Wall-E
Por Marco González Ambriz

Si alguien dudaba que Pixar se ha convertido en una vaca sagrada un vistazo a las críticas que ha recibido Wall-E debería sacarlo de su error. “Obra maestra”, “la mejor cinta del año”, “Wall-E es arte, es filosofía, es casi una religión”, y en los foros de internet las opiniones son similares (“el mayor logro en la historia del cine”). Ay de aquel que se atreva a señalar que esta película, igual que las producciones anteriores de Pixar, es menos que perfecta. José Clemente Orozco decía que si todos estuviéramos siempre de acuerdo el mundo sería muy aburrido, por eso voy a explicar por qué Wall-E no me gustó tanto. Antes de insultarme por favor lean el texto completo.
Obviamente Wall-E es impecable desde el punto de vista técnico. Cada producción de Pixar ha representado un avance en la animación por computadora y Wall-E no es la excepción. Podría pensarse que la primera media hora de la cinta, donde observamos al robot protagonista, una unidad especializada en compactar basura, sería aburrida. La única compañía de Wall-E es una cucaracha indestructible, el paisaje es una ciudad cubierta por desperdicios y hay periódicas tormentas de polvo que obligan a este pequeño robot a encerrarse en lo que antiguamente era su centro de control. No obstante, la animación cautiva al espectador pese a ser monocromática, el color de los objetos que Wall-E atesora (un cubo de Rubik, el estuche de un anillo de diamantes) es suficiente para darle variedad al conjunto y el lenguaje corporal del protagonista basta para darle una personalidad distintiva. La llegada de Eve, un robot más avanzado, sigue en esta línea. La comunicación entre ambos es a través de señas, un videocassette de Hello, Dolly! y la manipulación de cachivaches.

A veces el contraste entre la animación computarizada de última generación y la comicidad de 1950 nos recuerda la deuda que Pixar tiene con las caricaturas de la Warner, una contradicción que también es evidente en Presto, el cortito que antecede a Wall-E. Más que homenaje eso parece dependencia. Y ya que hablamos de contradicciones me parece que esto es lo caracteriza a la película. La sencillez de los primeros treinta minutos, la advertencia sobre el desastre ecológico que no requiere mayores aclaraciones, es negada desde el momento que Eve encuentra una pequeña planta en posesión de Wall-E y de inmediato manda una señal a la nave espacial que la depositó en la Tierra, habiendo cumplido su misión de detectar vida vegetal en el planeta. A partir de ahí la película abandona cualquier pretensión de sutileza y se limita a repetir su mensaje ecologista en un tono cada vez más estridente. Además el guionista y director Andrew Stanton empieza a apoyarse en la misma fórmula que ya hemos visto en cintas anteriores de Pixar, como si la inspiración se le acabara a medio relato.
Una de las cosas que más me han sorprendido de algunas críticas es la idea de que Wall-E está libre de canciones superfluas y escenas de acción para darle dinamismo a una historia demasiado simple. Es cierto que los números musicales de Hello, Dolly! (“Put On Your Sunday Clothes”, “It Only Takes a Moment”) que aparecen en la cinta son diferentes a las canciones predigeridas de Disney, pero las secuencias donde Wall-E está atrapado en un módulo de escape o la huida a través de la nave espacial podrían pertenecer a cualquier película de animación reciente. Estos elementos aparecen en la segunda mitad de Wall-E y si llaman poco la atención es sólo por la horrenda subtrama de los humanos del futuro, en mi opinión el mayor defecto de la cinta. A las moralejas anteriores, que según los críticos son equiparables al Sermón de la Montaña y que en realidad se reducen a “no tires basura”, se añade otro mensaje sobre la forma en que los medios de comunicación y la mercadotecnia han transformado al hombre moderno en un consumidor apático que se pasa todo el día pegado a una pantalla. Dejando de lado la incongruencia de que este mensaje venga de una empresa como Disney hay en esta parte de la película una contradicción tan grande entre lo que dice y lo que hace que finalmente se vuelve imposible de ignorar, por muy bonitas y bien trabajadas que estén las imágenes.

Hay una escena donde vemos que el capitán de la nave está tan acostumbrado a guiarse por los sistemas automatizados a bordo que incluso desconoce que las plantas necesitan tierra, agua y luz para crecer. Aceptemos por un momento que la futura civilización humana (curiosamente dominada por los gringos aunque estemos en el siglo 29) pudo construir robots que se arreglan solos pero no tuvo la previsión para que la fotosíntesis le fuera explicada a los niños, esto no debería ser un problema en un relato que gira sobre el amor entre dos máquinas, lo que me parece hipócrita es que Pixar se ponga a criticar a la gente que se traga todo lo que ve en la televisión y al mismo tiempo convierta el tema ecológico en una fórmula que debe ser aceptada ciegamente. Para tomar en serio a Wall-E hay que suponer que los humanos tiene la capacidad de cubrir el planeta con basura y que el medio ambiente quedaría tan dañado que tardaría miles de años en recuperarse. La realidad es que no tenemos la capacidad para generar tantos desperdicios aunque quisiéramos (¿y por qué habríamos de hacer algo así?) y también que bastarían unos quinientos años para que la naturaleza borrara todo indicio de la civilización humana, con excepción de algunos puentes y presas. Si Wall-E de verdad existiera no tendría nada qué hacer dentro de ochocientos años.
Claro que para saber lo anterior hay que estar dispuesto a consultar diversas fuentes (programas de televisión, sitios de internet, documentales y sobre todo libros) en lugar de confiar en que Pixar tiene todas las respuestas. Es tan irónico como el hecho de que Los Increíbles, Ratatouille y Wall-E promueven el individualismo y el respeto a los demás, sobre todo cuando son distintos de nosotros, pero cuando alguien se atreve a decir que no son obras maestras los fanáticos de Pixar se le avientan a la yugular. Groupthink at its finest.
WALL-E
Dirección: Andrew Stanton; Guión: Andrew Stanton, Jim Reardon; Producción: Jim Morris; Música: Thomas Newman; Edición: Stephen Schaffer; Voces: Ben Burtt (Wall-E / M-O), Elissa Knight (Eve), Jeff Garlin (Capitán), Fred Willard (Shelby Forthright), Sigourney Weaver (computadora de la nave)
EE.UU., 2008, 98 min.
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