Revista Cinefagia

revistacinefagia.com

En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Presagio (Knowing)

knowing-posterPor: Marco González Ambriz

Título alternativo: Predestinación contra Libre Albedrío para Dummies.

Para mí esta es una de las decepciones del año. Cintas como Ciudad en Tinieblas, El Cuervo y Yo, Robot (Garage Days no se estrenó en México) me habían convencido que Alex Proyas era una garantía de calidad en cuanto a la puesta en imágenes, el uso de la música y el manejo del tono adecuado para las historias de fantasía y ciencia ficción, sin burlarse del material pero tampoco cayendo en la trampa de sentirse filósofo. Los guiones de sus trabajos anteriores, sin ser nada el otro mundo, eran sólidos, lo que le permitía al director concentrarse en el aspecto visual y ofrecer así un espectáculo más que aceptable. Todo eso quedó atrás con Presagio, la obra donde Proyas muestra el cobre: quiere ponerse profundo y nos sale con una pavorosa batea de babas.

En casos como éste siempre queda el recurso de echarle la culpa a los productores, quienes según el folklore cinematográfico no tienen otra misión en la vida que hacerle la vida de cuadritos a los directores visionarios, importunándolos con insignificantes cuestiones económicas de millones de dólares o forzándolos a darle el papel principal a su amante en turno, en lugar de dárselo a la pareja del propio director. Al hablar de Presagio ni siquiera se puede hacer eso para que Proyas salga mejor librado porque uno de los productores del bodrio es… el mismo Alex Proyas. A él hay que hacer responsable de seleccionar un guión construido a base de clichés, donde la escasa experiencia de sus cinco autores se manifiesta en cada parlamento y giro de la trama.

No hay mejor ejemplo de la falta de imaginación de los guionistas -Ryne Douglas Pearson, Juliet Snowden, Stiles White, Stuart Hazeldine y, sí, Alex Proyas- que la presentación del héroe. Tras un enigmático prólogo, de rigor en este tipo de dramas sobrenaturales, conocemos a John Koestler, un astrofísico de M.I.T. (el Massachusetts Institute of Technology, uno de los establecimientos científicos más prestigiosos del mundo) que, como ya es costumbre siempre que Hollywood decide poner a un científico como centro de la historia, está aquejado por una serie de problemas familiares -esposa muerta en un incendio, relación tirante con su único hijo, relación aún más distante con su padre (sacerdote, para más señas)- de perentoria resolución en los últimos diez minutos de la cinta.

knowing-1

Se trata de abordar temas religiosos o filosóficos desde la perspectiva de un hombre común y corriente, aunque para ello se tengan que establecer paralelos absurdos entre un padre sobreprotector y la civilización occidental. De pasada, como no queriendo, Presagio reitera la tonta hipótesis de que la única razón por la que un hombre sensato podría alejarse de la religión es una tragedia familiar, igual que en Signs de M. Night Shyamalan. Antes de producir una película donde el héroe sea ateo Hollywood prefiere estrenar, con bombo y platillo, una biopic que reivindique la figura de Hitler, negando el Holocausto y tal vez mencionando que el único error de Bigotito fue no ofrecerle Sudamérica a los gringos para que lo dejaran en paz mientras exterminaba a los rusos.

Nicolas Cage interpreta a John Koestler con la misma técnica que usó en sus diez películas anteriores, que consiste en poner la jeta de pobre diablo que le sirviera adecuadamente en El Sol de Cada Mañana (Gore Verbinski, 2005) pero que reduce a sus otros personajes a un gesto que está entre “me duele la panza” y “dejé los frijoles en la lumbre”. Tal vez la cara de niño regañado que trae John Koestler se deba a que trabaja como investigador en uno de los establecimientos científicos más prestigiosos del mundo pero da unas clases como de maestro de primaria de Oaxaca. En una escena lo vemos explicándole a sus alumnos de posgrado la cuestión del destino y la libre elección con los más avanzados métodos pedagógicos (“ahí viene un navío, navío cargado de…”), poniendo como ejemplo la distancia entre la Tierra y el Sol como ejemplo de la posible planeación divina del universo (aunque cualquier alumno de posgrado le diría que su argumento es teleológico), hasta llegar a una chapucera conclusión (“shit just happens”).

knowing-2

Mediante una serie de circunstancias que no relataré aquí para evitarme una úlcera, John descubre que los números en apariencia aleatorios que vienen escritos en un papel en realidad contienen datos precisos sobre las peores catástrofes que han atribulado a la humanidad en los últimos cincuenta años… y las que faltan. ¡Oh! Y ahora, ¿quién podrá ayudarnos? El tetazo de John, por supuesto, quien encuentra que los números se dividen en secuencias, una de las cuales indica la fecha de la catástrofe y la otra quién sabe. Bueno, en verdad es más que obvio que la segunda secuencia debe señalar el lugar de cada tragedia, sólo que a nuestro héroe casi tiene que caerle encima un avión para que entienda que son coordenadas de latitud y longitud (¿este güey es científico?). Más adelante hay otra escena igual de ridícula donde John concluye que la siguiente catástrofe será un ataque terrorista. ¿Cómo lo sabe? Porque en las noticias del día anterior mencionaron algo sobre unos terroristas. ¡Sherlock Holmes, muérete de envidia!

Me van a decir que le estoy pidiendo peras al olmo porque los guionistas de Hollywood no conocen la diferencia entre un cosmólogo y un cosmetólogo. Puede ser, aunque la culpa la tienen ellos por idear una historia que además de ilógica es aburrida. Otras películas igual de absurdas se desarrollan a un ritmo vertiginoso y es sólo hasta que uno sale del cine que empieza a sospechar que los productores le acaban de tomar el pelo. En Presagio, en cambio, hay una pretensión de realismo que da al traste con el entretenimiento. Lo que es peor, esto deja a Alex Proyas atado de manos, incapaz de ofrecer su acostumbrada magia visual. Quitando el desenlace fantacientífico-religioso-cómico-musical y algunas vistosas escenas de desastre el resto lo podría haber firmado cualquier destajista hollywoodense: McG, Brett Ratner, Rob Cohen, Joel Schumacher… Para cualquiera de ellos podría considerarse un logro hacer una película que postula la existencia de unos entes misteriosos que pueden atravesar el cosmos pero que necesitan un coche para visitar la casa de los Koestler en las afueras de Boston. Un director tan estimable como Proyas difícilmente puede sentirse orgulloso de haber filmado Presagio, una cinta que, siendo benévolo, apenas puede considerarse un adelanto de 2012, el inminente bodrio de Roland Emmerich.

Trailer de Presagio (Knowing):

PRESAGIO
(Knowing)
Dirección: Alex Proyas; Guión: Ryne Douglas Pearson, Juliet Snowden, Stiles White; Producción: Todd Black, Jason Blumenthal, Alex Proyas, Steve Tisch; Fotografía: Simon Duggan; Música: Marco Beltrami; Edición: Richard Learoyd; Elenco: Nicolas Cage (John Koestler), Chandler Canterbury (Caleb Koestler), Rose Byrne (Diana), Lara Robinson (Abby / Lucinda), D.G. Maloney (el desconocido), Nadia Townsend (Grace), Alan Hopgood (Reverendo Koestler)
Estados Unidos – Inglaterra, 2009, 121 min.

Tagged as: , , ,

2 Comments

  1. Estoy casi de acuerdo contigo, excepto que a mi me parece que Nicholas Cage actúa más decente que en sus 5 cintas anteriores, por el simple hecho de que aquí no sobreactúa… tanto. Además hay que darle mérito a Proyas al -¡Por fin!- hacer una película hollywoodense donde el final no es feliz y hace sentido con la historia. Yo sí quiero ver 2012, estoy seguro que será la mar de divertida.

  2. Jajajajaja, excelente. :D

Leave a Response