Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Madame Satá (Madame Satã)

madame_sata01Por José Luis Ortega Torres

La oferta de cine internacional en la televisión abierta es poco menos que deleznable. Blockbusters yanquis de hace cuatro o cinco veranos aparecen por las señales de los canales 5 y 7 como “grandes estrenos” cuando todo mundo ya las ha visto, primero en cine y, de no haber sido así, en modestas copias de a 10 varos. Después se eternizan en la programación dominguera que las repite hasta el hartazgo (¿Alguien lleva la cuenta de cuántas veces han repetido, por ejemplo, Van Helsing o Sopa de gemelas?) y así, convirtiendo ese vicio programático en una tortura sin fin.

De no ser por los canales culturales 11 y 22  hacen un esfuerzo por presentar cine de diferentes latitudes del mundo y variopintos ejes temáticos y propuestas formales, sin hacer mucho del patrocinio del tiempo aire comercial -por su condición de subsidiadas por instituciones oficiales-, el público cinéfago que de vez en cuando busca una buena película en la tele, estaría condenado sin remedio a los más lamentables reality shows de fin de semana.

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Lo anterior viene a colación por que en este mes de agosto canal 22 estará exhibiendo Madame Satã, la sorprendente ópera prima del brasileño Karim Ainouz, coproducción con Francia que originalmente pisó tierras nacionales por vía de la Muestra Internacional de Cine realizada en Cineteca Nacional por allá del invierno del 2003 y que a la postre recorrería con mucho éxito varios festivales internacionales.

En Madame Satã lo que priva en el discurso es la defensa de las convicciones personales y, como consecuencia, un rechazo sistemático a las normas sociales establecidas. Haciendo uso de un estilo sucio, de cámara en mano, con algunos planos fuera de foco y diseño de producción feísta que cumple con el objetivo de crear una atmósfera sórdida, asfixiante y claustrofóbica; el director debutante presenta el entorno natural de João Francisco dos Santos, personaje extraído de la vida real de los suburbios del Río de Janeiro de los años treinta, y que pasó a formar parte de la iconografía popular de todo Brasil con su personalidad adoptada de Madame Satã.

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Durante su vida entera, João vivió en los barrios más miserables y peligrosos de Río de Janeiro haciendo de la prostitución, el robo y la violencia su modus vivendi. Portaba con orgullo su condición de homosexual sin reprimirse de serlo, pero nunca dando rienda suelta a una vida de depravación y amaneramiento, como su compañero de estafas -nunca su amante- Tabu. João, aun en medio de la barbarie cotidiana y de ser un excelente peleador era, paradójicamente, un alma sensible, un hombre capaz de amar y entregar su corazón a un joven que le impactó a primera vista.

La vida, inclusive para João, merece vivirse por el simple hecho de consumar un sueño, y el suyo es triunfar en los escenarios con un espectáculo de canto y baile que le permitiera explayarse ante el público mostrándole su verdadero rostro: el de una dama de la noche del espectáculo carioca y no el del malandro de las favelas que lucha para sobrevivir. Sin embargo, su trayectoria hacia la fama popular no tuvo su primera parada en las tablas, sino tras las rejas. Tras de su estancia en la cárcel monta un espectáculo de revista musical en un miserable club llamado el Danubio Azul, donde travestido en una mulata de fuego, da rienda suelta a toda su pasión, a toda la violencia, frustración e ilusiones que guarda en su ser. Ahí, en ese tugurio pestilente, habría de nacer la hoy mítica Madame Satã, que años más tarde llegaría a ser coronada Reina del Carnaval de Río de Janeiro.

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La puesta en escena, técnicamente hablando, no tiene desperdicio. Es una grata sorpresa que en su bautizo Ainouz logre armar una caligrafía fílmica que se convierte en el complemento perfecto para una historia descarnada, y aun cuando ya anotamos el ambiente lóbrego que monta, es de agradecerse que jamás se distancie de su personaje central, perfilándolo en todo momento y a pesar de su entorno, como un joven entrañable.

La película inicia con un plano medio de un João golpeado, abatido y falto de esperanza, acompañado por una voz en off que nos indica los crímenes y depravaciones de los que la sociedad bien pensante lo acusa, pero con el recorrido de la historia y una vez conocidas sus motivaciones personales, nos podemos dar cuenta que todo es meramente circunstancial.

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Karim Ainouz pone el dedo en la llaga y aporta con su Madame Satã una película capaz de levantar ámpula sobre el discurso de las consecuencias en el individuo de las taras sociales, pero sin caer en el burdo melodrama reedificante. João, como personaje real, es producto de su entorno y consciente de ello se dispone a defender hasta las últimas consecuencias lo que es, sus sentimientos, pasiones y ante todo, sus convicciones. Siempre a contracorriente de lo políticamente correcto y socialmente bien visto.

MADAME SATÁ

(Madame Satã)

Dirección: Karim Ainouz; Guión: Karim Ainouz, Marcelo Gomes, Sérgio Machado y Mauricio Zacharias; Producción: Marc Beauchamps, Isabel Diegues, Vincent Maraval, Mauricio Andrade Ramos, Donald Ranvaud, Juliette Renaud, Walter Salles; Fotografía: Walter Carvalho; Música: Sacha Amback y Marcos Suzano Edición: Isabela Monteiro de Castro Con: Lázaro Ramos (João Francisco dos Santos / Madame Satã), Marcelia Cartaxo (Laurita), Flavio Bauraqui (Tabu), Fellipe Marques (Renatinho), Renata Sorrah (Vitória), Emiliano Queiroz (Amador), Giovana Barbosa (Firmina)

Brasil – Francia, 2002.     105 min.

Participaciones: Festival Internacional de Cine de Chicago -Premio Hugo de Oro a Mejor Película-, Estados Unidos 2002; Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana -Premio Especial del Jurado a Mejor Ópera Prima y Premio a Mejor Dirección de Arte-, Cuba 2002; Festival de Cine Latinoamericano de Huelva -Premio Colón de Oro a Mejor Película y Premios Colón de Plata a Mejor Actor (L. Ramos) y Mejor Fotografía-, España 2002; Festival Internacional de Cine de São Paulo -Premio Especial del Jurado al actor Lázaro Ramos-, Brasil 2002; Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires -Mención Especial a la Fotografía y Nominación a Mejor Película-, Argentina 2003; Festival Internacional de Cine de Estambul -Nominación al Premio Tulipán de oro a Mejor Película-, Turquía 2003; Festival de Cine Latinoamericano de Lima -Premios a Mejor Actor (L. Ramos) y Mejor Fotografía-, Perú 2003; Festival Internacional de Cine de Amor -Premio a Mejor Actor (L. Ramos) y Premio Kodak- Mons, Bélgica 2003; Festival de Cine y Video Lésbico y Gay “Inside Out” -Premio de la Audiencia a Mejor Película- Toronto, Canadá 2003; Gran Premio del Cine Brasileño en las categorías de Mejor Actor (L. Ramos), Mejor Actriz (M. Cartaxo), Mejor Dirección de Arte, Mejor Diseño de Vestuario y Mejor Maquillaje, Academia Brasileña de Cine 2003; Festival Internacional de Cine de Cartagena -Nominación a Mejor Película-, Colombia 2004; Premio Glitter a Mejor Película Extranjera, Entrega de Premios de la Asociación Internacional de Festivales Independientes Lésbico y Gay de los Estados Unidos, 2004.

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