8 Mujeres (8 Femmes)

Por: José Luis Ortega Torres

8mujeres01A sus casi 42 años de edad, el parisino François Ozon (15 de noviembre de 1967), dejó desde hace un buen tiempo de ser la joven promesa dentro de la escena cinematográfica francesa para convertirse en una sólida realidad, como bien lo ha podido constatar el público mexicano, pues cosa rara en nuestra agringada cartelera, hemos podido seguir su carrera de manera oportuna.

De él son Mirando al mar (mediometraje del ‘97), Sitcom. Comedia de familia (1998), Los amantes criminales (1998), Gotas de agua sobre piedras ardientes (1999), Bajo la arena (2000), 8 Mujeres (2001), Swimming Pool (2003), 5×2 (2004), Tiempo de vivir (2005); puñado de filmes que han podido ser vistos gracias a carteleras alternativas como las programadas por la Cineteca Nacional y la Filmoteca de la UNAM y que han tenido una buena repuesta por parte del público, que se ha mostrado satisfecho de la propuesta del cineasta galo,  quedando aún pendientes de ver en México Angel (2007) y Ricky (2009), presentada este año en el festival de Berlín.

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En cada una de sus cintas se puede apreciar una visión muy ácida sobre la condición humana y su relación con el sexo reprimido. Cada cinta y cada momento dentro de ellas así lo sugieren, siempre dejando abierta la puerta a una posibilidad que ya no tiene cabida dentro del metraje de sus filmes, es decir, privilegia al espectador al permitirle echar mano de su imaginación. De esta forma el prolífico geniecillo francés juega con su público y lo convierte en cómplice, haciendo de él un participante gozoso.

En su filme 8 Mujeres (8 Femmes) el director se permite elaborar una extravagancia donde igual caben muerte, traición, chantaje, seducción, represión, engaño, humor negro, música canto y baile. Pero ¿Cómo es que todos estos factores pueden conjuntarse en una sola anécdota y dentro de una misma película? Y lo que es más difícil, complementarse como un sólido engranaje que lleva a buen puerto un filme de aspectos tan disímbolos como lo son sus propias protagonistas, ocho de las más grandes actrices de todas las épocas del cine francés: Danielle Darrieux, Catherine Deneuve, Isabelle Huppert, Emmanuelle Béart, Fanny Ardant, Virginie Ledoyen, Ludivine Sagnier y Firmine Richard.

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Cada una representa por sí misma a la mujer, o por lo menos a un aspecto de ella y lo hacen no sólo con sobrada capacidad histriónica, sino también presentando cada una un número musical que las identifica y, por que no decirlo, estereotipa ¡ah! Porque olvidé anotarlo: entre todas las cosas, 8 Mujeres también es una película musical.

Una nevada mañana la virginal y tiernísima Suzon (Ledoyen) regresa del internado a la casa de su padre para pasar las vacaciones de invierno. Ahí es recibida sin mucha emoción por Gaby (Deneuve), su madre; contrariamente a la buena recepción de su abuela (Darrieux), su graciosa hermana menor Catherine (Sagnier), su neurótica tía Augustine (Huppert), la bonachona cocinera Madame Chanel (Richard) y la misteriosa mucama Louise (Beart), con quien de inmediato se establece una relación tirante.

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A los pocos minutos de su arribo, se descubre que justo en la víspera su padre ha sido asesinado y que están imposibilitadas de dar parte a las autoridades, pues las rejas de la mansión están selladas, el automóvil no funciona, el teléfono ha sido cortado y la nieve comienza a caer con fuerza. Estás y otras conclusiones llevan a pensar que una de las ahí presentes es la responsable del crimen, incluyendo a Pierrette (Ardant), la licenciosa hermana de su padre que, casualmente -o quizás no tanto-, también ha ido a parar a esa casa justamente en esa fatal mañana.

En 8 Mujeres tenemos una obra que sin ser un thriller de misterio roza las constantes de un universo literario propio de Agatha Christie, donde el lector -en este caso espectador- debe hilvanar la trama hasta descubrir a la homicida pues,  como es de esperarse, todas las presentes tienen sus motivos para haber asesinado al hombre. Pero dejar la cinta en este nivel sería simplificarla en demasía. François Ozon se encarga de matizarla con las constantes propias de su universo personal y que se estacionan en una sordidez extrema, relaciones tensas entre sus personajes y una fuerte carga de sexualidad abiertamente lésbica y fuertemente reprimida, pero siempre matizada de un finísmo humor negro.

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La película, basada en la obra teatral homónima de Robert Thomas, está filmada justamente a la manera de las tablas, partiendo de que la totalidad de la acción se enmarca en un sólo set -dentro de la mansión y principalmente en la estancia- y hasta podría decirse que se encuentra dividida en ocho actos, siendo cada uno de ellos el musical que presenta las personalidades y motivaciones de las mujeres, que se hilvanan adecuadamente con el sórdido discurso.

Sórdido, porque cada una de las integrantes del octeto femenino tiene mucho que esconder y sus secretos se descubrirán paulatinamente gracias a diálogos perdidos, señales, tics personales o enfrentamientos directos entre ellas, factores que hablan más de su oscura personalidad que toda la falsa apariencia que demuestran en grupo. De esta forma, cuando cada situación parece alcanzar los límites de la hipocresía, la falsa moral y el engaño, Ozon estira aun más el resorte de las bajas pasiones e inesperadamente da una nueva vuelta de tuerca al discurso, llevando al filme hasta el paroxismo absoluto. Claro que sin perder el estilo.

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Aunque, teniendo a estas ocho actrices, resultaría imposible perder el estilo. Ozon sabe que es un duelo de titanes y aun así le otorga a cada una de ellas la parte justa de la cinta para que ninguna sea opacada por otra, estabilizando así las fuerzas e identificándolas individualmente aun en los planos de conjunto, donde incluso los coloridos vestuarios de cada una funcionan como distintivos de su personalidad: pasteles para las jóvenes, ocres para la tía neurótica y rojos y verdes oscuros para las maduras y bellísimas Deneuve y Ardant, protagonistas estas dos de una escena cumbre de la película, teniendo como marco la alfombra de la estancia. Por si fuera poco, Ozon regala hermosas postales de cada una de las ocho en finos planos medios y close-ups para resaltar -aun más- el  señorío de las protagonistas en una historia cuyo fundo es cruel, pero seductoramente atractivo.

8 MUJERES

(8 Femmes)

Dirección: François Ozon;  Guión:  François Ozon y Marina de Van, basados en la obra de Robert Thomas; Producción: Olivier Delbosc, Marc Missionnier; Fotografía: Jeanne Lapoire; Música: Krishna Levy; Edición: Laurence Bawedin; Con: Danielle Darrieux (Mamy, la abuela), Catherine Deneuve (Gaby), Isabelle Huppert (Augustine), Emmanuelle Béart (Louise), Fanny Ardant (Pierrette), Virginie Ledoyen (Suzon), Ludivine Sagnier (Catherine), Firmine Richard (Madame Chanel), Dominique Lamure (Marcel, el marido)

Francia - Italia,  2001 .    111 min.

Participaciones: Festival Internacional de Cine de Berlín -Oso de Plata al Ensamble Actoral Femenino y Premio del Jurado del diario “Berliner Morgenpost”-, Alemania, 2002; Entrega de Premios al Cine Europeo -Premio a Mejor Actriz Para el Ensable Actoral Femenino-, Academia de Cine Europeo, 2002; Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, Argentina 2002; Festival Internacional de Cine de Toronto, Canadá 2002; Festival Internacional de Cine de Helsinki, Finlandia 2002; Festival de Cine de Edimburgo, Gran Bretaña 2002.

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1 Comentario

  1. José Luis

    La has definido bien: hay cierta crueldad aquí. Uno empieza ver este film con cierto dejo de languidez, va dejándose llevar por ese ritmo, para venirse a encontrar con que, lo en un principio parecía un Chick Flick très elegant y bien hecho, es en realidad una minuciosas disección de las miserias de estas guapas mujeres. A mi me sorprendió, como siempre, la capacidad camaleónica de Isabelle Hupert, “la señorita” conservadora que ocultaba a una mujer totalmente distinta. Muy buena.

    Saludos,

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