine a ver” y nada más, algo muy diferente a lo que hacían Bresson o Buñuel, a quienes Escalante dice admirar. Para esos directores, y para tantos otros que han elaborado obras maestras en oposición al modelo narrativo imperante, desde Fassbinder hasta Greenaway, pasando por Lynch, Resnais o Herzog, el rechazo hacia Hollywood ha sido tan sólo el punto de partida, no el destino.

Trailer de Sangre:

SANGRE
Dirección, guión y edición: Amat Escalante; Producción: Amat Escalante, Jaime Romandia; Fotografía: Alex Fenton; Elenco: Cirilo Recio Dávila (Diego), Claudia Orozco (Karina), Laura Saldaña Quintero (Blanca), Martha Preciado (Martita)
México, 2005, 87 min.

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9 Comments

  1. **UN FAN de hueso colorado ovaciona de pie**

  2. Muy buen escrito. Yo de Amat Escalante sólo he visto los bastardos, y por lo que leo aquí tal parece que ha evolucionado un poquito: al menos en los bastardos puedes adivinar lo que quizo decir, aunque sigue aferrado al tedio y la pasividad en la cámara, los personajes siguen siendo piedras inexpresivas y todo lo demás que comentas.

    Que se aplique y haga una película de zombis. Su elección de actores es la indicada.

    • Yo todavía no veo Los Bastardos justamente porque primero quería checar su obra previa para ver si en su segunda película había mejorado en algo. Por comentarios como el tuyo parece que sí aunque la verdad es que tampoco se necesita demasiado para superar a Sangre.

      La reseña de Los Bastardos estará en línea en un par de semanas, que es lo que voy a tardar en desintoxicarme con una dieta de Sam Raimi, Jackie Chan y Christy Canyon.

  3. Hola. Me gustaría saber donde se exhibe la película,o como consigo para poder verla.

    • Como bien dice Alberto, la obra de Escalante es fácil de conseguir gracias a la fama de su colaborador Reygadas. Yo sólo te recomendaría que antes de verla le dieras una repasada a las películas de Bresson que sirvieron de modelo para Sangre, según confesión del director. Cuando veas obras maestras como Pickpocket, Un condenado a muerte se escapa o El diario de un cura de campaña seguramente entenderás por qué las de Escalante me parecen tan malas. Eso sí, para verlas tendrás que recurrir a sitios como Videodromo o Film Club Café, o incluso acudir con los señores con pata de palo, parche en el ojo y cara de malo, porque no se han editado en DVD en México.

  4. Sangre ya se editó desde hace tiempo en DVD y es sencillo topartela a la renta o a la venta a un precio demasiado accesible.

  5. Buen artículo y mejor éste ultimo comentario, para mi en años recientes sobra lo derivativo como en este caso Amat Escalante que quiere impresionar a quien no conoce a Bresson o a los cineastas europeos de quienes hace copia, igual reygadas, que dice admirar a Tarkovski cuyo cine es muy honesto aunque dificil de digerir, y reygadas se esfuerza por hacerlo igual, y resulta deshonesto, en años recientes se esta viendo mucho esto, como slumdog millionaire que fascina a todos los que no conocen el cine de la India,si las películas de éstos dos autores son aburridas es por que son forzadas, y no esforzadas y con sentimiento como las de sus influencias

  6. Pues yo he visto las dos de Escalante y las de Reygadas en su totalidad y debo confesar que considero a Andrei Tarkovsky como uno de mis 4 directores consentidos, básico muy a nivel espiritual en mis estudios y mi carrera como escritor y realizador que ya va despegando.

    “Sangre” me gustó sobre todo por el tono pesimista de su historia y como consigue una atmósfera sórdida de la cotideanidad, esa descidia de los personajes por una situación límite, en el caso de “Los Bastardos” encontré tambien esas mismas virtudes con la ventaja de que es mucho más ágil en su planteamiento, además ese climax (producto de un accidente y como consecuencia de las circunstancias) me pareció sumamente impactante, un escopetazo en la cara tanto del espectador gringo como del mexicano, además de una muy buena dosis de humor negro que me gustó porque proviene de la identificación dirécta del espectador con la manera de ser, pensar y hablar del mexicano y eso es lo que, si lo razonamos más a fondo, resulta aterrador; para conseguir este resultado me parece muy buena la selección de los actores (que recordemos, son gente común, no actores).

    Creo mucho más en Escalante como un director prometedor, que ha estado aflojando la mano conforme avanza su filmogrqafía, que en Reygadas, la verdad es que Japón y Batalla en el Cielo prometían mucho pero cuando terminé de verlas las odié profundamente, muchas cosas me parecieron francamente sacadas de la manga, gratuitas y pésimamente realizadas, hechas simplemente por el afán de ver que guarrada era la que funcionaba mejor y funcionó!!! ahí estan todos los premios, no obstante debo decir que cuando Reygadas se deja de provocaciones gratuitas y se entrega a la historia en cuerpo y alma consigue una maravilla como Luz Silenciosa que me hace de verdad esperarar muchas cosas de él.

    Ahora bien, me parece que las influencias siempre deben de ser bien asimiladas para que no parezcan refritos, este es un enorme riesgo para los directores que están empezando un camino y creo que ahí es donde la mayoría, debo decir de nosotros porque tambien escribo y realizo, tronamos como ejotes, dejarnos llevar por la influencia y no obedecer a la historia. En el caso de Escalante (y tal vez mucho más de Reygadas) aprecio de verdad el uso del plano secuencia, pero siento que abusan de él y esto acaba por darle en la torre a la historia, además, si de hacer cosas al estilo de Tarkovsky se trata, cuando él usaba el plano secuencia era para mostrar algo verdaderamente importante dentro de la historia (recuerdo la larga secuencia de todos los objetos en el agua de Stalker en el que cada uno nos dice cosas diferentes, la maravillosa secuencia de la vela encendida llevada a través de la piscina en Nostálgia, ese demencial va y ven de la casa en llamas al árbol y del árbol a la casa de Sacrificio, etc.) y no como en el caso de nuestros colegas mexicanos donde no pasa absolutamente nada trascendente y además lo que se ve en la toma es de una fealdad aplastante, incluso en el caso de la escena inicial de Luz Silenciosa con todo y la enorme belleza que tiene, no hace avanzar la historia ni dice nada de los personajes, funciona solo como una efectiva decoración.

    Soyadmirador del cine de Escalante, me parece muy inteligente,auténticamente subversivo, caso raro en los cineastas mexicanos, pero debo de decir que ya es hora de abstenernos de las etiquetas, ese larguisimo plano secuencia en el inicio de “Los Bastardos” y muchos momentos de “Sangre” la verdad están de más ¿que tal si les aporta más sustancia, de esa que trae en las entrañas en la proxima? la verdad me gustaría verlo. Voy a seguir muy de cerca su cine, vale mucho la pena.

  7. Orale, muy buena critica!!