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3:10 misión peligrosa (3:10 to Yuma)

Para ser un género muerto el western sigue dando de qué hablar. Ya quedaron atrás los tiempos donde las películas de vaqueros eran una parte indispensable del repertorio de cualquier sala cinematográfica, por lo general reservadas al poco exigente público infantil que abarrotaba las matinées para divertirse con las aventuras de Tom Mix, Buck Jones, Bill Boyd, Tim McCoy. Para los años cincuenta, cuando la televisión hacía sus propios programas de vaqueros, el cine optó por el realismo. De pronto los pistoleros se volvieron personajes complejos, con problemas psicológicos tan importantes como su habilidad para usar las armas. Ya no es un género que genere ganancias automáticas, como lo fue en su mejor época, y eso obliga a sus directores actuales a ofrecer obras extraordinarias si han de atraer al público. 3:10 Misión Peligrosa no está a la altura de ese clásico contemporáneo que es Los Imperdonables, pero se queda muy cerca y es una película que vale mucho la pena para cualquier espectador.

Se puede decir que esta nueva versión del cuento de Elmore Leonard es casi una recapitulación de todo el género. En el nivel más primitivo, más visceral, está el espectáculo de la violencia. El asalto a la diligencia que abre la película es tan emocionante como cualquier secuencia del western clásico. La emboscada que la pandilla de Ben Wade le tiende a los Pinkertons (guardias de seguridad contratados para proteger los bienes de las empresas), quienes repelen la agresión con rifles y una ametralladora Gatling, no le pide nada a las modernas escenas de acción. La muerte de casi todos los Pinkertos y de algunos seguidores de Wade no hace sino advertirle al espectador de la facilidad con la que se podía asesinar a alguien en esa época. Incluso desde antes de esta secuencia, cuando el protagonista Dan Evans (Christian Bale) despierta en medio de la noche y es incapaz de evitar que los emisarios del banquero local quemen su granero, esta sensación de peligro ya está en el ambiente.

A medida que avance la historia y Ben Wade manipule cada situación a su favor, el riesgo para sus guardianes irá en aumento. 3:10 Misión Peligrosa es una cinta ostensiblemente realista y sin embargo sus niveles de crueldad se aproximan a la obra de Sergio Leone. El amanerado psicópata que sigue a Wade como perrito faldero y que no permitirá que su admirado jefe sea encarcelado, los apaches que atacan de improviso la fogata, los pistoleros que quisieran saldar cuentas pendientes con el famoso forajido y de paso escapar del tedio de vigilar a los coolies que construyen el ferrocarril, el asesinato gratuito de los hombres que ya habían depuesto las armas. En cada episodio acecha la posibilidad de que muera alguno de los personajes, únicamente se tiene la certeza de que Dan Evans y Ben Wade llegarán a la cita con el tren de las 3:10 porque sus rostros corresponden a los de actores de gran cartel.

Por otra parte, esta letanía de peligros encubre personalidades bien definidas. La mayor parte del tiempo está dedicada, por supuesto, a los dos personajes que ejemplifican el dilema ético del western maduro, una vez superada la simpleza moralista que dictaminaba que los buenos vestían de blanco y debían triunfar siempre sobre los malos ataviados de negro. Las películas de vaqueros, a partir de los cincuenta, nunca han evitado reconocer que los granjeros con un código de ética debían sobrevivir con lo indispensable mientras los pistoleros amorales con frecuencia disfrutaban de todos los lujos imaginables. En 3:10 Misión Peligrosa se recupera esta tradición con la escena donde Wade le cuenta a Will, el hijo adolescente de Dan, los placeres que un hombre con dinero podía encontrar en la lejana Dodge City. Antes, en las primeras imágenes de la cinta, podía verse como Will guardaba junto a la cama un ejemplar de las novelas de vaqueros que en gran medida crearon la leyenda del Viejo Oeste.

Contado así puede parecer superfluo, o un método demasiado fácil para incluir una moraleja en una simple cinta de balazos. No lo es porque la relación entre Dan y su hijo es una parte crucial de la película. Dan perdió el pie izquierdo cuando peleó en la Guerra Civil y la cautela con la que se maneja desde entonces molesta a Will, cansado de la pobreza y de los abusos que sufre su familia. La forma en que Will llega a admirar a su padre es tan importante como la rivalidad de éste con Wade, que poco a poco se convierte en un respeto mutuo. Obligados por las circunstancias y por el simple hecho de sobrevivir juntos a varios peligros, Dan Evans y Ben Wade comparten secretos que habían ocultado incluso a sus compañeros más cercanos. Es justo señalar que aquí es donde el guión debe obedecer la regla hollywoodense que indica que los personajes interpretados por actores carismáticos deben tener algún rasgo que los redima. No es casual que sea un relativo desconocido el encargado de dar vida al único pistolero sin posibilidades de redención, con Ben Foster llamando la atención como lo había hecho ya en Sospechas Mortales, aunque para algunos sea un tanto exagerado.

No obstante tanto Christian Bale como Russell Crowe tienen la oportunidad de mostrar facetas menos agradables de sus respectivos personajes. Cuando Dan sorprende a Ben en el hotel está claro que su intención no era atrapar al forajido sino vengarse de las humillaciones de Hollander, mientras que Ben Wade mantiene la calma en todo momento, sólo perdiendo el control cuando algún factor imprevisto estropea sus planes. Ambos actores son perfectamente capaces de transmitir esta ambivalencia. Dan Evans se esfuerza tanto por ser pacífico que uno sospecha que su serenidad oculta una gran capacidad para la violencia, así sea con la intención de restaurar el ego que los doctores le amputaron, y aquí la intensidad de Christian Bale recuerda la de El Maquinista. Por su parte, Russell Crowe comprueba una vez más que pocos actores son tan aptos como él para interpretar a sujetos arrogantes y simpáticos pese a todo. Tal vez sería más lógico que los custodios de Ben Wade lo amordazaran para no tener que oír sus constantes burlas, pero eso nos privaría de los comentarios sarcásticos del personaje, a la vez divertidos y aterradores.

Comp puede verse en la escena que acompaña este texto, 3:10 Misión Peligrosa no es una cinta que se distinga por sus innovaciones formales. La dirección de James Mangold busca retomar el estilo clásico del western, permitiendo que el aspecto visual sirva las necesidades de la narración, antes que tomar la cinta como pretexto para su lucimiento personal. Es profundamente respetuoso de la versión dirigida por Delmer Daves en 1957, versión que llegó a conocer muy bien como estudiante de cine en Cal Arts, y en general de la tradición hollywoodense. 3:10 Misión Peligrosa le sirve no sólo para actualizar un género cada vez menos practicado, sino para rendir homenaje a los métodos de trabajo de sus directores favoritos, sin exhibicionismo, simplemente poniendo en práctica los viejos lemas, que según David Bordwell pueden resumirse como contar historias simples con emociones complejas. No se me ocurre una mejor frase para describir esta película, que a base de oficio crea un espectáculo donde conviven la vitalidad del western clásico y la ambigüedad del cine moderno, con tanta habilidad que se pueden perdonar fácilmente algunos de sus detalles menos convincentes (las medidas de seguridad de la diligencia comparadas con las del tren, la seducción de la cantinera), sobre todo cuando se tiene una imagen final tan memorable.

3:10 MISIÓN PELIGROSA
(3:10 to Yuma)
Dirección: James Mangold; Guión: Michael Brandt, Derek Haas, Halsted Welles, basado en el cuento de Elmore Leonard; Producción: Cathy Konrad; Fotografía: Phedon Papamichael; Música: Marco Beltrami; Edición: Michael McCusker; Elenco: Russell Crowe (Ben Wade), Christian Bale (Dan Evans), Logan Lerman (Will Evans), Peter Fonda (Byron McElroy), Gretchen Mol (Alice Evans), Ben Foster (Charlie Prince), Dallas Roberts (Grayson Butterfield), Alan Tudyk (Doc Potter), Vinessa Shaw (Emmy Roberts), Kevin Durand (Tucker), Lennie Loftin (Hollander)
EE.UU., 2007, 120 min.

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