Digna: Hasta el último aliento
Por Marco González Ambriz
En los últimos años algunas de las mejores películas que se han hecho en México han sido documentales. Títulos como Gabriel Orozco, Voces de la Guerrero o 1973 comprueban la buena salud del género en nuestro país. Claro que no todos los documentales que se hacen aquí pueden ser buenos. El lumpenturismo babeante de Eva Aridjis en Niños de la calle o la apología de los guerrilleros que nunca pasaron de perico perro de Arturo Ripstein en Los héroes y el tiempo dan cuenta de ello. Entre los fracasos tal vez el más evidente sea este de Felipe Cazals.
No es la primera vez que Cazals intenta el documental. En 1973 filmó Los que viven donde sopla el viento suave, película dizque etnográfica que naufragaba entre la falta de estructura y lo insulso de sus testimonios, aunque al menos tocaba un tema desconocido para la mayoría de los espectadores. Pasaron treinta años para que el director retomara el género y en Digna… exhibe un retroceso notable. Este nuevo trabajo es aún más inconexo y caótico que el anterior, tiene el mismo sentido estético que los irrisorios cortos “de denuncia” que hacen los estudiantes del CUEC y en su aspecto más básico, el informativo, es tan fallido que casi se necesita otro documental para entenderlo. Es el típico ejemplo de los panfletos izquierdosos donde se repite “lo que ya todos sabemos” y en consecuencia no se expresa nada.
Es increíble que una película de dos horas explique menos que los reportajes que aparecieron en televisión cuando fue encontrado el cuerpo sin vida de Digna Ochoa. Se supone que la ventaja de hacer un documental sobre un caso que tuvo una generosa cobertura en los medios masivos de comunicación es evadir la censura y sacar a la luz hechos nuevos o que serían incómodos para las televisoras y los periódicos. Con Digna… pasa todo lo contrario. Es tan incoherente, está tan mal estructurado, que para tratar de seguir la argumentación uno debe remitirse a lo que ya sabía gracias a las notas periodísticas. Entre los pocos datos novedosos que salen en pantalla destaca el hecho de que a Digna Ochoa le gustaban los frijoles o que su mamá se ponía histérica cuando sus hijas se quedaban en las fiestas hasta altas horas de la noche (las once, para ser exacto).

Hay testimonios de algunos de sus defendidos en la Sierra de Petatlán, con información pertinente sobre su actividad a favor de los derechos humanos, interrumpidos por aspectos de su vida amorosa y de su formación religiosa que impiden ubicar la lucha de los campesinos ecologistas en un contexto adecuado. Se menciona al EPR de pasada, se incluyen varios minutos detallando la visita de un representante de la CNDH a Chiapas tras la matanza de Acteal sin explicar qué relación tiene con Digna Ochoa. En la lógica izquierdista de lo que todos sabemos participan periodistas como Granados Chapa diciendo que tal vez la muerte de Digna fue un crimen de Estado, que quizás la mandaron asesinar los caciques de Guerrero y que probablemente las autoridades federales estaban encubriendo a los culpables. Por una parte se supone que los espectadores del documental conocen el caso de memoria y sólo buscan confirmar sus opiniones, por el otro se repite lo mismo que ya había salido en diversos canales de televisión (como el 40, de donde se tomaron fragmentos de entrevistas) como si se tratara de un tema inédito.
El bodrio se complementa con unas reconstrucciones de ternurita, sólo para que Vanessa Bauche, nuestra defensora de los humildes región 4, haga el ridículo fingiendo que unos tipos de gafas negras la siguen en el mercado, en el metro, en las calles a bordo de una camioneta negra, etc. Esto podría omitirse sin el menor problema y con la ventaja adicional de que la película sería un poco menos tediosa. Tal como está filmado este documental la única manera de abatir el aburrimiento es tener a la mano un buen libro o ya de perdida jugar con el celular en lo que termina, en caso de que uno tenga que chutárselo a la fuerza. No se pierde uno de nada porque visualmente Digna: Hasta el último aliento es realmente espantable, una colección de cabezas parlanchinas que no dicen nada interesante, a veces encimadas sobre triviales imágenes de archivo, del Subcomediante Marcos o de acarreados en una manifestación, da igual.
DIGNA: HASTA EL ÚLTIMO ALIENTO
Dirección: Felipe Cazals; Guión: Felipe Cazals; Producción: Luis Kelly, Vicente Silva;
Fotografía: Hugo Díaz, Miguel Garzón; Edición: Felipe Cazals, Moisés Carrillo; Elenco:
Vanessa Bauche (Digna)
México, 2003, 120 min.
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