Epidemia

outbreak-posterEsta debe ser una de las producciones más costosas que han abordado el tema de las enfermedades contagiosas y con toda seguridad es la más inútil. En sus eternos 127 minutos de duración no se encuentra una sola imagen memorable, tampoco hay una línea de diálogo que resulte ingeniosa o sorprendente, ni un giro en la trama que no pueda adivinarse desde la primera secuencia. Epidemia es un ejemplo de cómo Hollywood aborda problemas reales y les quita toda particularidad para que encajen en sus fórmulas comerciales, hasta obtener caros telefilmes que apenas se distinguen de los subproductos del Sci-Fi Channel por contar con la presencia de actores famosos.

Hay un breve prólogo que transcurre en un campamento de mercenarios en Zaire (¿y cómo sabemos que son mercenarios?, porque el director previamente los muestra tirando balazos a lo tonto y corriendo de acá para allá), el epicentro de una misteriosa epidemia que es visitado por dos médicos militares estadounidenses que prometen mandar ayuda. Los habitantes del campamento se muestran agradecidos hasta que se dan cuenta que dicha “ayuda” consiste en una bomba para borrarlos del mapa con todo y virus. De ahí pasamos a los créditos iniciales, mientras conocemos las instalaciones del United States Army Medical Research Institute for Infectious Diseases, los laboratorios donde el ejército yanqui desarrolla armas biológicas, mediante un plano secuencia que nos familariza con las medidas de seguridad necesarias para “estudiar” desde las enfermedades menos peligrosas (salmonella) hasta las más mortíferas (ebola, hanta). A continuación la película se entretiene contándonos los problemas sentimentales del Coronel Daniels (Dustin Hoffman), experto en plagas a cargo del sitio, quien tras su divorcio de la también epidemióloga Bobby Keough (¿Keough como “cough” (“toser” en inglés)?, ay, no ma…) sigue refiriéndose a ella como “mi esposa”.

Con estos antecedentes cualquier espectador con dos dedos de frente ya sabe que el conflicto central de la película será la busca de una cura para una enfermedad mortal que se ha propagado en alguna región de Estados Unidos y que el alto mando militar pondrá en marcha un plan para bombardear el lugar mientras el heroico Daniels lucha por descubrir un antídoto. A pesar de estar muy ocupado buscando la cura antes de que el ejército haga de las suyas el infalible Daniels tendrá tiempo de sobra para reconquistar a su ex-mujer, ya que para Hollywood no hay nada más grave que el divorcio. Para dejar constancia del cariño que los productores sienten por las razas inferiores el canonizable Daniels contará con la ayuda de un simpático negrito (Cuba Gooding Jr.). Como el virus no puede soltar carcajadas malévolas ni amarrar a Bobby Keough a las vías del tren también deberá haber un villano más tradicional. En este caso son dos, los generales Ford y McClintock, aunque como uno de ellos es interpretado por Morgan Freeman en realidad Ford será el malo-bueno, el que se arrepiente antes de que salga el letrerito de THE END, mientras que el malo-malo será un Donald Sutherland pasado de almidón.

outbreak-dustin-hoffmanDustin Hoffman haciendo el ridículo en Epidemia

Más interesante que su aburrida trama es lo que Epidemia tiene que decir sobre la percepción que el norteamericano promedio tiene de su gobierno y de sus fuerzas armadas, particularmente en la secuencia donde el CDC (siglas del Centers For Disease Control and Prevention) detecta un brote de la enfermedad en un pueblito de California y decreta una cuarentena. Resulta que el ejército gringo (más bien debería ser la Guardia Nacional pero ¿quién se fija en esas cosas?) llega tan rápidamente a la localidad de Cedar Creek que sus habitantes son sorprendidos en sus actividades cotidianas, sin sospechar nada fuera de lo normal hasta que notan que su pueblo ha sido rodeado por barricadas y soldados con máscaras antigas. Si recuerdan la tardía respuesta del gobierno de Estados Unidos ante tragedias recientes como el atentado contra las Torres Gemelas o el huracán Katrina comprenderán que el veloz despliegue del ejército norteamericano en Epidemia es pura fantasía. En esta y en otras cintas similares Hollywood retoma la fe que el ciudadano promedio de Estados Unidos tiene en la eficiencia de sus instituciones. Según el punto de vista expresado en cientos de películas el gobierno de Estados Unidos, y en especial el ejército, tienen recursos ilimitados para enfrentar cualquier crisis, y si no lo hacen es solamente por la ineptitud, perfidia o traición de unos cuantos funcionarios.

En realidad ningún gobierno, ni siquiera los del llamado Primer Mundo, tiene los medios para garantizar la seguridad de sus ciudadanos ante cualquier contingencia, llámese catástrofe natural o atentado terrorista, y esto vale la pena destacarlo porque incluso en México, donde nadie se hace ilusiones sobre la capacidad del Estado, han circulado en días recientes rumores en el sentido de que el gobierno “inventó” el virus AH1N1 para distraer a la población, reclutando a países tan disímbolos como Israel o Francia para que le sigan la corriente, o bien que está ocultando una realidad apocalíptica, con millones de infectados y miles de muertos, aunque para ello tuviera que mantener un férreo control sobre la prensa no sólo nacional sino internacional, por no decir nada de los teléfonos celulares y computadoras con acceso a internet en manos de la gente común y corriente. La contradicción entre ambas versiones no es una casualidad. Al contrario, es el motor mismo de toda teoría de la conspiración, donde sin importar los detalles siempre se postula que el gobierno, o ciertos sectores poderosos, se las ha ingeniado para manipular cientos de variables a su conveniencia y al mismo tiempo es tan descuidado que deja pistas por doquier para que cualquier hijo de vecino descubra la verdad.

outbreak-cuarentena

Me parece que esta actitud ambivalente ante el Estado es producto de la ignorancia. La población en general desconoce cómo es que el gobierno llegó a estar presente en tantas áreas de la vida moderna, desde la seguridad nacional -policía, ejército- hasta ámbitos más privados -medicina, cultura-, a pesar de que hay excelentes libros sobre el tema (p.ej. The Rise and Decline of the State, de Martin Van Creveld). Como se desconoce el proceso histórico de siglos que le permitió al Estado moderno abarcar la vida entera de sus ciudadanos, desde el nacimiento hasta la tumba, la gente suele ver al gobierno como una entidad eterna, una institución que ha existido con sus características actuales desde la noche de los tiempos y que cuenta con facultades casi divinas de vigilancia, prevención y reacción. Para la mayoría de la gente es inconcebible que sus gobernantes tengan que actuar en base a información incompleta, sin poder predecir las consecuencias de sus acciones y con un margen de maniobra limitado para responder ante nuevas circunstancias. No obstante, lo anterior describe el funcionamiento de todos los gobiernos del mundo.

Regresando al brote infeccioso en la localidad ficticia de Cedar Creek en Epidemia, para cuando el ejército llegara para tratar de implementar la cuarentena ya sería demasiado tarde. Inevitablemente habría personas de paso por el pueblo que sin saberlo se encargarían de transmitir la plaga a otras comunidades, además de aquellos habitantes que ante el riesgo de contagio optarían por huir del lugar sin importarles lo que los expertos hubiesen decidido. Por eso decía al principio que Epidemia es una cinta perfectamente inútil. Para hacerse una idea de lo que sucedería en caso de que se presentara una enfermedad altamente mortal y contagiosa en Estados Unidos hay que recurrir a las películas de bajo presupuesto, de terror o ciencia ficción, que además tienen la virtud de ser mucho más entretenidas.

EPIDEMIA
(Outbreak)
Dirección: Wolfgang Petersen; Guión: Laurence Dworet, Robert Roy Pool; Producción: Gail Katz, Arnold Kopelson, Wolfgang Petersen; Fotografía: Michael Ballhaus; Música: James Newton Howard; Edición: William Hoy, Lynzee Klingman, Stephen Rivkin, Neil Travis; Elenco: Dustin Hoffman (Coronel Sam Daniels), Morgan Freeman (General Billy Ford), Rene Russo (Robby Keough), Kevin Spacey (Mayor Casey Schuler), Cuba Gooding Jr. (Mayor Salt), Donald Sutherland (General Donald McClintock), Patrick Dempsey (Jimbo Scott)
EE.UU., 1995, 127 min.

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