Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

El ojo del mal (The Eye)

No me molesté en ver en el cine este remake de la obra de los hermanos Pang porque estaba cantado que se iba a quedar muy por debajo del original. En unas cuantas semanas se juntaron tres refritos del cine oriental de terror: Una Llamada Perdida, Imágenes del Más Allá y esta cosa. Mi devoción por Shannyn Sossamon me llevó a soplarme la primera en pantalla grande y las otras dos las dejé para cuando salieran en DVD. Además de confirmar que Gore Verbinski es el único que le ha encontrado la cuadratura al círculo en esto de adaptar el terror asiático con su versión de El Aro, El Ojo del Mal sólo sirve para ocupar espacio, en la cartelera y ahora en los videoclubs.

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En México la futilidad de la película se magnifica porque El Ojo fue uno de los grandes éxitos de taquilla del 2005. Aunque los señores de las distribuidoras piensan que el público mexicano se marea con el cine oriental (verídico), El Ojo duró meses en cartelera. En otros países la historia fue similar. De hecho, esta nueva versión no existiría si no fuera por la fobia que los gringos le tienen a las películas en idiomas extranjeros y con rostros desconocidos. Y como el cine gringo de terror siempre va dirigido a adolescentes los productores tienen que simplificar la historia para quitarle todo lo que pueda ser innovador o subversivo. Mientras los hermanos Pang se tomaban su tiempo antes de meter sustos en el relato, El Ojo del Mal abre con un breve prólogo donde vemos a una mujer perseguida por una turba, un aparente suicidio y una aparición espectral. En las series de televisión esto sirve para que la gente no le cambie a otro canal, aquí refleja el temor de que el público se aburra si no hay emociones cada dos minutos.

El resto de la cinta sigue en el mismo tenor. Aunque Sebastian Gutierrez, guionista de Gothika y Serpientes a Bordo respeta la estructura básica de El Ojo, incluyendo las escenas más memorables de aquella, hay un uso casi mecánico de los ruidos súbitos y las imágenes inesperadas para generar sobresaltos, haciéndola muy poco interesante para los que conozcan la original. Los hermanos Pang conseguían momentos realmente inquietantes sin necesidad de subirle el volumen a la banda sonora sin decir agua va. Aquí reaparecen el señor flotando en el elevador, el niño perdido y la visita al restaurante, pero siempre sustituyendo los pequeños detalles por una edición videoclipera y estrepitosos efectos especiales. Según la prensa especializada la responsabilidad de esto es de la compañía productora y no de los directores David Moreau y Xavier Palud, dupla francesa conocida por Ils, reemplazados de última hora por el mediocre Patrick Lussier con tal de obtener algo más comercial.

the-eye-2 A Jessica Alba le dan violín en El Ojo del Mal

Exactamente lo mismo que les pasó a los hermanos Pang con Los Mensajeros, su primera incursión en Hollywood. Lussier es el autor de Luces del Más Allá, donde su incapacidad para generar ambientes ya se había manifestado, forzándolo a echar mano de efectos computarizados para distraer al espectador. Los pocos momentos efectivos de El Ojo del Mal probablemente sean lo que quedó del trabajo de Moreau y Palud. Tampoco ayuda la necedad de los gringos de “explicar” sus historias sobrenaturales. El Ojo tenía varios cabos sueltos pero esto daba como resultado una mayor sensación de angustia, uno se contagiaba con la incertidumbre de la protagonista. En la versión americana Sebastian Gutierrez tuvo que meter con calzador una discusión sobre la memoria celular, una hipótesis científica sobre la posibilidad de que los órganos de un donante retengan características de su dueño. Al mencionar esto los productores sólo consiguen meterse en más problemas, pues hay varias escenas donde la heroína puede oír a los fantasmas y hasta atragantarse con el humo de una de sus visiones. A menos que el donante haya respirado y escuchado con los ojos eso no tiene ningún sentido.

Más problemática es la decisión de modificar el desenlace de El Ojo para darle al relato un tono menos resignado. Lo que antes era una lección sobre la necesidad de aceptar el infortunio (y la parte más floja de la película, también hay que decirlo) aquí se transmuta en un babosa moraleja sobre lo bello que es vivir. La torpeza del guión también echa a perder la mejor sorpresa de El Ojo, cuando la protagonista veía una foto suya y descubría algo perturbador. posible spoiler, aunque sale al principio y viene en el trailer (por no decir nada de la versión original) El Ojo del Mal deja escapar un detalle crucial en los primeros minutos, mediante una voz en off donde Jessica Alba declara que al quedar ciega desde muy chica ahora probablemente sería incapaz de reconocerse a sí misma en caso de que una operación le devolviera la vista. fin del posible spoiler Para remachar la diferencia entre El Ojo y su refrito los productores le encomendaron el papel estelar a Jessica Alba, más para atraer a chavos calenturientos que por su talento como actriz. Para hacer más evidente que Alba está ahí por sus atributos y no por su habilidad histriónica los productores también contrataron a la siempre confiable Parker Posey para un papel secundario. Sobra decir que el contraste entre ambas es lo más sobrecogedor de la película.

EL OJO DEL MAL
(The Eye)
Dirección: David Moreau, Xavier Palud, Patrick Lussier; Guión: Sebastian Gutierrez, basado en la película Jian Gui escrita por Jo Jo Yuet-chun Hui, Oxide Pang Chun y Danny Pang; Producción: Don Granger, Paula Wagner; Fotografía: Jeff Jur; Música: Marco Beltrami; Edición: Patrick Lussier; Elenco: Jessica Alba (Sydney Wells), Alessandro Nivola (Dr. Paul Faulkner), Parker Posey (Hellen Wells), Rade Serbedzija (Simon McCullough), Fernanda Romero (Ana Cristina Ramírez), Rachel Ticotin (Rosa Martínez), Obba Babatundé (Dr. Haskins)
EE.UU., 2008, 97 min.

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