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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

A prueba de muerte (Death Proof)

Originalmente parte del díptico Grindhouse, un homenaje de Quentin Tarantino y Robert Rodriguez a los cines piojito de Estados Unidos, así llamados porque ofrecían funciones continuas de sexo, violencia y mal gusto. Ambos se han inspirado en las películas de bajo presupuesto que se programaban en esos locales para elaborar sus propias cintas, aunque sin duda ha sido Quentin Tarantino el que más se ha fusilado ha aprovechado la iconografía del cine de serie b setentero para apantallar pendejos dar a conocer aquel peculiar estilo a las nuevas generaciones.

Grindhouse era una función doble donde las películas de Rodriguez (Planeta Terror) y Tarantino (A Prueba de Muerte) venían acompañadas de falsos trailers para reforzar la sensación de estar en uno de esos viejos y malolientes cines de la Avenida 42 de Nueva York o Market Street en San Francisco. Así, antes de Planet Terror podíamos ver el corto de Machete, con Danny Trejo interpretando a un mexicano vengativo, mientras que la contribución de Tarantino venía precedida de los avances para Werewolf Women of the SS (de Rob Zombie), Don’t! (de Edgar Wright) y Thanksgiving (de Eli Roth). Sólo faltaba el olor a orines, un borracho tirado junto a la taquilla y una prostituta atendiendo a sus clientes en la última fila para que uno sintiera que había viajado en el tiempo a los 70, la época de oro del cine de explotación.

death-proof-1 Kurt Russell en A Prueba de Muerte

Además, Tarantino y Rodriguez quisieron ajustarse tanto a la experiencia de esos cines que ensuciaron la imagen a propósito para imitar la textura de esas cintas, llenas de brincos y rayones tras pasar decenas de veces a través de proyectores en mal estado. Todo estaba planeado para que este proyecto se convirtiera en un taquillazo cuando se estrenó en Estados Unidos el año pasado y aunque los críticos lo recibieron con entusiasmo Grindhouse fue un petardo. A toro pasado es fácil señalar que el público masivo nunca se iba a entusiasmar por un concepto que desconocía, mucho menos que estaría dispuesto a pasarse tres horas viendo una parodia-homenaje de un género que sólo una minoría insignificante disfruta (por algo se llama cine de culto). Total, el fracaso fue tan grande que para lanzar Grindhouse en otros países los productores se pusieron salomónicos y la partieron en dos, por eso Death Proof y Planet Terror se estrenan en México por separado.

Esto es menos grave de lo que parece porque mucha gente estuvo de acuerdo en que fue un error que en Grindhouse Tarantino cerrara la función. Planeta Terror es mucho más divertida, tiene una estética más cercana a las películas italianas de zombies y aprovecha mejor la ocurrencia de la película maltratada. A Prueba de Muerte, en cambio, tiene un ritmo semilento que va a fastidiar a los que estén esperando Kill Bill 3. Esta es una de las principales diferencias entre Death Proof y las cintas que Tarantino está copiando recordando. El público y los productores del cine de explotación jamás toleraría que el director se tardara cuarenta y cinco minutos en llegar a la acción, menos aún que ninguna de las actrices saliera encuerada. De hecho, es apropiado que en el -horrible- poster de A Prueba de Muerte salga con letra extragrande el nombre del director porque él es la verdadera estrella de la película.

Esta versión de A Prueba de Muerte es casi media hora más larga que la de Grindhouse y en esas escenas adicionales Tarantino vuelve a exhibir su capacidad como dialoguista. Se le puede criticar por haberse fusilado secuencias enteras de películas chinas, escandinavas y japonesas para hacer Perros de Reserva y Kill Bill pero hay que reconocer que el tipo tiene facilidad para escribir diálogos. Por sí mismas las conversaciones de los dos grupos de amigas en A Prueba de Muerte son ingeniosas, groseras, cachondas y además están llenas de -improbables- referencias a canciones y cintas sólo para iniciados. Pero también sirven para establecer una jerarquía entre los personajes, para delinear la personalidad de cada chica sin caer en el lugar común de ponerlas a recitar sus traumas infantiles. Es cierto que a veces todos los personajes de Tarantino hablan igual y en este caso hay al menos dos mujeres cuyo principal atributo es un exagerado acento sureño (Jordan Ladd en la primera mitad) o un dialecto tipo gangsta rap (Tracie Thoms en la segunda).

death-proof-2 Los pies de Rosario Dawson en A Prueba de Muerte

Se puede apreciar el virtuosismo que Tarantino le imprime a los diálogos y al mismo tiempo molestarse porque se tarda demasiado en echar a andar lo que en esencia es un slasher motorizado. Tarantino se redime un poco porque el villano vale la pena, sobre todo por la interpretación de Kurt Russell. Stuntman Mike es un psicópata memorable por lo que hace Russell con él. Desde su primera aparición entre sombras hasta la última escena, donde el malvado recibe su merecido, Russell nunca deja de ser convincente. Es simpático cuando se acerca a las chicas que piensa matar para conocerlas antes de embestirlas con su auto especialmente construido para ser “a prueba de muerte”, apenas disimula su disgusto cuando nota que sus acompañantes nunca habían oído hablar de los programas de televisión donde dice que trabajó, es amenazador cuando tiene el campo libre para asesinar a las mujeres que odia y lloriquea como nena cuando las cosas ya no le salen tan bien. Lo que más me gusta de Kurt Russell en este papel es el momento en que voltea a la cámara y sonríe, justo antes de atacar a las chicas.

Si la intención de Quentin Tarantino fuera simplemente recrear el cine de culto de los 70 entonces no tendría sentido incluir ese pequeño gesto de Russell en la edición final de A Prueba de Muerte. Este detalle, junto con los diálogos donde se mencionan cintas como Vanishing Point o Dirty Mary, Crazy Larry indican que esto más bien es un comentario sobre ese estilo de hacer cine, por no decir nada de la escena donde Rosario Dawson entra al minisuper y agarra una revista de modas que está al lado de Psychotronic, Fangoria y Film Comment. En ese licuado postmoderno de influencias a Tarantino le cuesta trabajo encontrar un tono que se pueda aplicar a la totalidad de Death Proof. Las largas pláticas de las amigas son interrumpidas por escenas de violencia filmadas con la tecnología actual y no con la sangre demasiado brillante que se usaba en la época de Dario Argento. Además se nota que Tarantino también conoce muy bien a cineastas más prestigiosos, la explicación que da el sheriff está tan fuera de lugar como la del psiquiatra en Psicosis y hay también una cita directa a Brian De Palma (con todo y música de Pino Donaggio).

Las feminazis lo han acusado de “tenerle miedo a las mujeres fuertes”, whatever that means, pero es evidente que Tarantino tiene un gran respeto por sus personajes femeninos, aunque lo exprese de forma un tanto confusa: obligando a Mary Elizabeth Winstead a salir disfrazada de porrista (que igual se agradece, pero no por ello deja de ser sospechoso) o dejando que Vanessa Ferlito le haga un baile sensual a Stuntman Mike a ritmo de los Coasters. Y eso sin mencionar su notorio fetiche de los pies, que aquí se extiende a todo lo largo de los espectaculares musssslos de Sydney Poitier. Por otra parte, esta fijación cumple una función temática. No es aventurado suponer que las piernas de las protagonistas son primero un convencional objeto del deseo (en la presentación de Poitier), significado que de inmediato es negado (al enfocarse en las de Ferlito corriendo por las escaleras porque le urge mear), más tarde una pierna cercenada es el resumen de la crueldad de Stuntman Mike hasta que finalmente las de Rosario Dawson se convierten en un instrumento de venganza. Si todo esto les parece incoherente o contradictorio la culpa es de Tarantino, no mía.

death-proof-3 Zoe Bell en A Prueba de Muerte

Este tono incierto, entre sincero e irónico, entre misógino y reivindicativo, hace muy difícil evaluar a Death Proof. La película es algo así como una colisión entre Roger Corman y Eric Rohmer, dos directores con estilos diametralmente opuestos. La acción directa, sin adornos (y también sin dinero), del norteamericano Corman y las interminables conversaciones del francés Rohmer no pueden sino crear un híbrido inconfundible pero también amorfo. Ya para terminar, hay que criticarle a Tarantino esa necedad de salir en sus propias películas cuando es más que obvio que está negado para la actuación. Su personaje en A Prueba de Muerte es muy secundario pero de todos modos echa a perder varios minutos de una película que ya de por sí tiene sus baches. En su descargo hay que señalar que esto también lo hacían los productores y directores de las películas de explotación de los años 70. A Bob Cresse, responsable de cintas como House on Bare Mountain o Mondo Bizarro, lo podemos ver interpretando a un oficial Nazi en Love Camp Seven. Cresse por supuesto era judío.

A PRUEBA DE MUERTE
(Death Proof)
Dirección, Guión, Fotografía: Quentin Tarantino; Producción: Quentin Tarantino, Elizabeth Avellan, Robert Rodriguez, Erica Steinberg; Música: Jack Nitzche, Ennio Morricone, Joe Tex, The Coasters, Pino Donaggio, April March, etc.; Edición: Ethan Maniquis, Sally Menke; Elenco: Kurt Russell (Stuntman Mike), Rosario Dawson (Abernathy), Vanessa Ferlito (Arlene), Jordan Ladd (Shanna), Rose McGowan (Pam), Sydney Poitier (Jungle Julia), Tracie Thoms (Kim), Mary Elizabeth Winstead (Lee), Zoe Bell, Quentin Tarantino (Warren)
EE.UU., 2007, 114 min.

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