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Lejos de ella (Away From Her)

No hay sorpresas ni falsas esperanzas en esta película. Sus protagonistas saben que no hay cura para el Alzheimer que le está robando la memoria a Fiona (Julie Christie) y que la única opción que les queda es afrontar lo inevitable con dignidad. Desde los primeros minutos podemos ver a Grant (Gordon Pinsent), su esposo durante 44 años, visitando a la esposa de otro hombre que padece la misma enfermedad para pedirle un favor y en la conversación que ambos mantienen frente a la casa se hace referencia a un romance que difícilmente puede calificarse de adúltero cuando los participantes ya no recuerdan que están casados. También hay imágenes de Fiona y Grant esquiando juntos a campo traviesa, una conversación donde ella menciona a otra mujer ante el silencio incómodo de él y un flashback donde Grant recuerda un momento clave de su relación con Fiona, cuando se dio cuenta que nunca quería estar lejos de ella.

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Son escenas que anuncian lo que vendrá en el resto de la película y lo hacen con suma discreción, sin aspavientos que tengan la dudosa intención de inyectarle drama a algo que ya es bastante difícil. La actriz Sarah Polley, quien empezó desde niña en cintas como The Adventures of Baron Munchausen y que es más conocida por sus colaboraciones con Atom Egoyan o Isabel Croixet, tiene algunos trabajos previos como guionista y directora pero nada que indicara que estaba lista para filmar una historia como ésta, donde la edad de sus personajes podría suponer un obstáculo para alguien menor de treinta años. El sentido de resignación que permea la película se manifiesta no sólo en la estructura narrativa, en esencia un largo flashback en el que Grant repasa los eventos de los últimos meses antes de intentar un último acto de lealtad a su esposa, sino en la sobriedad de los gestos y la fotografía.

La infidelidad de Grant, antiguo maestro universitario, sale a la superficie cuando Fiona recuerda un chiste y en la súbita tensión en el rostro del actor Gordon Pinsent se expresa todo lo que necesitamos saber sobre Veronica, la alumna que pusó en peligro su matrimonio veinte años antes y que sigue pesando sobre la relación a pesar de que él y Fiona nunca hablan del asunto. Más adelante habrá imágenes con otra textura, vistazos fugaces al rostro de Veronica y al de las otras estudiantes con la que Grant coqueteaba, contagiado por el liberalismo de la época. Son sólo fragmentos de un pasado que no siempre fue feliz y que ahora lleva a Grant a pensar si el comportamiento de Fiona no será una forma de castigarlo, sobre todo cuando encuentra que su esposa ya no lo reconoce y que se ha vuelto muy cercana a Aubrey, otro inquilino del hospital Meadowlake. De hecho, cada vez que Grant se le acerca, con flores o un libro, ella cree que se trata de otro paciente.

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En entrevistas Sarah Polley ha mencionado que con Lejos de Ella buscaba algo que fuera simple y elegante, con una cierta gracia, y la escena antes mencionada, donde Grant descubre que Fiona lo ha olvidado, es un buen ejemplo de ello. Es un momento de la película donde los actores no levantan la voz, ni exageran en los gestos, mientras la banda sonora refleja el desconcierto de Grant repitiendo insistentemente un acorde. A lo largo de toda la película Polley mantiene esta misma mesura, con algunos momentos de humor (el locutor de hockey narrando un partido) y sólo algunos comentarios políticos que parecen un tanto fuera de lugar y no porque la guerra de Irak sea algo intocable, más bien porque el comentario que hace Fiona (“How could they forget Vietnam?“) suena ensayado, un ligero paso en falso para una cinta donde todo parece tan auténtico, desde la rutina del hospital hasta el pragmatismo de Marian (Olympia Dukakis), la esposa de Aubrey. Más afortunada es la crítica hacia los procedimientos de ciertas instituciones, donde la eficiencia llega a rozar la insensibilidad.

Aunque los Oscares valen lo que se le unta al queso sí parece injusto que Marion Cotillard fuera elegida como Mejor Actriz por encima de Julie Christie. Lo que hizo Cotillard en La Vida en Rosa fue un despliege técnico impresionante pero yo prefiero la sencillez de Christie, no es difícil adivinar por qué Sarah Polley estaba tan interesada en tenerla a ella como actriz principal. A diferencia de tantas películas sobre enfermedades terminales que se convierten en súplicas por parte de sus actores para ser tomados en cuenta la hora de las premiaciones, con lágrimas de cocodrilo que por desgracia les rinden frecuentes réditos, Lejos de Ella se limita a mostrar a Fiona como una mujer que al principio tiene la entereza para convencer a su marido que debe internarla en un hospital y que con el paso del tiempo va quedando disminuida, hasta quedar recluida en ese apacible purgatorio que es el segundo piso de Meadowlake, destinado a los pacientes que ya no pueden valerse por sí mismos. Que Julie Christie se haya ido con las manos vacías indica la poca seriedad de la Academia, aunque el verdadero escándalo es que Gordon Pinsent no fuera nominado por un papel que le exigía comunicar una enorme gama de sensaciones con un estoicismo casi sobrehumano. Hollywood no recompensa la contención.

LEJOS DE ELLA
(Away From Her)
Dirección: Sarah Polley; Guión: Sarah Polley, basado en el cuento The Bear Came Over the Mountain de Alice Munro; Producción: Daniel Iron, Simone Urdl, Jennifer Weiss;  Fotografía: Luc Montpellier; Música: Jonathan Goldsmith; Edición: David Wharnsby;
Elenco: Gordon Pinsent (Grant Anderson), Julie Christie (Fiona Anderson), Olympia Dukakis (Marian), Michael Murphy (Aubrey), Kristen Thomson (Kristy), Wendy Crewson (Madeleine), Alberta Watson (Dr. Fischer)
Canadá, 2006, 109 min.

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