Un buen guión puede ser arruinado durante la filmación pero un mal guión nunca podrá ser corregido en el set. Esto es lo primero que te enseñan en cualquier curso o taller de cine. Los responsables de Hombres Lobo faltaron a esa clase, o tal vez tenían tanta prisa por copiar a Underworld que se les olvidó, y a pesar de que trataron de enderezar este bodrio en postproducción el resultado sigue siendo un mazacote sin pies ni cabeza, aburrido, trillado, estúpido, y que de paso demuestra que también Stan Winston puede hacer efectos especiales de ternurita.

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De entrada los tres guionistas que trabajaron en el libreto se quedaron sin inspiración o de plano le quisieron ver la cara a los productores. El motor de este cuento de licántropos buenos y malos es aquel viejo conocido de los escritores holgazanes: un oráculo que anuncia la llegada de un niño que terminará con la maldición que le dio origen a los hombres lobo. Sobra aclarar que cuando empieza la película el plazo está a punto de cumplirse, los malos andan que se los lleva pifas porque no logran dar con el paradero del escuincle… hasta que encuentran la pista que les faltaba y se van tendidos como bandidos para echárselo al plato. Lo que sigue se escribe solo. ¿Se saldrán los villanos con la suya? ¿Habrá una traición? ¿Descubrirá el niño la verdad sobre su padre?

Si han visto una película de terror o fantasía en los últimos diez años ya saben la respuesta a esas preguntas. En Hombres Lobo no hay un solo momento original, sorprendente o curioso, pero eso ya lo sabíamos desde que se menciona la dichosa profecía, el mejor indicador de que el guionista no tenía ganas de inventarse una historia que le exigiera algo de esfuerzo. Sí, ya sé que Harry Potter, la Guerra de las Galaxias y el Señor de los Anillos (entre muchas otras) también contienen predicciones pero me atrevo a decir que son relatos que funcionan a pesar de ese ingrediente. En las tres sagas el héroe predestinado está rodeado de personajes secundarios entrañables, un contexto imaginativo y extensos antecedentes que le dan solidez a cada uno de sus universos particulares. En Hombres Lobo los guionistas se sacaron de la manga lo del niño-mesías y pensaron que con eso era suficiente para llenar un largometraje.

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El producto de su ingenio es un argumento idiota donde unos cuantos hombres lobo se agarran a balazos durante noventa minutos mientras el niño y su mamá descubren el papel que les toca jugar en esta epopeya aguada. Sí, leyeron bien, los licántropos se pelean a balazos. Esto es tan incongruente que los espectadores que lleguen al cine con unos minutos de retraso seguramente van a pensar que se equivocaron de sala. Es como entrar a un teibol y encontrar a Paquita la del Barrio cantando “Cheque en Blanco”. Uno se pasa media película preguntándose a qué hora van a salir los hombres lobo, a qué vienen tantos plomazos, para qué pusieron escenas de sexo si no se les ve ni media chichi a las actrices… y cuando aparecen los actores con máscaras de hule, colmillos de plástico y pupilentes amarillos uno de inmediato se arrepiente.

Como si no fuera suficiente Hombres Lobo está repleta de situaciones que insultan la inteligencia del respetable. Van algunos ejemplos. Los licántropos buenos ocultan al niño en un pueblito sin advertirle a él ni a su madre que una runfla de malosos lo anda buscando para darle matarili. Cuando los malos localizan el pueblo (gracias a un descuido de los buenos) están a punto de cumplir su cometido porque a los protectores del niño nunca se les ocurrió idear un sistema de alerta para casos semejantes. Se supone que tuvieron años para prepararse y sin embargo los villanos entran a la comunidad como Pedro por su casa, montando ostentosas motocicletas y cargando más armamento que Schwarzenegger en Comando. Por suerte la abuelita del niño lleva tamaño pistolón en la bolsa del mandado y la usa para repeler la agresión. Lo anterior corresponde a los primeros veinte minutos de la película. A partir de ahí las cosas empeoran, con “héroes” que hacen todo lo posible por caer en las trampas que les tienden los malos y un epílogo absurdo donde interviene la Santa Muerte.

HOMBRES LOBO
(Skinwalkers)
Dirección: James Isaac; Guión: James DeMonaco, Todd Harthan, James Roday; Producción: Dennis Berardi, Don Carmody; Fotografía: David Armstrong, Adam Kane;  Música: Andrew Lockington; Edición: Allan Lee; Elenco: Rhona Mitra (Rachel), Jason Behr (Varek), Elias Koteas (Jonas), Kim Coates (Zo), Natassia Malthe (Sonja), Matthew Knight (Timmy), Sarah Carter (Katherine), Lyriq Bent (Doak Soloman)
EE.UU., 2007, 92 min.