Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

La frontera del miedo / Frontière(s)

Por José Luis Ortega Torres

frontiersQuerer llamar la atención por vía de cualquier método es uno de los grandes lastres del cine de terror contemporáneo. De ahí se deriva la nueva veta del extreme, ese cine que hereda el regusto sádico de filmes setenteros como The Last House on the Left, de Craven, la original Masacre en Texas o Eaten Alive, ambas de Tobe Hooper, en el sentido de ensuciar la imagen por medio de fotografías reventadas, filtrados en colores chillones y sobre todo presencia de violencia gráfica. No obstante, los jóvenes directores que han bebido de esas influencias se han olvidado de poner algo más en sus obras: un pilar argumentativo. Da la casualidad de que las obras antes citadas y varias más de gente como George A. Romero o Larry Cohen además de mostrar violencia y horror gráfico también supieron dotar a sus hoy icónicos filmes de discursos que si bien no se pueden erigir en textos sociológicos sí son, de menos, fuertes denuncias a un entorno social con el que no estaban de acuerdo.

Recordemos que el cine de terror es, por excelencia, el género más adecuado para levantar una voz de denuncia a través de las mil y un alegorías que nos pueden ofrecer las figuras monstruosas y situaciones límite que en él pueden desarrollarse. Claro que no es de esperarse que el total de las producciones terroríficas sean en sí mismas un alegato contra el establishment, porque seamos sinceros, resultarían terriblemente aburridas y reiterativas entre sí, resultando como consecuencia que la homogeneización de todas ellas las cortara por una baza de mediocridad estándar: sí todas fueran geniales, ninguna terminaría por ser sobresaliente.

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Así pues que lo interesante es encontrar ofertas tan descerebradas y al mismo tiempo divertidas como la comedia gore americana Slither (Criaturas rastreras, 2005), como filmes extreme europeos de la talla del remake de The Hills Have Eyes del francés Alexandre Ajá (muy mal llamada en México El despertar del diablo, como el Evil Dead de Raimi, pero eso es otro cuento), una renovación del clásico del multicitado Wes Craven que no sólo superó al filme original, sino que terminó por afianzar al cienasta galo –ya conocido por la retorcida Haute tension /El despertar del miedo- como uno de los nuevos valores a tomar en cuenta.

Sobre las virtudes estéticas y las reivindicaciones temáticas de la obra de Ajá no hablaremos ahora, pero, sirva dejarlas de manifiesto para dedicarnos a una película de un compatriota suyo, Xavier Gens, autor del cortometraje Au petit matin, elegido el mejor cortometraje del Festival de Cine Policíaco de Cognac, en Francia, y que con su ópera prima Frontière(s) (2007) tira por suelo las esperanzas que de él se hacían merced a su galardonado shortie.

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La frontera del miedo es un filme que busca sorprender a los más curtidos en el cine de terror y escandalizar a los que no están muy familiarizados con él. De ambos objetivos no consigue ninguno. De entrada es un filme desarticulado que inicia como un policiaco donde un grupo de jóvenes asaltantes escapan después de un atraco cargando con ellos a un herido grave, mientras que su hermana está embarazada del violento y frustrado líder de esta banda de inmigrantes de raíces árabes.

Primer síntoma de exploited barato: el atraco y escape se desarrollan teniendo como escenario el convulso París de hace un par de años cuando, las elecciones presidenciales dieron motivo a una serie de enfrentamientos entre seguidores de ambos partidos (conservador y extrema derecha) para lo cual se incluye material de aquellas violentas protestas, golpizas y autos quemados incluidos.

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Una vez muerto su compañero la huida es el único camino, por lo que se echan al camino hacia una campiña francesa que no es más que remedo de la América rural que aterrorizó a mediados de los setenta con Masacre en Texas y, lo peor de todo, es que no tiene empacho en plagiar no sólo el paisaje de fondo, sino también su premisa básica: una familia de asesinos caníbales asesinarán de cruel manera a cada uno de los miembros de la pandilla hasta que, al final, solamente sobreviva la mujer, no sin antes encararse al miedo más demencial y perder su identidad de persona civilizada para involucionar al mismo estado de salvajismo casi animal que el de cada uno de ellos. Ahí están, también, motivos anecdóticos como despojos de cadáveres colgando de ganchos de rastro, mandiles sangrados, un monstruoso carnicero que no es Cara de cuero, pero sirve pa’ lo mismo…

Para mayor bodrio: la familia en cuestión es un clan de neo-nazis que en su demencia busca, obviamente, la pureza de la raza. ¿Será ésta la excusa argumental para que las víctimas sean judíos y musulmanes y no, por ejemplo franceses blancos o algún ario que por ahí anduviera de vacaciones? Porque eso sí, Xavier Gens nunca brinda la oportunidad de que el espectador se identifique con los protagonistas y mucho menos logre tener empatía con alguno de ellos: los muestra criminales, violentos, ciudadanos de tercera en un país que se ha convertido en la nueva Babilonia para los emigrantes del Medio Oriente.

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Además, entre más gráfico, violento y humillante, mejor. Es el cine del paroxismo que no respeta la más mínima regla del suspense genérico y entrega, a cambio, poco más de hora y media de salvajadas engarzadas que, no por ser gráficamente gore, dejan de tornarse soporíferas. El impaciente espectador simplemente se ve orillado a preguntar ¿Qué sigue? Respuesta: Yasmine, la sobreviviente embarazada, sumergiéndose en el lodo y excremento de los cerdos que acompañan su celda; una idiotizada mujer secuestrada años atrás convertida en madre de criaturas deformes, un anciano disfrazado de Goebbels que muere de manera estúpida balaceado por sus propios hijos, miembros cercenados, cabezas estallando, explosiones de gas, émulas de Terminator que no se mueren ni a madrazos –literalmente- y eso sí, un final esperanzador donde una nueva vida nacerá… aunque uno no sabe muy bien cómo es que eso no terminó en aborto.

Si bien filmes como Hostal 1 y su secuela, ambas de Eli Roth (…y su anterior Cabin Fever) no terminan de convencerme justamente por la apología de una violencia sin sentido, es justo respetarles su estatus de pioneras –por lo menos dentro de una nueva generación- y por tanto válidas en su propuesta como cine extremo. La frontera del miedo es, en cambio, la gratuidad vuelta estupidez en su regodeante altanería por querer ser “una película bien gruesa”.

 

 

LA FRONTERA DEL MIEDO
(Frontière(s))

Dirección y Guión: Xavier Gens; Producción: Laurent Tolleron, Luc Besson, Eric Garoyan, Rodolphe Guglielmi, Bertrand Ledélézir, Noël Muracciole, Frederic Ovcaric, Teddy Percherancier; Fotografía: Laurent Barès; Música: Jean-Pierre Taieb; Edición: Carlo Rizzo; Con: Karina Testa (Yasmine), Aurélien Wiik (Alex), Patrick Ligardes (Karl), David Saracino (Tom), Maud Forget (Eva), Samuel Le Bihan (Goetz), Chems Dahmani (Farid); Amélie Daure (Klaudia), Estelle Lefébure (Gilberte), Adel Bencherif (Sami).

Francia / Suiza, 2007. 108 min.
Participaciones: Festival Internacional de Cine de Toronto, Canadá 2007; Festival Internacional de Cine de Cataluña – Sitges, España 2007; Semana Internacional de Cine Fantástico de Málaga, España 2007; Festival de Cine Fantástico de Gérardmer, Francia 2008; Festival Internacional de Cine Fantástico de Bruselas, Bélgica 2008; Festival de Cine Noches de Fantasía, Alemania 2008.

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1 Comment

  1. ¿Hostal es pionera? pero en gringolandia a lo mejor y no lo seria asi sino fuera por la saga Guinea Pig o Hombres detras del sol, pero bueno Frontiere(s) en su favor tiene una agil edicion y fotografia, de todo lo demas si es bastante derivativa o fotocopia de Masacre en texas y Deliverance por lo que no sorprende mucho debo decir, aun asi el cine frances de terror es de lo mejor que he visto en este nuevo milenio.

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