Hulk el hombre increíble (The Incredible Hulk)
Marvel Studios, la división cinematográfica de la editorial de historietas más fuerte del mundo, no podía tener un mejor inicio. Con el estreno de Iron Man obtuvieron un taquillazo, establecieron una nueva franquicia para el alter ego de Tony Stark, se ganaron a los críticos y lo hicieron sin necesidad de modificar al personaje para que fuera más accesible. Ahora con Hulk dejan atrás la película de Ang Lee dándole a los espectadores lo que estaban esperando de este reacio superhéroe: mucha acción, efectos especiales más dramáticos, un antagonista capaz de darle pelea al hombre verde y cero complicaciones.

En estos días se han publicado varios textos defendiendo la creación de Ang Lee, señalando que es un cinta ambiciosa, con un mensaje interesante sobre la relación entre padres e hijos, bien actuada y con una propuesta visual innovadora. No les falta razón pero pasan por alto los defectos de la película: la falta de ritmo, el final anticlimático, los deficientes efectos especiales (Hulk parece Shrek después de ir al gym) y sobre todo el hecho de que nadie pensó en satisfacer las expectativas del público. Desde que se anunció el proyecto todo hacía suponer que el centro del espectáculo sería la batalla de Hulk contra los soldados del general Ross y en su lugar Ang Lee se concentró en un rollo psicológico que no podía sino aburrir al respetable. Marvel Studios tomó nota del fracaso de esa adaptación y optaron por darle gusto a los fanáticos del personaje con un guión excesivamente simple firmado por Zack Penn.
Lo más inteligente de Hulk 2008 es la forma como introduce al personaje. En lugar de perder el tiempo presentando a un superhéroe que ya todo el mundo conoce, a través de los comics o de la -mediocre- serie de televisión ochentera, los productores ahora usan esa misma familiaridad para imprimirle al relato una cadencia endemoniada. Resumiendo en unas cuantas imágenes el nacimiento de Hulk -un experimento transforma a Bruce Banner en una bestia incontrolable que ataca a varias personas, entre ellas su novia y su suegro- durante los créditos iniciales, en una especie de homenaje al programa televisivo que de paso proporciona toda la información necesaria, lo que sigue es el equivalente de un libro para niños: palabras cortas, letra grande y abundantes ilustraciones. Los intentos de Bruce Banner por encontrar un antídoto, su reencuentro con Betty Ross, la obsesión del general Ross por acabar con Hulk y la creación de un ser con poderes similares se resuelven sin la menor complejidad. Cada escena lleva en línea recta a la siguiente, los diálogos son explicativos y los motivos de los personajes se repiten al menos un par de veces.

Por cada detalle ingenioso hay tres o cuatro tonterías. Es plausible que Bruce Banner use un reloj pulsómetro para vigilar su frecuencia cardiaca y evitar así convertirse en Hulk, es un insulto a la inteligencia que viaje desde Guatemala hasta Estados Unidos sin dinero y sin documentos en tan sólo 17 días. En términos generales el guión tiene serios problemas cada vez que se acerca a la realidad. Así, por ejemplo, el general Ross puede encabezar una misión secreta en las favelas de Brasil, sin molestarse en informar al gobierno de ese país, y un científico genial, como se supone que es Bruce Banner, trata de aprender portugués traduciendo Plaza Sésamo con la ayuda de un diccionario. Si Banner se tomara la molestia de entrar a un café internet y consultar cualquier foro dedicado al aprendizaje de idiomas sabría que es mucho mejor leer periódicos y ver noticieros. Lo del portugués me molesta porque sólo está ahí para hacer un chiste malo con la famosa frase “you wouldn’t like me when I’m angry“.
Más afortunada es la decisión de contratar al francés Louis Leterrier (El Transportador) para coreografiar las secuencias de acción. Hay algunos momentos donde Edward Norton usa pequeños gestos para expresar la frustración de Banner al no poder llevar una relación normal con Betty Ross, incluyendo una escena donde Norton está a punto de merendarse a Liv Tyler y tiene que aguantarse las ganas al percatarse que no hay protección que valga si se transforma en el acto, pero la razón de ser de los superhéroes, en papel y en la pantalla, es la pirotecnia de las explosiones, los rayos láser y las mutaciones grotescas. Enojarse con estos relatos porque son inverosímiles o superficiales es como pedir balaceras y puñetazos en una película de Bergman. Hulk 2008, bajo la supervisión de Leterrier, cumple admirablemente con su cometido en tanto aventura de superhéroes. El enfrentamiento entre Hulk y las fuerzas especiales de Ross en la fábrica de Brasil es bastante bueno, con un -innecesario- toque de suspenso al mantener a la estrella en las sombras, aunque es el combate entre el hombre verde, las tropas de Ross y el desatado Emil Blonsky (Tim Roth) donde Leterrier ejercita su habilidad para conjugar elementos en un espacio tridimensional.

Hay en esta secuencia un claro homenaje a una de las características más bobas/encantadoras del comic original. He estado repasando los primeros años de la historieta original y a pesar de que la falta de imaginación de Stan Lee en ocasiones llega a ser fastidiosa hay que reconocer que estas viñetas son de una ingenuidad desarmante. Son cuentos repetitivos donde Hulk le hace la vida imposible al general Ross (cuando no está defendiendo a la Tierra de invasiones alienígenas) pero el entusiasmo con el que Stan Lee y Jack Kirby se sacaban de la manga armas seudocientíficas (pistolas de rayos gama, cohetes electromagnéticos) no deja de ser asombroso. Ese mismo desparpajo reaparece en Hulk 2008, en la escena donde los soldados atacan a Hulk con una especie de cañón ultrasónico. Es un momento deliciosamente tonto en una película que regresa al espíritu de la historieta, para bien o para mal, y que probablemente marcará la pauta de las próximas cintas de la Marvel. Mientras sean tan divertidas como ésta no hay problema.
HULK EL HOMBRE INCREÍBLE
(The Incredible Hulk)
Dirección: Louis Leterrier; Guión: Zak Penn, basado en el personaje creado por Stan Lee y Jack Kirby; Producción: Avi Arad, Kevin Feige, Gale Anne Hurd; Fotografía: Peter Menzies Jr.; Música: Craig Armstrong; Edición: Rick Shaine, Vincent Tabaillon, John Wright; Elenco: Edward Norton (Bruce Banner), Liv Tyler (Betty Ross), Tim Roth (Emil Blonsky), William Hurt (General Ross), Tim Blake Nelson (Samuel Sterns)
EE.UU., 2008, 112 min.
Cinefagia en Facebook
jajaja si hubiera sido “mediocre” la serie de finales de los setentas como tu lo dices no habrían hecho ninguna escena de homenaje.
Lo que hay que leer en estos días… puff.
FAIL!!!!!
Siguiendo tu lógica la serie original de los Dukes de Hazzard, que tiene su propio remake, debe ser maravillosa.
Con eso nos podemos hacer una idea del criterio que usas para decretar que algo es “fail!!!”