El Garabato
Esta película pasó como exhalación por la cartelera mexicana en la segunda semana de este año, el equivalente de estrenar un programa de televisión el domingo a las dos de la mañana. Hay producciones independientes que son lanzadas de forma casi clandestina porque es la única manera que tienen de asegurar su corrida comercial antes de salir en DVD, algo que se considera indispensable para recuperar la inversión, aunque algunos cineastas empiezan a dudar que esto sea cierto. O también puede que sea un churro y que la pongan en los cines sólo para ver quién cae. Como El Garabato ya se estrenó en DVD región 1 pude averiguar a cuál de las dos categorías pertenece.
La respuesta, lamentablemente, es que El Garabato es un producto que realmente no ofrecía nada al espectador que desembolsara cincuenta pesotes para verla en pantalla grande. Su mejor carta es el actor protagónico, Juan Pablo Medina, un tipo carismático que en mejores circunstancias tal vez pueda llegar a destacar. Por “mejores circunstancias” me refiero a un guión más consistente, que mantenga un mismo tono a lo largo de todo el relato, que no sea tan confuso y donde uno pueda identificarse con el personaje principal. El protagonista, Rodolfo, es un estudiante de Derecho al que conocemos mientras acompaña a su amigo Juan José (Luis Ernesto Franco) en la carretera México-Cuernavaca. Rodolfo hace las veces de narrador y gracias a él nos enteramos que Juan José es hijo de un prominente político, que es compañero suyo en la UNAM y que sólo está haciendo la carrera para darle gusto a su padre. Además descubrimos que los dos chavos se pasaron las vacaciones espiando a una escultural vecina y que ahora se dirigen de vuelta al D.F. para presentar un examen de anatomía.

Juan Pablo Medina en El Garabato
¿Examen de anatomía en la Facultad de Derecho de la UNAM? Pues qué raro, porque no viene en el plan de estudios. Esta es apenas la primera de las muchas incoherencias que contiene la película, aunque debo admitir que es fácil pasarla por alto cuando aparece en pantalla la vecina en cuestión, una tal Frida (Tania Robledo Cruz) aficionada a zambullirse desnuda en la alberca de Miguel Velarde (Archie Lanfranco), a sabiendas de que los vecinos la espiaban con binoculares. Frida también viaja al D.F. a bordo de su auto cuando una camioneta blanca trata de embestirla, por lo que Rodolfo y Juan José se detienen para ayudarla. Al principio ella finge que todo está bien pero finalmente accede a que Rodolfo la acompañe hasta su departamento. Todo lo que hemos visto hasta ahora indica que El Garabato es una historia de chavos calenturientos tal vez con algunos elementos de suspenso, como una mezcla entre Y Tu Mamá También y Nicotina. La hipótesis se confirma cuando Tania seduce a Rodolfo, aunque él había confesado ser un chico estudioso y sin suerte con las mujeres.
No obstante, mientras el tímido estudiante se acuesta con Tania, aparece María Luisa (Mariana Ávila) en un restaurante, esperando inútilmente a que llegue su galán, quien es nada menos que Rodolfo. Otra contradicción: ¿cómo puede Rodolfo decir que las mujeres lo ignoran cuando su novia es tan atractiva? Aquí es donde el tono de la película empieza a tambalearse. La escena de cama entre Juan Pablo Medina y Tania Robledo es bastante larga, como si los directores quisieran aprovechar al máximo el que la actriz haya aceptado quitarse la ropa, y por otra parte el personaje de María Luisa es una chica inocente que estaría más a gusto en una comedia romántica. A partir de ahí Rodolfo la pasa bastante mal, ya que Tania lo involucra en una intriga política, pero cuesta trabajo simpatizar con él cuando le pone el cuerno alegremente a su novia, quien por cierto lo apoya en todo. Nomás para comprobar que brincar de cama en cama le tiene sin cuidado, hay una escena tardía donde Rodolfo también se revuelca con María Luisa, algo tan gratuito que hasta parece chiste (el productor: “¿Aceptarías hacer un desnudo en esta película?”; la actriz: “Sí, pero que no sea artístico”). Si creen que le estoy dando demasiada importancia al hecho de que Tania Robledo y Mariana Ávila salgan encueradas aclaro que no es por moralista, simplemente porque es de lo poco que me llamó la atención en los noventa minutos que dura El Garabato.

Mariana Ávila en El Garabato
Aunque está basada en una novela de Vicente Leñero, y este experimentado guionista ayudó a adaptarla, El Garabato es bastante pobre como thriller político. A veces porque la puesta en escena corresponde más bien a una farsa (cuando Juan José y Rodolfo se esconden en el closet), porque la escenografía es poco convincente (esa cárcel de cartón piedra), porque la estructura narrativa es caótica (de repente Tania asume la función de narradora y nos cuenta lo que pasó quince días antes) o sencillamente porque hay demasiados personajes, tantos que Juan José y María Luisa, por ejemplo, pueden desaparecer durante media hora para dar paso al melodramático conflicto entre la esposa y la amante de un político. Para saber quién es quién, y de paso darle a la película un toque moderno, los nombres de algunos de ellos aparecen junto al actor que los interpreta. Otro recurso pretendidamente novedoso es dividir la pantalla en recuadros para los momentos de peligro (una corretiza en el metro, una persecución nocturna). Esta voluntad de estar a la moda no le impide a la película tener diálogos trillados (“soy rico, inmensamente rico, puedo darte lo que quieras”) o rebuscados (“le puedo asegurar que usted está entre los muertos de este día”).
A Rodolfo lo persiguen unos malosos porque está en posesión de un video comprometedor, mientras Tania busca la protección del intrépido reportero Alejandro de la Riva (Juan Pablo Retes). ¿Cómo sabemos que se trata de un periodista famoso? Porque la cámara nos muestra unos fotomontajes donde aparece, muy sonriente, ¡al lado de Cuauhtémoc Cárdenas y Pelé! (por separado, eso sí). Desde que sale el reportero uno ya no tiene ninguna duda que está viendo un trivial relato de corrupción política que caerá en todos los lugares comunes del género, aunque al final uno se queda sin saber para qué querían los malos la llave que abría el locker si el video lo tenía Rodolfo. Más extraño aún es el papel de Margarita Sanz. Su primera aparición en la película es como una gringa parlanchina que le hace la plática a Rodolfo en el metro y en la siguiente escena descubrimos que ella es la señora Gordon, una influyente coordinadora política que también está inmiscuida en el compló. Y si es tan importante, ¿qué hacía viajando en el metro? No sé ustedes pero yo no me puedo ni imaginar a Manlio Fabio Beltrones o a Marcelo Ebrard usando el transporte público. A lo mejor el DVD región 4 de El Garabato contendrá escenas adicionales que aclaren este misterio.

Esto es lo que el público quiere ver: caras nuevas
(Tania Robledo Ruiz en El Garabato)
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Es verdad que la pelicula es bastante chafa, y que no esta muy basada en el libro “El garabato” de Vicente Lenero, pero muchas veces depende de quienes la ven. Por ejemplo, me parece que quien hizo la resena estaba un poco dormido al principio de la pelicula, porque, al menos en la version que yo tengo, claramente menciona ser estudiante de veterinaria (Rodolfo). Por lo que si, hay cosas un poco revueltas… y si a eso le anadimos espectadores un poco… distraidos, pues confusion total.
Saludos!