Como lector de cómics, tengo una relación amor-odio con las adaptaciones que se hacen del noveno al séptimo arte. Es horrible tener que esperar años desde que se anuncia la realización del superproyecto hasta su estreno para después de verlo salir con la sensación de que pudo haber quedado mucho mejor si lo hubiera realizado un equipo creativo más competente.

Si hay algo que agradecerle a este año es que las versiones cinematográficas de nuestros tebeos favoritos han resultado ser gloriosas películas que en mucho han ayudado a divulgar el valor del cómic como medio de entretenimiento. De las personas que tuvieron su primer acercamiento a Iron Man por medio de la decente interpretación de Robert Downey Jr. y salieron satisfechas del cine, pocas negarán que les dio curiosidad conocer el cómic, por lo menos para saber que tan apegada fue la adaptación. Hulk, por otro lado, rememoró nuestra juventud frente al televisor donde disfrutábamos las desventuras de Bill Bixby y el terror de Lou Ferrigno, al mismo tiempo que expandió el horizonte de situaciones sobre el personaje para el público lego en cuestiones comiqueriles, demostrando que ese personaje es algo más que una versión verde de King Kong.

Ambas películas demuestran una cosa que ya he mencionado antes: si se respetan las ideas centrales a la hora de adaptarlas a otro medio, es casi seguro que la traslación será un éxito pues los fans de base agradecerán el respeto y el nuevo público entenderá por qué lleva tantos años publicándose con éxito. De manera contraria, cambien de golpe los elementos base y lo que tendrán será un superchurro… o tal vez la película más exitosa de todos los tiempos.

Realmente es difícil saber si el éxito de la nueva película de Batman se deba a méritos propios o al morbo de ver la última película de Heath Ledger. Es indudable que mejor publicidad que la muerte del actor no pudo tener la cinta y también es indudable que Ledger se despidió con una actuación lo bastante sólida como para ser recordado por ella, aunque siendo estrictos, lo que interpretó no es el Guasón. Pero de ello hablaremos más tarde, lo que nos atañe ahora es dilucidar si The Dark Night, El Caballero de la Noche es, por méritos propios, la mejor película de cómics jamás hecha.

Para poder aseverar esto último sería necesario obviar aspectos como la pobrísima actuación de Christian Bale, cuya impostación de la voz resulta increíble –en el sentido de que no se puede creer- y el hecho de que haya repetido las tomas varias veces es notorio en el cansancio de su voz (ahora dicen que fue alterada fonográficamente ¿Entonces como se explica que no sea uniforme a lo largo de toda la cinta?); también tendríamos que desdeñar las irrealidades del guión (vale, es una cinta de superhéroes, pero ¿Acaso la gente de ese “universo” ignora lo que sucede a su alrededor? ¿O son tan tontos como para mantener a un terrorista encerrado junto al tipo que tiene la llave de la celda?); o suprimir las concepciones de Batman y el Guasón que años de cómics nos han creado y aceptar estas nuevas versiones en las que el encapotado no es más que un mal necesario en una sociedad podrida y el príncipe payaso del crimen es la anarquía razonada. Justo lo contrario a lo que son en el cómic.

Ahora que tenemos más perspectiva, puede decirse que Christopher Nolan es un director maquilero más. Dándose a conocer por una curiosidad llamada Memento –cuya originalidad reside en la edición y no en la manera de contar la historia-, con Dark Knight demuestra que puede hacer thrillers de alta calidad pero no películas de superhéroes (habrá quien diga que Batman no pertenece a esta categoría por no contar con superpoderes, entonces ¿Por qué tampoco sale descubriendo misterios como todo un detective? Además, cualquier persona que pueda darle en la torre a Supermán debe ser un superhéroe) porque justamente estamos frente a una cinta de acción y suspenso donde al policía le da por usar capa y máscara y el villano se buscó un nombre atractivo, a manera de artilugio promocional pero no para definirse.

Batman es un detective, no un buscapleitos; Utiliza la lógica para resolver el crimen, no se avienta a lo bestia a rescatar a la dama en apuros; Su tiempo lo invierte en estudiar el modus operandi del criminal, no en lamentar lo roto que está su corazón; ¡Batman es el jodido Batman! El único miembro que puede derrotar a toda la Liga de la Justicia (a saber: Superman, la Mujer Maravilla, Flash, Linterna Verde, Aquaman y el Detective Marciano, cuando es la formación clásica), la persona que descubrió quien mató a sus padres 20 años después del crimen (esto es cierto dependiendo en cual continuidad nos basemos), el héroe que ha llevado al cuerpo humano a su grado de desarrollo máximo, tanto física como mentalmente, consciente de que su misión es una forma de vida y no hay tiempo para el amor o para lamentaciones. El Batman de The Dark Knight es lo más anquilosado, soso e inútil que puede haber pues más que infundir temor –por más que tengan que remarcarlo en la cinta- da lástima, hasta ganas dan de ofrecerle el hombro a Bruce Wayne para que llore a gusto.

¿Y Heath Ledger? ¿Realmente es tan buena su actuación? Sí que lo es. Pero como mencioné hace unos momentos, no le está dando vida al Guasón. Ese personaje es complicado por una sencilla razón: debe provocar risa y miedo al mismo tiempo, después de todo es un payaso. Mucha gente recuerda con sorna la serie sesentera de Batman, sin embargo, el Guasón interpretado por César Romero es la vara con la que todos los demás que quieran interpretar al también conocido como Comodín deben ser medidos, permítanme explicar por qué: el Guasón es un personaje irónico, que no conforme con provocarte un acceso de risa mediante un chiste puede sacarte un revolver que diga “¡Bang!” mientras algún químico hace que mueras con una sonrisa en la cara, literalmente te mata de la risa. El Guasón de la serie tenía diálogos tontos, producto de su época, pero los elementos que definen al villano –socarronería, actitud juguetona y una mente ininteligible – ahí están, convirtiéndolo en una de las mayores amenazas de la historieta.

En la serie de televisión el aspecto bromista y juguetón del personaje quedó más que afincado, volviéndolo un clásico. El Guasón debe ser ingenioso y, sobretodo, inesperado. Su psicosis lo vuelve una amenaza porque nunca se sabe que va hacer. Esa es la razón por la que Batman no puede detenerlo, pues alguien tan metódico nunca podrá contener a quien es guiado por sus delirios.

El Guasón de Heath Ledger es un muy buen villano, tanto como Osama Bin Laden o un joven Fidel Castro podrían serlo. Representa el miedo gringo a la alteración del sistema establecido, tan es así que en un monólogo de la cinta el personaje explica por qué actúa como lo hace, traicionando la raíz del personaje al quitarle el aura de locura y trastocarla por ideas revolucionarias muy bien pensadas (incluso recuerda un poco a V de V for vendetta), que para el espectador promedio gringo representa el mayor crimen posible. Visualmente Ledger impone, histriónicamente sorprende, pero el guión del siempre mediocre David Goyer (Blade 2 y 3) describe a un criminal real, no a uno salido de un universo de viñetas. Goyer desarrolla un muy buen villano, acorde al héroe pusilánime que la película retrata pero nunca recuerda al Guasón del cómic por la simple razón de que no existe conexión alguna con el trabajo original.

También podríamos hablar de la necedad de hacer que Batman vuele (sí ya se, sólo planea por los aires, pero la idea es evitar que se columpie con cuerdas para evitar la referencia a cierto héroe arácnido), la utilización de armas de fuego –situación que en la historieta está prohibida puesto que los señores Wayne murieron a manos de una, creando una aversión en el joven Bruce-, o lo mal que pelean los esbirros del Guasón, que en lugar de dispararle al murciélago esperan a que los maltrate, pero todas estas situaciones son opacadas por la alta tensión que provoca la película. Así es, las atmósferas están muy bien trabajadas y el ritmo al que transcurre la historia es genial, tan genial como los mejores thrillers lo son.

Si a lo anterior sumamos que la visión para recontar el origen de Dos caras es más que aceptable, sobre todo si tenemos en cuenta que su versión anterior fue poco menos que risible (¿Recuerdan a Tommy Lee Jones sobreactuando?) pues tenemos una cinta que no es mala pero que tampoco es de lo mejor que se ha hecho. Es una buena película que únicamente garantiza que siga habiendo nuevas versiones cinematográficas de Batman, en busca de la definitiva.

Lo única lección que espero se obtenga de la grandiosa entrada taquillera que The Dark Knight está obteniendo es que las casas productoras se olviden de la mentalidad –sobre todo en cuanto a películas de cómics se refiere- de embutir todos los elementos en una cinta “por si acaso es la última” y mejor le hagan como le está haciendo Marvel, manufacturando sus películas con tal calidad que garanticen que la gente desee una secuela. Por algo son la más grandiosa casa editorial de cómics.

BATMAN: EL CABALLERO DE LA NOCHE
(The Dark Knight)
Dirección: Christopher Nolan: Guión: Christopher Nolan, Jonathan Nolan, según el argumento de David S. Goyer y Christopher Nolan, basados en los personajes creados por Bob Kane; Producción: Christopher Nolan, Charles Roven, Emma Thomas; Fotografía: Wally Pfister; Música: James Newton Howard y Hans Zimmer; Edición: Lee Smith; Elenco: Christian Bale (Bruce Wayne / Batman); Heath Ledger (The Joker), Aaron Eckart (Fiscal Harvey Dent / Dos Caras), Michael Caine (Alfred), Maggie Gyllenhaal (Rachel Dawes); Morgan Freeman (Lucius Fox)
Estados Unidos, 2008, 152 minutos