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Persépolis

Persépolis es atípica por donde se le quiera ver. Es a la vez la adaptación de una historieta desprovista de mamarrachos con superpoderes, una película de animación libre de la insoportable ñoñería de Pixar, una autobiografía donde la protagonista desdeña las poses heroicas, una aproximación a la revolución iraní de 1979 que se cuida de caer en simplificaciones ideológicas a favor o en contra. Es una película tan contradictoria, simpática y sincera como su propia creadora.

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El reciente auge de los superhéroes ha venido a reforzar la idea de que los comics sólo por excepción tratan de otra cosa. En realidad esta situación es exclusiva de Estados Unidos. En Francia y Japón, las otras dos potencias de la historieta, hay una enorme variedad de temáticas. Los galos están acostumbrados a leer bande dessinée cómico, histórico, erótico, policiaco, etc. mientras que los nipones al parecer están empeñados en elaborar manga de todos los deportes y profesiones imaginables (los hay de veterinarios y panaderos, por ejemplo). No obstante, la cercanía de los gringos y la influencia de su cultura popular nos hacen suponer que la adaptación de una historieta debe forzosamente enfocarse en un loquito con mallones multicolores.

El comic original de Persépolis ha sido comparado con clásicos como Maus por la manera en que combina lo personal y lo político. En Maus Art Spiegelman contaba la historia de cómo su padre, un judío alemán, había sobrevivido a los campos de exterminio Nazis. Por su parte, Marjane Satrapi utilizó sus dibujos para regresar a su infancia y adolescencia en el Irán de finales de los 70 y principios de los 80, así como la experiencia de tener que vivir sola en Austria para escapar de los bombardeos cotidianos de la guerra contra Irak. Además, Satrapi pertenecía a una familia comunista, por lo que fue testigo de la persecución del régimen, primero el del Sha y luego el de los ayatolas, en contra de sus parientes.

Quienes hemos leído el comic original no podemos sino lamentar los numerosos detalles que tuvieron que omitirse para que Persépolis fuera llevada a la pantalla. Era imposible conservar todas los recuerdos y las observaciones de Satrapi en un largometraje, por las limitaciones de tiempo del formato y también por lo laborioso del proceso de animación. Para no establecer una comparación injusta con la historieta es aconsejable dejar pasar un tiempo prudente antes de ver la película. De otra forma la experiencia se corre el riesgo de prestarle demasiada atención a lo que no está en la pantalla en lugar de dejarse llevar por las imágenes. Lo digo por experiencia propia. La primera vez que vi Persépolis tenía muy fresco el recuerdo de la bande dessinée y me sentí un poco decepcionado por la adaptación. Regresando ahora a la caricatura me encontré con un largometraje que respeta los momentos clave de la historieta y resume muy bien el resto.

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Es una lástima que se haya tenido que desechar la explicación que da Satrapi sobre los últimos días del Sha en el poder o la trágica ironía de que los Baba Levy hayan permanecido en su casa porque eran judíos ortodoxos y por lo tanto observaban el shabat. Sin embargo, incluir cada pasaje memorable del comic resultaría en una película de cuatro horas, o en una miniserie, lo que haría imposible la realización del proyecto. Para la adaptación se respetó el estilo del dibujo, trazos sencillos en blanco y negro que sirven para darle a la historia un sentido universal. Cual corresponde a una biografía donde la protagonista se pasa una buena parte del tiempo explorando la cultura popular occidental, desde Kim Wilde hasta Bruce Lee, el lenguaje visual de la cinta absorbe influencias de todo tipo, desde el neorrealismo italiano y el expresionismo alemán hasta el Scorsese de Goodfellas, de quien tomaron la edición inquieta y el manejo de la voz en off.

La película retoma una característica del comic que parece contradecir su voluntad de realismo. Al contar su historia en francés, y no en farsi o alemán, Satrapi le recuerda al lector que este es el relato de un exiliado. De hecho, en la cinta sólo oímos alemán cuando algún personaje secundario critica a Marjane a sus espaldas y el farsi queda relegado al noticiero radiofónico que escucha en Teherán la abuela de la protagonista. Esta sensación de lejanía se vuelve explícita en la película por el uso del color en las secuencias del aeropuerto de Orly, con lo que se establece la diferencia entre un presente paradójicamente sombrío y el pasado monocromático al que Marjane ya no puede regresar. No hay nada que objetarle al trabajo que hacen Chiara Mastroianni, Catherine Deneuve y Danielle Darrieux en los papeles princiaples, situación que además imita la vida real, ya que Deneuve y Mastroianni interpretan a madre e hija en la cinta, y el hecho de que los personajes hablen un idioma extranjero pronto se olvida.

En cualquier caso la narración episódica del comic difícilmente se presta a una lectura excesivamente mimética. Marjane Satrapi ha explicado que usó un dibujo sencillo como una forma de conjurar el exotismo y en la película esto se refleja en episodios de humor, en ocasiones vulgar, que acompañan los hechos más terribles de la guerra entre Irán e Irak. Esto algunas personas lo han considerado una falta de respeto hacia las víctimas del Sha y de la dictadura fundamentalista actual, otros se han quejado de la ingenuidad de la protagonista, de su falta de compromiso con sus compatriotas menos afortunados. Hay que tomar en cuenta que Satrapi simplemente está contando sus experiencias como niña y adolescente rebelde en una sociedad donde las mujeres son ciudadanos de segunda. El problema con narrar este tipo de cosas en un foro internacional, en sus comics y ahora en su película, es que se le exige ser una especie de representante del pueblo iraní. El desparpajo con el que admite los aspectos menos admirables de su persona molesta a los que quisieran verla transfigurada en mártir o al menos que Persépolis fuera la historia de su toma de conciencia. Marjane Satrapi es demasiado honesta para darles gusto.

PERSÉPOLIS
Dirección: Marjane Satrapi, Vincent Paronnaud; Guión: Marjane Satrapi, Vincent Paronnaud, basado en el comic de Marjane Satrapi; Producción: Xavier Rigault, Marc-Antoine Robert; Música: Olivier Bernet; Edición: Stéphane Roche; Voces: Chiara Mastroianni (Marjane adolescente y adulta), Catherine Deneuve (Tadji, madre de Marjane), Danielle Darrieux (abuela de Marjane), Simon Abkarian (padre de Marjane), Gabrielle Lopes (Marjane niña), François Jerosme (Anouche)
Francia, 2007, 95 min.

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