El Fin de los Tiempos

Casi lo único bueno de este no-thriller es el apocalíptico título que le pusieron en México, mucho mejor que el banal The Happening (”El Suceso”), aunque si fueran sinceros los distribuidores la habrían bautizado como El Petate del Muerto. Antes de su estreno M. Night Shyamalan declaró que con esta cinta iba a demostrar que no dependía del final sorpresa y logró exactamente lo contrario, a menos que su intención haya sido inventar un nuevo género: la película de suspenso donde no pasa nada. Es poco probable que Shyamalan se levante tras este fracaso y ya era hora, debe ser uno de los directores más sobrevalorados de la historia.

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Lo más rescatable son los primeros minutos, un par de escenas donde vemos una epidemia de suicidos que se extiende desde Central Park a todo Nueva York y de ahí a otras regiones del noreste de Estados Unidos. No es que esta secuencia sea muy innovadora, el japonés Sion Sono hizo algo parecido en 2002 con Suicide Club, pero hay que reconocerle a Shyamalan que su puesta en escena siempre es adecuada. Los problemas empiezan cuando aparece en pantalla Marky Mark en el papel de un improbable maestro de ciencias naturales y suelta un sermón sobre la desaparición de las abejas, fenómeno real que tiene preocupados a los expertos. En las manos de Shyamalan esto es sólo una treta para darle relevancia a un guión vacío, un argumento mal planeado donde no hay personajes, ni tensión, ni ideas, ni nada. Sólo humor involuntario en ciertos momentos que deberían ser impactantes (con el imitador de Androclo uno llora de la risa).

En el cine de ciencia ficción hay una larga tradición de relatos sobre el fin de la humanidad, ya sea a consecuencia de una guerra nuclear, una epidemia o simplemente la decadencia de la sociedad. Cualquiera de ellas, por barata o tonta que sea, resulta preferible a The Happening. Fiel a su estilo engañabobos, Shyamalan se pasa una buena parte de la cinta sin aclarar qué es lo que está provocando la racha de suicidios, concentrándose en la suerte de un matrimonio común y corriente sólo para retrasar lo más posible la explicación del suceso. spoiler Durante la huida de Elliot y Alma Moore encontramos a varias personas con sus propias hipótesis, entre ellas un tipo medio loco que cree que se trata de una toxina producida por la vegetación y transportada por el viento, por lo que los protagonistas se pasarán media película desconfiando del pasto y huyendo del aire, ante las carcajadas del respetable. fin del spoiler Como infomercial de Greenpiss, más o menos.

En esas estimables películas de ciencia ficción que se adelantaron a Shyamalan, tipo Day of the Triffids o The Andromeda Strain, los escritores sabían que era una tontería contar la historia desde el punto de vista de alguien que sólo era un testigo ocasional de un evento caótico, sin poder afectarlo ni contribuir a su solución. Esos guionistas preferían tener como protagonistas a científicos que buscaban una forma de revertir lo que estaba pasando o a militares encargados de proteger a la población de algo que los sobrepasaba. En ambos casos se obtenían relatos con una estructura dramática reconocible, a veces ingenuos o demasiado respetuosos de las autoridades, pero siempre satisfactorios como entretenimiento. Con tal de ser innovador, o tal vez creyéndose su propia fama de genio, Shyamalan pone a sus héroes en medio de la confusión y en consecuencia el relato no puede avanzar, simplemente se repite lo mismo una y otra vez mientras el público bosteza. En ese sentido The Happening es el equivalente de contar la Segunda Guerra Mundial desde el punto de vista de los mecánicos que apoyaban a los pilotos de la RAF o de la mecanógrafa que le pasaba los discursos en limpio a Roosevelt.

Marky Mark y su fonqui familia

Marky Mark y su fonqui familia

El pésimo libreto deja a los actores inermes ante los caprichos del director. Mark Wahlberg tiene el “honor” de escenificar el momento más ridículo en una cinta llena de ridiculeces cuando se pone a negociar con una planta. Por su parte, Zooey Deschanel pela tamaños ojotes y se pone nerviosa cuando le llegan mensajes indiscretos al celular, porque según esto una posible infidelidad es más preocupante que el fin del mundo. Por ahí está John Leguizamo, menos insoportable que de costumbre, y unos cuantos actores de reparto que de vez en cuando aciertan a rescatar la ropa del naufragio (vgr. Betty Buckley como la señora demente que recibe a los Moore).

No faltará quien encuentre aquí una parábola sobre el ecocidio, la fragilidad del ser humano o la respuesta gringa a los atentados del 9/11 y es que nunca faltan los críticos que inventan lo que sea con tal de defender a sus directores favoritos. Roger Ebert, por ejemplo, habla de la atmósfera de la película como uno de sus puntos fuertes (”His use of the landscape is disturbingly effective”). Al decir eso Roger Ebert quiere quedar bien con M. Night Shyamalan o ya está chocheando, porque en ningún momento el director consigue un ambiente adecuado, sólo tomas y más tomas de árboles movidos por la brisa, como en documental del Discovery Channel. La ineptitud de Shyamalan finalmente sobrepasa a sus apologistas y El Fin de los Tiempos va que vuela para ser uno de los petardos de este 2008.

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