Por José Luis Ortega Torres

absurd_cartelCuando uno se enfrenta a una película gore ochentera cuyo título internacional es Absurd, pero que en realidad se trata de una explotación italiana de nombre Rosso sangue y que, para mayor gracia, recibió en México el título de Maldición satánica cuando se estrenó en cine [1] (en videocasete conservó el de Absurdo) las expectativas no pueden ser muy altas. Sin embargo, a uno le gustan estos subproductos porque, si bien están realizados a golpe de planos secuencias, close up de cabezas parlantes e historias tremendistas, es decir, todos los tópicos del cine de Arturo Ripstein, por lo menos el exploited sí entretiene y causa cierta risa.

Producida y dirigida por el habitual maquilero porno-zombie- Joe D’Amato bajo uno de sus 58 pseudónimos distintos -no es broma, pueden contarlos en su ficha de imdb- y escrita y ¿actuada? por Luigi Montefiori, bajo su más característico nick de George Eastman, -este sólo tiene 14 akas- Absurd es una película que en su título internacional lleva el estigma. Cabe mencionar que se hizo el esfuerzo necesario por presentarla como una segunda parte de Antropophagus / The Grim Repaer (muy conocida entre los cinéfagos de habla hispana por el título ibérico de Gomia. Terror en el mar Egeo), clásico del gore más salvaje que por vía de explícitas escenas de canibalismo nauseabundo -exquisita escena de embarazada destripada y su fetito comido vivo- le dio al tándem D’Amato-Eastman la fama internacional y el ingreso instantáneo en las antologías del cine que, en palabras de Marco González Ambriz, “…tu mamá no te dejaba ver.”

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Carátula mexicana del videocasete Beta

En Antropophagus un grupo de jóvenes de paseo en una isla griega eran atacados por Nikos Karamanlis, un hombre desquiciado que se los quería jambar a todos y que en esta segunda parte, por alguna razón que desconocemos, ha llegado a una villa en algún lugar de quien sabe donde, para sembrar el pánico por el simple gusto de hacerlo. Tras de él -literalmente- un sacerdote hará su aparición para darle cacería.

Aún cuando en la cinta se mencionan explícitamente los hechos que ocurrieron en aquella isla, el nombre del monstruo es cambiado por el de Mikos Stenopolis, al fin y qué, igual y nadie lo nota. El inicio de Absurd nos presenta el único logro del director, haciendo que una sosa secuencia de persecución entre Mikos y el cura se monte con un plano detalle de unas manos juveniles trazando círculos con un compás sobre un cuaderno de dibujo. La corretiza avanza sin mucha acción hasta que, en un intento por huir, el villano se quede clavado por el estómago en una reja que intentaba saltar. Los golpes alertan a una joven que se encuentra en la cocina de esa mansión con un niño que al abrir, se topa de frente a Mikos con las tripas entre sus manos.

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Dentro, una bella jovencita parapléjica es mostrada tendida en su cama mientras dibuja: son de ellas las manos que vimos al inicio. El suspense está más que claro: el impresionante villano -Eastman medía casi dos metros de estatura y su condición física era bastante fornida- tendrá una víctima a modo para el resto de la película. Hasta aquí  el mayor logro de Absurd.

Filmada con una impericia propia de un novato, la película es una sucesión de planos generales y rostros del desquiciado Mikos, del angustiado sacerdote, del incrédulo policía o de sus bellas víctimas porque, como en toda buena explotation del país de la bota, las bellas deben de aparecer aunque sea para cubrir el simple deseo sádico/voyeurista de verlas morir de manera cruel sin que nadie corra en su auxilio -lección que tan bien aprendió y reciclo el género en los Estados Unidos.

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Absurd, en sus poco más de 90 minutos, intenta parecer un producto de serie B gringa, aunque cada fotograma exude “italianidad” por todos lados: el gusto por la sangre a chorros, vísceras de puerco -porque siempre se ha asegurado que el chancho era el animal favorito de los productores- saliendo de cavidades que se pretenden humanas, rock tecno italiano en deuda con las partituras más psicodélico-progresivas de Il balleto di bronzo o Biglietto per l’inferno y, para mayor desgracia, su cínico intento de ser “americanas” a la fuerza, por vía de tomar como pretexto de reunión entre unos adultos trajeados -con sus esposas vestidas casi como si fuera fiesta de coctel- para ver un  superbowl entre los Acereros y los Cargadores mientras degustan sendos platos de espagueti ahogados en salsa de tomate. ¿Así o más Absurd?

Ahora bien, todo esto que sin duda son errores formales y de discurso (si es que existe alguno), se convierten en los basamentos que los cinéfagos goremaníacos sin remilgos -ni poses de intelectualoide de cafetería condechi- disfrutamos justamente por ser honestos en su intento de hacerse de un montón de billetes sin pretensiones artístico-autorales-festivaleras; películas que más que ser vehículo de taquilla se destinan a los fans de pizza, cerveza y video en casa dispuestos a gozar de un rato de evasión mental.

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Si no, de qué otra forma podrían ser concebibles milagros dignos de la canonización del bizarro Mikos al hacer, por su sola y amenazadora presencia, que la bella postpuberta Katia  olvidara que tiene una lesión en la espina dorsal y se levantara de la cama para salvar al mocoso de marras que, en vez de correr por ayuda como le suplica la enfermera Emily, se regrese a la casa sólo para ser correteado a 8 km/h por el frankensteiniano caníbal quien, al no poder capturarlo, se desquita con la linda sanitaria, que terminará sus días con el rostro horneado a fuego lento.

¡Ah! Claro, el villano… lo olvidaba, por si a alguien le interesa, si bien nunca se sabe como diablos salió de la isla griega, sí se detalla que es producto de una serie de experimentos que han hecho que su sangre se coagule a velocidad inhumana, pretexto, me temo, para justificar que se coma a sus víctimas -aunque de hecho no se jamba a ninguna, pues a todos las mata y deja olvidadas en el camino. Por cierto, mencionar que entre éstas se encuentra en calidad de extra  un joven Michele Soavi, año después director de La Chiesa y Dellamorte Dellamore, a quien ya trataremos en un futuro no muy lejano.

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Dado su extraño comportamiento coagulatorio, es casi invencible, por lo que destripamientos y balazos no le hacen ni cosquillas, así  que la única forma de acabar con este remedo de terminator, es matar su cerebro, excusa para presentarnos un fascinante final donde la bella, como en toda fábula que se precie, terminará con la bestia; aunque sea por vía de salvajes hachazos, conservando para sí el trofeo de supervivencia y, con paso seguro, pero mirada perdida, se presente ante sus atónitos padres, hermano y policía que, para variar, han llegado al final de la función.

NOTAS

1. Se estrenó en la ciudad de México el 25 de junio de 1982 y, según la Cartelera cinematográfica 1980 – 1989 de Ayala Blanco, se mantuvo ocho semanas en exhibición, dato que inequívocamente nos demuestra una vez más que el morbo vende muy bien.

MALDICIÓN SATÁNICA

(Absurd / Rosso sangue)

Dirección: Peter Newton (aka Joe D’Amato) Guión: John Cart (aka George Eastman); Producción: Joe D’Amato, Donatella Donati; Fotografía: Richard Haller (aka Joe D’Amato) Música: Carlo María Cordio; Edición: George Morley; Con: George Eastman (Mikos Stenopolis), Annie Belle (Emily), Charles Borromel (sargento Ben Engleman), Katya Berger (Katia Bennet), Kasimir Berger (Willy Bennett); Edmund Purdom (el sacerdote)

Italia, 1981.     96 min.

Participaciones: Festival de Cine Pesadillas de Rávena, Italia 2006