Up. Una aventura de altura
Por José Luis Ortega Torres
Comenzar un texto sobre Up haciendo referencia a la larga y exitosa filmografía de Pixar sería, además de una necedad, un ejercicio de petulancia bastante inútil ¿Qué más da presumir de que ya vi todas y redundar en que cada una me han gustado en mayor o menor medida? Eso no nos lleva nada. Decir que Up es emotiva como todos los anteriores largometrajes de la factoría, que tiene un mensaje por demás educador y que con ésta sigue demostrando que se encuentra a años luz de sus competidoras tampoco nos lleva a nada concreto -infame, rayando en lo escatológico, trailer de Cloudy with a Chance of Meatballs, de Sony Pictures Animation-. Entonces ¿Para qué demonios dedicarle espacio y tiempo a escribir una nota que, de antemano, parece salir sobrando?
Bueno, quizás solamente para dejar en claro que, para manipular los sentimientos del espectador, nada resulta más emotivo que llegarle por el lado de los afectos perdidos. Así, los primeros veinte minutos de la película, una vez presentado el génesis del personaje principal en sus motivaciones infantiles y el acercamiento a su primer (y único) amor, se nos muestra en cascada la serie de emociones sentimentales que construyen toda una vida en pareja: amor, dolor, complicidad, ternura, solidaridad y así hasta llegar al momento más temido de la raza humana: la vejez y la soledad que ella trae consigo.
Porque mientras vemos el desarrollo de la pareja formada por Ellie y Carl Fredricksen, nos enteramos de que no han tenido hijos, de que han debido de sobrevivir con un empleo humilde y con el sueño eterno de cumplir un viaje a Sudamérica, a las inhóspitas tierras visitadas por el aventurero Charles Muntz, su héroe de la infancia; ilusión que terminó por perderse con el pesado andar de los años. Preámbulo, todo esto, para dejarnos ver, sin mayor disimulo, la disolución del matrimonio por vía de la muerte. Esto ha sido, a penas, el prólogo que nos lleva al verdadero desarrollo de la cinta.

Lo que Pixar nos entrega en este nuevo largometraje es la historia de un hombre que cree haberlo vivido todo y que, en el ocaso de su existencia, lo que menos podría soñar es una nueva aventura que le traiga algo de acción a sus crujientes huesos. El mensaje es claro: nunca es tarde para lograr las metas que se tienen pendientes. Estamos en el terreno de la lucha del hombre ante el paso del tiempo y la eventualidad del irrevocable destino.
El mensaje es triste: las personas de la tercera edad -en el mundo de Pixar, como en el real- no tienen cabida ante los embates de la modernidad que parece devorarlos al no preocuparse por darles la justa cabida que se merecen después de toda una vida de servicio y experiencia -perfectamente ejemplificado en la típica casa de madera de dos aguas resistiéndose a desaparecer devorada por el moderno complejo de edificios- y que, ante eso, es preferible salir a darle batalla a las nuevas situaciones presentadas, que dejarse morir en una casa de retiro.

Si ya Wall-E fue acusada de presentar un discurso eco-freak algo ñoño en plena era de calentamiento global, no faltará quien acuse a Up de ser chantajista y melodramática. Puede ser cierto, pero también lo es el hecho que detrás de cada una de las películas de esta compañía siempre se esconde un mensaje que no está dirigido solamente al público infantil, como en este caso, donde la amargura del desengaño al enfrentarse al verdadero rostro del ídolo de barro es proporcional al valor para enfrentarlo, cumpliendo finalmente con la promesa de toda una vida de amor y fe.
Pero seamos sinceros, la cinta resbala después de un inicio magnífico y así, lo que prometía ser un ejemplar motivo de lucha de un quijotesco anciano con su mini Sancho Panza (¿Acaso llevar a cuestas una casa movida por globos no puede ser comparado con los molinos de viento cervantinos?) a través de selváticos parajes se decanta, lamentablemente, por infantilismos que llevan a la película a los terrenos de la comedia estilo Plaza Sésamo: pajarracos multicolores y una inexplicable jauría de perros parlantes incluidos; además de una innecesaria -por inconsistente- subtrama de abandono infantil.

Quizá eso fue lo “estrictamente necesario” para mantener el nivel familiar de la cinta pues, de lo contrario, hubieran conseguido un ejemplar documento en animación 3D sobre la senectud y el valor que se necesita para afrontarla, mensaje que, no por trascendental, hubiera resultado atractivo para los enanos de la casa y sí, en cambio, muy revelador y amargo para sus padres, demasiado cercanos, tal vez, al umbral de esa fase final de la vida. Algo que, secretamente, nadie queremos enfrentar.
UP. UNA AVENTURA DE ALTURA
(Up)
Dirección: Pete Docter y Bob Peterson; Guión: Bob Peterson y Pete Docter, basados en un argumento original de ambos, junto con Thomas McCarthy; Producción: Jonas Rivera; Música: Michael Giacchino; Voces originales: Ed Asner (Carl Fredricksen), Christopher Plummer (Charles Muntz), Jordan Nagai (Rusell), Bob Peterson (Dug), Delroy Lindo (Beta), Elie Docter (Ellie, niña)
Estados Unidos, 2009. 96 min.
Participaciones: Festival de Cine de Cannes, Francia 2009 -Función inaugural-
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Linda y puntual nota mi estimado amigo Gore.
Mi hijo y yo la disfrutamos mucho. Diego no dejó de gesticular y de apretar con fuerza mi mano. Gritaba cada vez que veía que la vieja casa se maltrataba: “Oh no, la casa de Up. Qué vamos a hacer?!”. A mi me llegó a lo mas profundo de mi corázón. Mis ojos se cristalizarón un par de veces (este sentimiento me lo provoca todavía con la película de Cars). La gente (adolecentes y adultos) sollozaba tratando de que nadie se diera cuenta. Emotiva, muy emotiva película. Pixar definitivamente es garantía. Un fuerte abrazo.