Ni se emocionen porque es muy mala. La serie ya había caído en la mediocridad con Hannibal y ahora con esta inútil precuela se hunde todavía más. Thomas Harris, el autor de las novelas, no le podrá echar la culpa a nadie de arruinar su trabajo porque él mismo escribió el guión de esta película, tirando a la basura todo lo que el personaje tenía de enigmático para reemplazarlo con explicaciones sobre su juventud, explicaciones que además de no aportar nada a lo ya establecido obligan a Harris a sacarse de la manga elementos absurdos. Por ejemplo, ¿sabían que Hannibal Lecter era samurai?
Así es, la máscara que trae en el poster es parte del atuendo tradicional del samurai. Por alguna razón Harris pensó que para contar el pasado de Lecter debía forzosamente incluir las imágenes más reconocibles de El Silencio de los Inocentes, aunque en ese relato la mascarita no tuviera tanto peso como su relación con Clarice. Una vez decidido eso había que buscarle una razón de ser al asunto del samurai y por eso el autor le inventó a Lecter una elegante tía nipona, llamada Lady Murasaki por todo el elenco aunque la historia transcurre en Francia e interpretada por la actriz china Gong Li, para de paso molestar a los japoneses. Ella es quien entrena a Lecter en el arte de usar la katana, despierta su interés por el arte oriental y de paso le da lecciones de erotismo. Si todo esto les suena ridículo nomás imagínense lo que es contemplarlo en la pantalla grande.
Otra cosa que Harris retoma de las cintas anteriores es al policía que le sigue los pasos al asesino serial. No está de más recordar que en las mejores películas de la serie, El Silencio de los Inocentes y Dragón Rojo (ambas versiones), el suspenso se generaba cuando los agentes del FBI tenían que rastrear a otro asesino serial con la ayuda no siempre desinteresada de Lecter. Eso le daba a esos relatos un nivel de tensión que aquí ni de broma aparece. Algo que contribuyó al éxito de esas novelas y adaptaciones cinematográficas previas era el cuidado con el que Thomas Harris había investigado las características de los asesinos seriales. Como los mayores expertos en el tema son los investigadores del FBI entonces tenía sentido contar la persecución de uno de estos psicópatas desde el punto de vista de sus perseguidores, apoyándose en las técnicas forenses que se emplean para obtener pistas. Lo malo es que el policía de esta entrega no dispone de esos recursos, ni establece una relación convincente con Lecter y aparte le toca pronunciar algunos de los peores diálogos de la cinta.
No hay rastros de inteligencia en Hannibal, el Origen del Mal porque al mover la trama a la postguerra europea el guionista echa por la borda lo que distinguía a las historias previas de Lecter, quien ahora se convierte en el héroe. Para justificar esto salen unos malos muy malos, requete malos, que al principio colaboran con los Nazis y más tarde regresan dedicados a la trata de blancas. Como ya se había mencionado en Hannibal la causa de los peculiares gustos culinarios del protagonista se debían a un incidente traumático en su niñez, cuando esos mercenarios requete malos lo tomaron a él y a su hermanita como rehenes. El problema es que ese trauma tenía más sentido dramático platicado, cuando uno podía imaginarse los detalles, que como sale aquí, retratado con tanta parsimonia que el espectador tiene tiempo más que suficiente para adivinar el “secreto” que le mueve el tapete a Hannibal en la última escena.
Habrá quien quiera culpar del desaguisado al director Peter Webber, quien se había dado a conocer con La Joven con el Arete de Perla, pero yo quiero recalcar que el responsable del naufragio es Thomas Harris. El mejor director del mundo sería incapaz de componer un guión tan aburrido, exagerado, tonto y mal dialogado. Nada más chequen la escena donde un combate entre tanques rusos y aviones alemanes deja huerfanitos a Hannibal y su hermano. Ni Randy Rhoads tuvo tan mala suerte al combinar aeronaves con vehículos terrestres. Lo mismo se puede decir de los actores, que nunca supieron si estaban interpretando una historia de suspenso o una parodia. Por otra parte, la decisión de los productores de contratar a un actor francés y a una china para estelarizar una película hablada en inglés también es cuestionable, como si no bastara con el libreto para que el reparto se sintiera incómodo.
Las anteriores películas de Lecter debían una parte de su éxito al morbo. La descripción de los asesinatos cometido por él, Buffalo Bill y el Tooth Fairy le daban a los realizadores el pretexto suficiente para montar escenas gore que funcionaban dentro de las exigencias de la trama. Hasta en Hannibal, que hasta ahora había sido el punto más bajo de la serie, el espectador podía asombrarse ante los métodos que usaba Lecter para despachar a sus víctimas. En la precuela hasta eso desaparece. Cuando Lecter cumple el juramente de venganza que le hizo a su hermana lo hace de forma rutinaria, sin la perversa creatividad que había demostrado en las otras películas. Esto podría explicarse argumentando que el Lecter adolescente no tenía aún la experiencia suficiente para matar gente con el refinamiento que alcanzaría más tarde, pero el razonamiento se desmorona cuando comprobamos que este Lecter era vivillo desde chiquillo. En la película queda claro que ya desde chavo Hannibal era un conocedor de la música clásica, la gastronomía, el dibujo y la anatomía, con la astucia necesaria para burlar las trampas de sus enemigos, como una suerte de MacGyver-ninja-caníbal-bon vivant. Ya entrados en gastos, ¿por qué no regodearse en el derramamiento de sangre? Sería la única forma de ahuyentar el humor involuntario que planea sobre la cinta como una parvada de zopilotes.
HANNIBAL, EL ORIGEN DEL MAL
(Hannibal Rising)
Dirección: Peter Webber; Guión: Thomas Harris, basado en su novela; Producción: Dino de Laurentiis, Martha de Laurentiis, Duncan Reid; Fotografía: Ben Davis; Música: Ilan Eshkeri, Umebayashi Shigeru; Edición: Valerio Bonelli, Pietro Scalia; Elenco: Gaspard Ulliel (Hannibal Lecter), Gong Li (Lady Murasaki), Rhys Ifans (Grutas), Kevin McKidd (Kolnas), Dominic West (Inspector Popil), Richard Brake (Dortlich), Stephen Walters (Milko), Ivan Marevich (Grentz), Helena-Lia Tachovska (Mischa), Aaron Thomas (Hannibal Lecter niño)
EE.UU. / Inglaterra / Francia, 2007, 121 min.

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