Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Elefante (Elephant)

elephant00Por José Luis Ortega Torres

Para cualquier adolescente en plena edad de la punzada, las mejores diversiones deben de venir acompañadas del quebranto a las normas establecidas. Aburrimiento, desilusión, soledad, desamor. Una de éstas frustraciones -o varias a la vez- puede ser la causa de cualquier exceso y, por lo regular, se ven erróneamente sublimadas por medio del alcoholismo, drogadicción, sexualidad desenfrenada y en los casos extremos, por el atentado hacia la propia vida -anorexia, automutilación, suicidio- o, en el peor de los casos, contra la ajena.

Lo dramático de esta situación es cuando de algunos casos aislados se pasa a una pandemia, que no es otra cosa que la sintomatología de un trauma social, producto de una escasez de valores que desembocan ya no en pérdidas individuales, sino en crímenes colectivos. Gus Van Sant, el polémico cineasta originario de Kentucky, presenta en Elefante (2003), una muestra tan natural como dramática de lo anterior.

Ganadora de la Palma de Oro a mejor película y el premio a mejor director en el Festival de Cannes del 2003, Elephant gira alrededor de un hecho sangriento que tiene lugar al interior de una típica high school estadounidense poblada por chicos comunes y corrientes, quienes son presentados a lo largo de la historia -escrita por el propio Van Sant- en pequeños capítulos titulados con los nombres de pila de cada uno de ellos.

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Por medio de cada uno de estos breves episodios y aun cuando sus personajes no están burdamente estereotipados -como es costumbre en las comedias teen de chamacos calenturientos-, sí deja ver a los individuos tradicionales que pululan por cualquier preparatoria. Ahí están los deportistas exitosos, la apocada bibliotecaria, las reinas de belleza prestas para ir de compras al salir de clases, el joven artista de la fotografía y otros tantos que ven pasar cada día con el sopor clásico de cualquier día de clases.

Pero, cómo es natural dentro de un grupo heterogéneo, también están dispersos por ahí los jóvenes que pasan inadvertidos para todos. Aquellos que son objetos de burla de sus propios compañeros, e incluso, chivos expiatorios de los mismos profesores. Estudiantes que crecen desubicados por no contar ni siquiera en su hogar con la atención mínima que les ayude a formar un criterio y que serán etiquetados para toda su vida académica con el cruel adjetivo de loosers.

Para Gus Van Sant, dentro de su ficción, estos perdedores son Alex (Alex Frost) y Eric (Eric Duelen); para el mundo real son Dylan Keblod y Eric Harris, el par de estudiantes que en abril de 1999 cimbraron no sólo a la sociedad de los Estados Unidos, sino al mundo, por ser los jóvenes que asesinaron a mansalva a sus compañeros y maestros en la tristemente célebre preparatoria de Columbine, Colorado, suceso que ya el provocador Michael Moore se encargó de documentar en su extraordinaria Masacre en Columbine (2002).

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Aun cuando en los créditos finales de la cinta se puede leer la consabida frase de que “cualquier parecido con situaciones y personajes reales es mera coincidencia” queda bastante claro que el director retoma no sólo el caso de Columbine -aunque es el más obvio- sino varios más, donde el desquiciamiento de una sociedad enferma de sangre y violencia trae como consecuencia directa que cualquier niño resentido con la vida compre por Internet un arma de fuego y se decida a utilizarla en la cafetería de la escuela como si se tratara de una resortera por el simple hecho de ponerle sabor a un día insípido, o por tomar venganza sobre quienes lo han ignorado.

Con Elefante y a partir de ésta, el cine de Gus Van Sant decidió olvidar el esquemático modelo de cine comercial que tan nimios resultados artísticos y profesionales le dejaron títulos que hoy, en retrospectiva, resultan francamente olvidables, como su “aleccionadora” Mente indomable (1997), la inútil repetición del clásico Psicosis (1998) y la bastante hueca Descubriendo a Forrester (2000), para retomar el camino del cine más personal y arriesgado, aquél que le valió un lugar de prestigio dentro de los cineastas independientes yanquis gracias a pequeñas joyitas como Drugstore Cowboy (1989), Mi camino de sueños (1991) o Todo por un sueño (1995), obras con las que temática y estéticamente se conecta su paquidermo, y que a la postre cerraría círculos con una magistral Paranoid Park (2007).

Construida con base en largos planos secuencia que se dedican a seguir a cada uno de los personajes en cuestión -interpretados por estudiantes reales, prescindiendo casi en su totalidad de actores profesionales- el director juega con el espacio y el tiempo dentro de este filme de una manera elemental, pero harto eficiente, logrando con ello un efecto doble. Primero, al seguir a cualquiera de sus chicos por los largos pasillos de la escuela -mediante el uso de la steadycam- fortalece la sensación de vacío y desubicuidad de algunos de ellos, presas de un perpetuo deambular por caminos que parecen no conducir a ningún lado.

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Después, echa mano del pasado inmediato de algunos, como un recurso de contraste entre cada uno, que aun dentro de su cotidianeidad, presentan diferentes intereses individuales, para que al momento en que la tragedia está a punto de ocurrir, corran de manera paralela las acciones in situ de todos, incluso repitiendo hasta tres veces la misma escena desde distintos puntos de vista, retratando de manera casi documental cómo es que cada uno de ellos habrá de ser sorprendido.

Así, la high school, una institución todo protectora que se supone debe garantizar los valores sobre los que se sustenta el american way of life, se convierte en una sucursal del infierno, por medio de la cual, Van Sant construye un inquietante microcosmos donde se refleja la polución de una sociedad entera, dando paso a la única cultura que es capaz de construir y perpetuar la nación más poderosa del mundo: la del miedo.

Este Elefante es justamente eso, la alegoría de un “elefante blanco” -aunque el título se basa en un documental de la BBC sobre los brotes de violencia en Irlanda-, una quimera donde voltear la mirada en busca de falsos paliativos para las turbias conciencias e incluso cerrar los ojos e ignorar una aguda problemática, puede ser la solución menos comprometedora.

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Por esta cinta Van Sant fue acusado de irresponsable, cuando lo único que hizo fue presentar una de las muchas aristas de una nebulosa carencia de valores, cuya raíz no nace de un par de adolescentes y la solución no está en considerarlos dementes, de hecho, la consciente frialdad con que planean el ataque es demoledora y bastante alejada de cualquier rasgo de locura.

En todo caso, cerrar los ojos puede ser la opción menos incómoda para varios de los sectores más oficialmente hipócritas de la crítica estadounidense y del público en general, porque Elefante es la bofetada que confirmó la decadencia de todo un sistema político, social y económico que a dos años de iniciado el periodo de George W. Bush en la presidencia yanqui, se mostraba ya en franco declive.

ELEFANTE

(Elephant)

Dirección, Guión y Edición: Gus Van Sant; Producción: Dany Wolf; Fotografía: Harris Savides; Con: Alex Frost (Alex), Eric Deulen (Eric), John Robinson (John McFarland), Elias McConnell (Elias), Jordan Taylor (Jordan), Carrie Finklea (Carrie), Nicole George (Nicole)

Estados Unidos, 2003  -  81 min.

Participaciones: Festival de Cine de Cannes -Palma de Oro a Mejor Película, Premio a Mejor Director y Premio de Cine del Sistema Nacional Francés de Educación-, Francia 2003; Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, República Checa 2003; Festival de Cine de Telluride, Estados Unidos 2003; Festival Internacional de Cine de Toronto, Canadá 2003; Festival de Cine de Hamburgo, Alemania 2003; Festival Internacional de Cine de Helsinki, Finlandia 2003; Festival Internacional de Cine de Vancouver, Canadá 2003; Festival de Cine de Varsovia, Polonia 2003; Festival de Cine de Nueva York, Estados Unidos 2003; Festival Internacional de Cine de Bergen, Noruega 2003; Festival Internacional de Cine de Viena [Vienale], Austria 2003; Festival Internacional de Cine de Tesalónica, Grecia 2003; Festival Internacional de Cine de Oslo, Noruega 2003; Festival Internacional de Cine de Róterdam, Holanda 2004; Festival NatFilm. Copenhague,  Århus y Odense, Dinamarca 2004; Festival Internacional de Cine de Hong Kong 2004; BAFICI. Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires, Argentina 2004; Festival Internacional de Cine de Moscú, Rusia 2004.

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3 Comments

  1. Recién soy, lectora de la revista.me gusta quiero saber de buen cine. Pero deso saber como puede una tener acceso a la películas.

    • Saludos!

      Bueno, en el caso de Elephant, te comento que se encuentra editada formalmente en DVD. Sí vives en la ciudad de México puedes encontrar ésta y una gran variedad de películas originales y nuevas a precios muy baratos en las bodegas que se encuentran en el Eje Central Lazaro Cárdenas (metro Salto del Agua, línea 1). Para las opciones que aun no se encuentran editadas en nuestro país no queda más remedio que acudir a los “piratas del asfalto”, de preferencia los de Lagunilla y Tepito.

      En cine, te recomiendo que estés al pendiente de los ciclos y muestras que se exhiben en el Centro Cultural Universitario, en CU, además de Cineteca Nacional. Más alternos, un buen de cineclubes que aquí mismo recomendamos, como los del Cineclub-Adicción de la UACM y el Noctambulante de nuestros amigos de Pánico de Masas, por eso checa también nuestra sección de EVENTOS.

      CHAU!

  2. Hola. Gracias por la información. Y seguro que me daré a ala tarea, de buscar en donde me dices.

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