Vivo o Muerto / DOA: Dead or Alive
Por Marco González Ambriz

Como les digo siempre a mis amigas antes de bajarles los calzones: “no esperes maravillas y no saldrás decepcionada”. En el cine, igual que en mi cama, las bajas expectativas por lo general hacen que una experiencia insulsa se convierta en una diversión aceptable. Vivo o Muerto nos hace esperar lo peor por partida doble. Para empezar está basada en un videojuego. Quitando la excelente Silent Hill de Christophe Gans, las películas inspiradas en pixeles tienen un promedio de bateo mediocre: Doom, House of the Dead, la serie Resident Evil, Mortal Kombat, Lara Croft: Tomb Raider. Puro cascajo.
La segunda razón para acudir a Vivo o Muerto sólo como plan B es que su director forma parte de esa generación de cineastas oriundos de Hong Kong que revolucionaron el cine de acción de los 80 con su depurada estética del plomazo y el descontón, misma que no pudieron trasplantar a Hollywood cuando la ex-colonia británica pasó a manos de China continental en 1997 y ellos huyeron en manada. Muchos todavía estamos esperando que John Woo y Ringo Lam hagan realidad aquella promesa. Siendo justos, el éxodo hongkonés nos ha regalado alguna que otra joyita, entre las que cabe señalar Hard Target, del mismo John Woo, o El Transportador, de Cory Yuen, quien también dirige Vivo o Muerto.
Con un desparpajo que ya quisieran varios directores especializados en comedia (Tom Shadyac, el responsable de Evan Almighty, por mencionar sólo a uno), Yuen retoma la vieja trama del torneo de artes marciales para adaptar el videojuego, que no era más que una serie de duelos entre combatientes de distintas escuelas, y lo ubica en una isla tropical, para combinarlo con Dead or Alive Xtreme Beach Volleyball, una secuela del juego original que era apenas un pretexto para sacar en bikini a los personajes femeninos de la serie. Hay una subtrama donde uno de los participantes en el torneo investiga los siniestros móviles de su organizador -como en Operación Dragón- y de paso busca vengar la muerte de un camarada -como en Contacto Sangriento, American Samurai, etc.-; también hay otra donde un par de ladrones tratan de robar una fortuna; y otra más donde un nerd trata de conquistar a una rica -en más de un sentido- heredera.
Holly Valance y sus balones en Vivo o Muerto
Nada de eso importa porque Cory Yuen sabe que en las cintas de artes marciales la trama y el desarrollo de personajes son tan innecesarios como los diálogos en un video porno. En apenas 75 minutos el director tiene tiempo de sobra para contar todo lo que venía en el guión y además ofrecer un digno espectáculo de tangas, espadazos y patadas voladoras. Para ello Yuen se sirve de un estilo videoclipero, con cortes cada medio segundo, para coreografiar peleas en todo tipo de escenarios, valiéndose del arsenal técnico del cine contemporáneo, desde cámara lenta hasta tomas aéreas. Para que el ritmo nunca decaiga Yuen intercala la parte narrativa, such as it is, con los combates, de modo que nos enteramos de lo indispensable al mismo tiempo que nos divertimos con el movimiento y el colorido de los distintos enfrentamientos.
En base a lo anterior alguien podría suponer que Vivo o Muerto es como el pariente pobre de Los Ángeles de Charlie y que por lo tanto no vale la pena. Esto es erróneo por dos poderosas razones. La primera es el sentido del humor, que era forzado y sangrón en el blockbuster hollywoodense y aquí es más espontáneo. Mientras que Los Ángeles de Charlie trataba de suplir el ingenio gastando millonadas en disfraces y canciones de moda, Vivo o Muerto no cuenta con un presupuesto semejante y debe apoyarse únicamente en la creatividad, con resultados más tolerables.
Jaime Pressly en Vivo o Muerto
El otro factor que pone a Vivo o Muerto muy por encima de Los Ángeles de Charlie es el calibre de sus actrices. A diferencia del retazo con hueso de Cameron Diaz, Lucy Liu y Drew Barrymore aquí la carne es de primerísima calidad. Empezando por Jaime Pressly, cada vez más consolidada como actriz cómica a pesar de haber iniciado su carrera como mero atractivo visual en títulos como Poison Ivy: The New Seduction, pasando por la australiana Holly Valance y la canadiense Sarah Carter, hasta llegar a Devon Aoki, quien normalmente se ve más creepy que Chucky el Muñeco Diabólico pero que aquí luce bastante bien. Todas se caen de buenas y ese es mi principal motivo para recomendar una cinta en apariencia prescindible.
VIVO O MUERTO
(D.O.A.: Dead or Alive)
Dirección: Cory Yuen; Guión: J.F. Lawton, Adam Gross y Seth Gross, basado en el videojuego creado por Tomonobu Itagaki; Producción: Mark A. Altman, Paul W.S. Anderson, Jeremy Bolt, Bernd Eichinger, Robert Kulzer; Fotografía: Chi Ying Chan, Kwok-Man Kheung; Música: Junkie XL; Edición: Ka-Fai Cheung, Eddie Hamilton, Angie Lam; Elenco: Jaime Pressly (Tina Armstrong), Devon Aoki (Kasumi), Holly Valance (Christie Allen), Sarah Carter (Helena Douglas), Natassia Malthe (Ayane), Kane Kosugi (Ryu Hayabusa), Matthew Marsden (Max), Eric Roberts (Donovan), Brian White (Zack), Steve Howey (Weatherby)
EE.UU. – Alemania – Reino Unido, 2006, 87 min.
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Buena reseña. Honesta y nada pretenciosa.