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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Sin rastros (Untraceable)

Un maniático tiene un sitio de internet (www.killwithme.com) donde los curiosos pueden colaborar indirectamente en el asesinato de una persona: las víctimas están conectadas a instrumentos diabólicos cuyo efecto depende de la cantidad de visitantes que vean el video en streaming. Para capturarlo el FBI envía a la agente Jennifer Marsh. ¿Por qué a ella? Porque ese día Clarice Starling se reportó enferma. El Silencio de los Inocentes es la película que Sin Rastros quiere ser cuando sea grande, con un poquito del sadismo de Saw y una pizca de crítica social para darle sabor a un guión rutinario.

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Sin Rastros es un thriller tan genérico que debería venderse en las farmacias del Doctor Simi. Cada una de sus sorpresas está telegrafiada por alguna línea de diálogo o por un encuadre. Cuando un personaje secundario menciona de pasada el código Morse uno ya sabe que tarde o temprano alguien estará amordazado frente a la cámara del psicópata y la única forma de salvarlo será descifrar un mensaje enviado mediante parpadeos. De igual forma, sabemos que el asesino intentará dañar a la agente Marsh porque hay tomas lejanas que la muestran en su casa, rodeada de su adorable familia, sólo falta un letrero que diga “EL MALO LA VIGILA. ¡UY, QUÉ MIEDO!”. Este es el tipo de cinta donde el maniático se esconde en el asiento trasero de un auto y la víctima ni en cuenta.

Lo único que distingue a Sin Rastros de los otros diez mil thrillers de asesinos seriales es el asunto de internet, aunque esta misma premisa ya se ha usado en películas como Feed y series de televisión como Millennium. Es muy poco probable que un sitio como www.killwithme.com pudiera operar sin que las autoridades lo cerraran de inmediato, pidiendo al ISP que bloqueara el acceso de algo que es evidentemente ilegal. Los guionistas de Sin Rastros tratan de tapar este hoyo con palabrería técnica (“¡El puerto asignado al DRM tiene un sistema operativo de IP flotante!”), confiando en que el espectador promedio no se dará cuenta de que son puras tonterías, y señalando que el servidor está en Rusia, por lo que la policía no puede intervenir. Claro, porque en Rusia no hay leyes contra el homicidio.

Otra cosa que me encanta de Sin Rastros es que los detectives deben trabajar a toda velocidad porque el sitio es visitado por millones de personas cada minuto y eso acelera la agonía de las víctimas. ¿¡Millones de visitas por minuto!? ¡Ni que fuera Google! Si www.killwithme.com estuviera configurado para funcionar a ese ritmo lo más probable es que sus prisioneros morirían de hambre o de sed, antes de que los crueles mecanismos pudieran siquiera arrancar. Los sitios web de sadismo y snuff simulado, donde se venden comics con títulos como Cheerleaders Ordeal, tienen cuando mucho cientos de visitas al día, no millones cada minuto.

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Una de las ideas más comunes entre la gente que quiere dárselas de intelectual es que los modernos medios audiovisuales promueven la violencia y que por esto el hombre contemporáneo es más agresivo que las generaciones anteriores. Estos antropólogos de fin de semana nunca proporcionan datos duros simplemente porque no los tienen. Es una hipótesis sin sustento pero que sirve para elaborar películas como ésta, donde se condena la sed de sangre y al mismo tiempo se invierten miles de dólares en efectos especiales para simular muertes horribles.

Si la película tuviera un ritmo aceptable o un mínimo de suspenso todo el rollo de la violencia en internet pasaría a un segundo término. Por desgracia el director Gregory Hoblit es incapaz de agregar un punto de vista interesante a un guión que recicla elementos de otros thrillers, quedándose en el mediocre nivel de cosas como Robando Vidas (donde Angelina Jolie era una intrépida detective tras la pista de un asesino serial) o Acechada (donde Ashley Judd era una intrépida detective tras la pista de un asesino serial) o Cálculo Mortal (donde Sandra Bullock etc.), sólo que ahora es Diane Lane, más atractiva a los 43 años que el 90% de las actrices con la mitad de su edad, la que tiene que hacer de tripas corazón y meterse a chapotear en el lodazal. La imagen final es digna de incluirse en una antología del ridículo.

SIN RASTROS
(Untraceable)
Dirección: Gregory Hoblit; Guión: Mark R. Brinker, Allison Burnett, Robert Fyvolent;
Producción: Andy Cohen, Hawk Koch, Gary Lucchesi, Steve Pearl, Tom Rosenberg; Fotografía: Anastas Michos; Música: Christopher Young; Edición: Gregory Plotkin, David Rosenbloom; Elenco: Diane Lane (Jennifer Marsh), Billy Burke (Eric Box), Colin Hanks (Griffin Dowd), Joseph Cross (Owen Riley), Mary Beth Hurt (Stella Marsh), Peter Lewis (Richard Brooks)
EE.UU., 2008, 100 min.

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1 Comment

  1. esta pelicula no esta basada en un hecho real? porque yo vi que hay estadisticas realizadas sobre este hecho, y la pagina web existe de verdad..