Revista Cinefagia

revistacinefagia.com

En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Harry Potter y el Misterio del Príncipe (Harry Potter and the Half-Blood Prince)

Por Marco González Ambriz

harry-potter-6-posterA estas alturas algún estudiante de posgrado ya debe estar trabajando en una tesis de doctorado sobre las adaptaciones cinematográficas de Harry Potter y lo que nos dicen sobre los diferentes enfoques narrativos entre las novelas y los largometrajes. Hay mucho que estudiar sobre el particular, dada la enorme popularidad de los libros y el éxito económico de las películas, pero desde mi punto de vista lo más interesante del tema es que ilustra muchas de las limitaciones narrativas del cine, que según muchos teóricos es un arte cuya función primordial es contar historias.

En este sentido las primeras dos películas no le aportarán mucho material a ese hipotético estudioso. Más allá de las típicas artimañas que utilizan los guionistas para sintetizar un libro que rebasa los límites de un largometraje tampoco había mucho que hace: se eliminaban las escenas que no eran cruciales, se incluían algunos diálogos explicativos para avanzar la trama y con eso bastaba. A partir del tercer libro, que es cuando Rowling tuvo la libertad para incluir más detalles del universo donde transcurren las aventuras de Harry Potter, la cosa se le empezó a complicar a los responsables de hacer las versiones cinematográficas. Me parece que el principal atractivo de los libros, lo que los separa de tantas otras historias fantásticas que enfrentan la virtud y la maldad, era justamente la riqueza de situaciones y personajes creados por la escritora, los detalles de la vida cotidiana en la escuela de Hogwarts y la caracterización de sus habitantes.

Mal podía esto avenirse con las necesidades de un blockbuster. Ya de por sí era difícil narrar la vida interior de Harry Potter en las películas. El monólogo interno que es una herramienta básica para que un novelista nos deje entrever la psicología de sus protagonistas en el cine sólo puede recrearse con la voz en off o con diálogos donde el involucrado se ponga a recitar en voz alta sus más recónditos sentimientos, recursos que deben usarse con moderación para no caer en el ridículo. Y si a esto le añadimos la necesidad de resumir una gran cantidad de eventos entrelazados, donde participan literalmente docenas de personajes, entonces se entiende que las adaptaciones con frecuencia hayan dejado insatisfechos a los lectores de las novelas y un tanto confundidos a todos los demás.

Harry Potter and the Half-Blood Prince

La cuarta película se enfocó tanto en el Torneo de los Tres Magos que echó por la borda casi todo lo demás: durante más o menos una hora nos la pasábamos viendo una serie de efectos especiales con poco sentido dramático, culminando con la escena del dragón. A partir de entonces la cinta tomaba un ritmo más pausado para contarnos sobre el Baile de Navidad, lo que daba pie a una serie de problemas sentimentales, y cuando empezábamos a interesarnos en esto la película nos traía de vuelta a las dos pruebas faltantes del Torneo hasta desembocar en el regreso de Voldemort, una vez más con un ritmo demasiado acelerado, donde por momentos se tenía la sensación de estar viendo la versión abreviada de la historia. Algunos personajes que en la novela tenían una personalidad más o menos definida, como Fleur Delacour, en la película no decían esta boca es mía.

Lo que más se echaba en falta en la cuarta cinta era el sentido del humor de los libros, algo que nunca ha dejado de estar presente en las novelas incluso en las partes más sombrías. La quinta película representó una mejora en varios sentidos. Se le dio más importancia a la vida escolar de Hogwarts, se insistió en la importancia que la familia tenía para Harry, se dejó ver el conflicto entre Dumbledore y el Ministerio de Magia, Dolores Umbridge fue una antagonista tan memorable en la pantalla como lo había sido en el papel. No obstante, el extenso volumen de Rowling sufrió bastante para convertirse en una película de poco más de dos horas.

Simplemente había muchas cosas que contar y muy poco tiempo para hacerlo, por lo que los espectadores no familiarizados con las novelas tendrían motivos para preguntarse por qué nadie le creía a Harry cuando afirmaba que Voldemort había regresado si al final de la cinta anterior se había capturado con vida a Barty Crouch Jr., quien fuera secuaz del villano e inmejorable testigo sobre su retorno. Esto es algo que en los libros sí tiene una explicación, pero así como éste había muchos detalles que podían dejar estupefacto a más de uno. Sólo poniendo mucha atención a cada línea de diálogo podía el público seguir un relato demasiado enredado, sin subtramas dignas de ser mencionadas y con una caracterización que estaba siempre al servicio de la trama: los personajes casi siempre abrían la boca para transmitir información indispensable para hacer avanzar el argumento y de ahí nos íbamos a toda prisa a la escena siguiente.

Harry Potter and the Half-Blood Prince (#6)

En esta premura por ir del punto A al B se perdía el equilibrio entre magia y rutina escolar que son una de las marcas de fábrica de las novelas, lo que a primera vista semeja un universo maravilloso donde todo es posible poco a poco se revela como un sitio donde predominan los mismos vicios que en el mundo real: las luchas de poder al interior del Ministerio de Magia, el racismo de Umbridge, el egoísmo y la crueldad de Voldemort. Conforme se pasa de una novela a la siguiente el mundo de Harry Potter se parece cada vez más al nuestro. En los libros Rowling nos hace entender lo que está en juego tomándose el tiempo necesario para desarrollar la amistad entre Harry, Ron y Hermione, teniendo como trasfondo la vida escolar de Hogwarts.

En las películas anteriores solía predominar lo dramático sobre lo cotidiano, las secuencias de acción y los efectos especiales apartaban la narración de lo que era más importante para el protagonista. Se corría el riesgo de reducir las películas a otra trivial fábula sobre el bien y el mal, donde Harry Potter y Voldemort deben enfrentarse porque Harry es bueno, Voldemort es malo y eso es todo. Para llevar Harry Potter and the Half-Blood Prince a la pantalla el guionista Steve Kloves, responsable de todas las películas con excepción de La Orden del Fénix, eliminó una gran parte del material que viene en el libro para dedicarse a contar los líos amorosos de Harry y sus amigos, complementados con un par de subtramas donde aprendemos más sobre el pasado de Voldemort, así como la misión que éste le encomendó a Draco Malfoy.

Dejando a un lado los aullidos de protesta de los fanáticos de Harry Potter que esperan que las películas sean transcripciones de las novelas, algo que por supuesto no va a suceder y que ellos ya deberían haber entendido después de tantos años, hay que reconocer que Harry Potter y el Misterio del Príncipe es la versión cinematográfica más satisfactoria desde El Prisionero de Azkaban, principalmente porque es la más orgánica. El ritmo acelerado de las dos cintas anteriores finalmente le da paso a una historia donde cada escena tiene la duración precisa. Ahora los diálogos fluyen naturalmente y no son sólo alusiones a los libros. Supongo que a muchas personas les sorprenderá que se le dedique tanto tiempo a los problemas sentimentales de Harry y sus amigos pero la decisión de Kloves me parece acertada. Para los protagonistas esta es la última oportunidad que tienen de llevar una vida normal antes de arriesgarlo todo en la búsqueda de los Horrocruxes, en lo que serán las dos últimas películas de la saga (correspondientes al último libro).

Harry Potter and the Half-Blood Prince (#6)

Por primera vez desde la tercera película vemos un juego de Quidditch y también acompañamos a los protagonistas en sus clases en Hogwarts, algo que en los libros siempre fue importante pero que en las adaptaciones se había perdido. Además Kloves recupera objetos como el Mapa del Merodeador o la Capa de Invisibilidad, que no desempeñan un papel crucial en El Misterio del Príncipe pero sí crean un vínculo más firme entre esta cinta y las anteriores. Algunos críticos se han quejado de que personajes como Hagrid o Flitwick tienen una participación fugaz, algo que se origina en los libros. A cambio Kloves le devuelve a Severus Snape la relevancia que perdiera en las dos cintas anteriores, particularmente en la última, donde la escena del Pensadero fue reemplazada for un flashback demasiado breve y que sólo podía ser interpretado por quienes ya habían leído la novela.

Más allá de los engranajes del guión, los artefactos y personajes que se entrecruzan para llegar a la confrontación final entre Harry Potter y Voldemort, El Misterio del Príncipe recupera el sentido del humor que en las dos películas anteriores sólo se manifestaba mediante las bromas de los gemelos Weasley. Hay ratos donde se olvida la historia del bien y el mal para contarnos algo que parece una teen movie, una comedia romántica donde hay un triángulo amoroso entre Ron, Hermione y Lavender Brown y por otra parte está la atracción entre Harry y Ginny. Una forma fácil de separar a los críticos de cine que conocen las novelas de aquellos que se están basando únicamente en las películas es su reacción ante estas secuencias. Los que desconocen las novelas y suponen que Rowling le dedicó siete libros a contar la batalla entre Harry Potter y Voldemort han expresado su impaciencia con este enfoque, supuestamente porque le quita seriedad a la película.

Los que sí nos tomamos la molestia de leer las novelas, aunque sea solamente porque son las más leídas de la historia, ya sabemos que Rowling manejó a lo largo de toda la obra un equilibrio entre misterio, fantasía, humor y dramatismo. Al darle mayor peso a la parte sentimental Kloves le permite a los jóvenes actores algo que casi no habían hecho en las entregas anteriores: actuar. Los que antes veíamos un contraste notable entre los veteranos consagrados (Maggie Smith, Alan Rickman, Michael Gambon) y sus contrapartes juveniles por fin podemos entender por qué estos últimos fueron seleccionados. Radcliffe, Watson y Grint están más afianzados en sus papeles de lo que habían dejado entrever en las películas previas, algo que en buena parte se debía a las prisas por cubrir los acontecimientos de las novelas. Ahora, mucho más relajados, pueden explorar facetas de sus personajes que antes se habían quedado esbozadas. Lo mismo va para Tom Felton, cuya interpretación de Draco Malfoy había sido bastante gris y que aquí recrea al adolescente atormentado de la novela. La mayor revelación del elenco es Bonnie Wright, quien no había tenido mucho que hacer en el papel de Ginny Weasley y que manifiesta las cualidades que Harry describe en una conversación con Ron. Evanna Lynch sigue siendo una excelente Luna Lovegood.

Harry Potter and the Half-Blood Prince (#6)

La adaptación no es perfecta. Al parecer se eliminó una escena con Rufus Scrimgeour (lo interpretará Bill Nighy en las cintas restantes) que habría proporcionado una mejor idea sobre el caos provocado por Voldemort y al desechar varios recuerdos de Tom Riddle quedan cabos sueltos que tendrán que solucionarse en las dos últimas películas, en especial lo concerniente a la diadema. Más grave es la decisión de inventarse una escena de acción a media película en la que un par de Death Eaters (eso de Mortífagos suena horrible, prefiero el nombre que les pusieron en la traducción italiana: Mangiamorte) atacan la Madriguera, algo que Kloves se sacó de la manga para meter algo espectacular y evitar así que cierto sector del público, el que esperaba una exhibición de efectos especiales, perdiera la paciencia. Lo más extraño es que si querían impresionar podían haber recreado la pelea en Hogwarts con la que cierra el libro, en la adaptación los Death Eaters penetran en el castillo tras meses de planeación y luego se van sin hacer gran cosa. Otro defecto es que el momento donde se revela la identidad del Príncipe carece de peso dramático, si al final Harry descubriera que el autor de los hechizos que él había usado era en realidad la enfermera Pomfrey o Romilda Vane sería lo mismo. En todo caso son fallas menores.

Algún día se hará una adaptación de la saga de Harry Potter en el formato de una serie de televisión y entonces sí se podrán llevar a la pantalla todos los detalles que hacen que las novelas sean entretenidas. Al limitar cada libro a escasas dos horas y media de proyección (que parece demasiado pero sólo porque estamos acostumbrados a menos, en Bollywood lo normal son tres horas) los guionistas se han visto forzados a hacer un trabajo de zurcido invisible no siempre bien logrado. Entre todas las opciones que tenía Steve Kloves optó por privilegiar el romance y dejar que las subtramas conecten la película con el resto de la serie, contando con la complicidad del director David Yates, responsable también de la cinta anterior y de las dos que faltan. Ambos debían saber que al hacer su versión de la historia, en lugar de calcar o resumir los libros, se enfrentarían al rechazo de los fans y la incomprensión de muchos críticos. Afortunadamente se atrevieron a hacerlo y lograron la mejor película de Harry Potter hasta la fecha. Ahora sólo resta esperar que las que faltan mantengan el mismo nivel de calidad.

Trailer de Harry Potter y el Misterio del Príncipe:

HARRY POTTER Y EL MISTERIO DEL PRÍNCIPE
(Harry Potter and the Half-Blood Prince)
Dirección: David Yates; Guión: Steve Kloves, basado en la novela de J.K. Rowling; Producción: David Barron, David Heyman; Fotografía: Bruno Delbonnel; Música: Nicholas Hooper; Edición: Mark Day; Elenco: Daniel Radcliffe (Harry Potter), Michael Gambon (Albus Dumbledore), Jim Broadbent (Horace Slughorn), Bonnie Wright (Ginny Weasley), Emma Watson (Hermione Granger), Rupert Grint (Ron Weasley), Alan Rickman (Severus Snape), Jessie Cave (Lavender Brown), Freddie Stroma (Cormac McLaggen), Evanna Lynch (Luna Lovegood), Helena Bonham Carter (Bellatrix Lestrange)
Inglaterra – EE.UU., 2009, 153 min.

Tagged as: , , ,

Comments are closed.