Alucinaciones del mal (Retribution / Sakebi)
Tal vez no sea lo más recomendable de su filmografía, pero “El Alarido” (traducción correcta de Sakebi, nada que ver con la Retribution de su título en inglés y mucho menos con las Alucinaciones del Mal que le endilgaron en México) es una muestra de cómo el director Kurosawa Kiyoshi sigue encontrando la forma de añadirle matices interesantes a las manoseadas fábulas de espectros vengativos. En este caso Kurosawa le dedica buena parte del metraje a una investigación policiaca sobre un posible asesino serial que ahoga a sus víctimas en agua salada, pesquisa que pronto conduce al detective Yoshioka a una presencia sobrenatural que actúa como catalizador de las muertes.

Desde Edipo Rey las historias de investigaciones criminales siempre han servido como metáfora de la búsqueda de la verdad en un sentido más amplio. Dos cintas recientes han explorado las consecuencias de meterse en ese berenjenal. La más conocida es Zodiaco, de David Fincher, pero la mejor es Crónica de un Asesino, del sudcoreano Bong Joon-ho. Es muy probable que Kurosawa Kiyoshi haya tenido en mente algo semejante para su regreso al género de terror, de la mano del productor Ichise Takashige, responsable de Ju-On y Ringu. En las antípodas de las gringaderas para chavitas who don’t know any better, tipo Noche de Graduación Sangrienta o Cuando un Extraño Llama, el cine japonés de horror puede permitirse cierta ambigüedad narrativa y temática, algo que pone muy nerviosos a los productores de Hollywood. Los directores japoneses que han trabajado en Estados Unidos (Shimizu Takashi con The Grudge, Nakata Hideo con The Ring 2) se han declarado sorprendidos por la insistencia de los norteamericanos en explicar cada aspecto de la trama, incluso cuando se trata de un relato sobrenatural.
De haberse filmado en Estados Unidos, el guión de Sakebi habría sido purgado de sus elementos más interesantes, empezando por la posible culpabilidad del detective Yoshioka (Yakusho Koji), encargado de la investigación y con una facilidad tan grande para encontrar pistas sobre el caso que hasta su compañero empieza a sospechar de él. Un productor de Hollywood jamás permitiría que el héroe de la historia pudiera ser un asesino serial, por mucho que Yoshioka afirme ser inocente. Durante buena parte del relato el director nos obliga a examinar con lupa cada gesto de Yoshioka, en busca de indicios sobre su participación en el asesinato de la mujer del vestido rojo. El espectador atento pronto notará que el mismo Yoshioka parece no estar seguro de tener las manos limpias, lo cual nos lleva a la segunda característica que nuestro hipotético productor hollywoodense rechazaría: el narrador poco confiable. Esto es algo común en el cine europeo y aun latinoamericano (vgr. Tropa de Elite) pero en Hollywood, donde se considera indispensable que el público pueda identificarse con el protagonista, sigue siendo anatema. En honor a la verdad, hay que decir que los ejecutivos de Hollywood conocen a su gente. Cuando los espectadores japoneses no entienden una película suponen que la culpa es de ellos por no poner la debida atención. El público gringo, incluyendo a muchos críticos de cine, prefiere pensar que la cinta debe ser mala.

Cuando comparé las dos versiones de Una Llamada Perdida, la original de Miike Takashi y la hollywoodense a cargo del francés Eric Valette, señalé que había una gran diferencia en la puesta en escena que reforzaba esta idea de que los gringos le rehúyen a la ambigüedad: Miike prefería los planos abiertos donde los actores con frecuencia le daban la espalda a la cámara mientras que Valette, pagando derecho de piso, se cuidaba mucho de mostrar a las estrellas en close-up y llevar al espectador de la mano a través del relato. En Sakebi Kurosawa Kiyoshi también privilegia los planos generales, a lo sumo con un travelling para acompañar a los personajes, como cuando Yokiosha y su compañero visitan la escena del primer crimen. Hay una larga escena, donde un sospechoso de ser el asesino serial es interrogado y de pronto se dirige a una persona que sólo él puede ver, que Kurosawa resuelve sin cortes. Esto le da un mayor realismo a las secuencias policiacas pero también hace más efectiva la aparición repentina del fantasma, quien además se anuncia con un aullido sobrehumano (de ahí el título japonés). El contraste entre el rojo encendido de su vestido y los grises edificios que habitan los otros personajes es otro detalle que marca una distancia entre este mundo y el de los muertos. La equivalencia entre los espejos y el agua como portal al más allá también le sirve a Kurosawa para abrir el espacio profílmico hacia atrás de la cámara, rompiendo así con lo estático del encuadre.
Me encantaría poder decir que el director mantiene este control a lo largo de toda la cinta pero hay un par de momentos donde la técnica le falla. Uno son las escenas donde los detectives y una sospechosa conducen sus autos, realizadas con deficientes efectos ópticos que nos remiten directamente a las pastillas de chiquitolina del Chapulín Colorado. No sé si esto fue intencional, ideado por Kurosawa para señalar un posible vínculo entre Yoshioka y la mujer, o producto de la tacañería de Ichise Takashige. El caso es que se ve horrible y nos saca de la película. Otro momento que rompe con la armonía del conjunto es cuando el detective Sakurai interrumpe el pleito entre Yoshioka y Miyaji para avisarles que ya identificaron a la primera víctima y Kurosawa mete una contratoma para que veamos la cara de Yakusho Koji, innecesaria dado que el lenguaje corporal del actor ya lo había dicho todo. Más grave es la forma en que el director retoma imágenes de sus trabajos anteriores. Por ejemplo, en la secuencia nocturna donde Yoshioka recibe una visita espectral en su departamento, Kurosawa logra una atmósfera convincente hasta que el fantasma empieza a caminar hacia la cámara, igual que su colega en Kairo. Kurosawa remacha el autoplagio con una imagen final que también está calcada de Kairo, sólo que aquí parece injustificada. A pesar de que contar con varios elementos a su favor, Sakebi ocupa un lugar bastante discreto en la filmografía de Kurosawa Kiyoshi.
ALUCINACIONES DEL MAL
(Sakebi / Retribution)
Dirección, Guión: Kurosawa Kiyoshi; Producción: Ichise Takashige; Fotografía: Ashizawa Akiko; Música: Haishima Kuniaki; Edición: Takahashi Nobuyuki; Elenco: Yakusho Koji (detective Yoshioka), Konishi Manami (Nimura Harue), Ihara Tsuyoshi (detective Miyaji), Hazuki Riona (mujer de rojo), Odagiri Jo (Dr. Takagi), Okunuki Kaoru (Yabe Mijuki), Nakamura Ikuji (Sakuma Shoichi)
Japón, 2006, 104 min.
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