Cuando una película de serie B echa a perder un buen concepto se le perdona porque casi siempre se debe a la falta de dinero o de tiempo para hacer las cosas bien. Pero cuando una producción hollywoodense desperdicia una premisa interesante, a dos actores que han recibido premios y nominaciones, millones de dólares en el rodaje y la publicidad, por no decir nada de las curvas de Jessica Biel, sí es como para poner una queja en la Profeco. La idea, tomada del cuento de Philip K. Dick, no es mala: Chris Johnson tiene la habilidad de ver el futuro, pero sólo en un lapso de dos minutos y en asuntos que le afecten directamente. Para ser sincero, el talento de Johnson tampoco es tan impresionante. Yo puedo conocer el futuro con media hora de anticipación, pero sólo cuando estoy frente a una película tan estúpida como ésta.

Nicolas Cage en El Vidente. La cara de confusión no es actuada.

Nicolas Cage en El Vidente. La cara de confusión no es actuada.

Las paradojas temporales llegan en cascada. La primera de ellas es que un guión escrito por tres personas adultas no pierda el tiempo para insultar la inteligencia del espectador. Un monólogo le permite explicar a Chris Johnson (Nicolas Cage) que decidió usar su don para convertirse en un mago de quinta en Las Vegas, con frecuentes visitas a los casinos, para “ocultarse a la vista de todos”. Más adelante él mismo explica que ha tenido ese raro talento desde que nació. Si tuvo toda la vida para practicar su habilidad, ¿por qué no la aprovecha para algo más lucrativo? El tipo es tan exacto en sus predicciones que puede esquivar las balas de un francotirador. Con semejante precisión, ¿por qué no se dedica a los deportes? Con su talento podría ser el mejor jonronero del mundo (sin necesidad de inyectarse), o campeón de box en su categoría, o quarterback en cualquier equipo de la NFL. Pudiendo predecir la trayectoria de una pelota con dos minutos de antelación, Chris Johnson podría ser el portero mejor pagado de la Premiere League. Tendría que “equivocarse” de vez en cuando, para no levantar sospechas, pero con toda una vida de experiencia midiendo hasta dónde puede emplear sus facultades adivinatorias eso no debería ser un problema.

Pero entonces la película sería demasiado inteligente. Si los tres guionistas de El Vidente tuvieran un poco de sentido común tendrían que responder cómo es que la agente Callie Ferris del FBI (Julianne Moore, todavía interpretando a Clarice Starling) descubrió el secreto de Chris Johnson. Cuando la conocemos, Callie Ferris ya sabe de la existencia de Johnson y está segura de que su talento le puede servir al gobierno de Estados Unidos para detener a unos terroristas que robaron una bomba nuclear en Rusia y podrían usarla para destruir una ciudad norteamericana. Así, de buenas a primeras, el guión decide ignorar las más elementales dudas del público y disfraza su incoherencia con el tema de las armas de destrucción masiva en manos de grupos terroristas. Las paradojas temporales se acumulan. ¿Exactamente cómo piensa la agente Ferris que una advertencia de dos minutos le va a servir al FBI para desactivar una bomba que podría estar en territorio norteamericano para un posible ataque terrorista? ¿Cuántos miles de expertos en desarmar bombas nucleares se necesitarían para proteger cada ciudad de Estados Unidos en espera de que Chris Johnson les proporcione una pista sobre el paradero del artefacto?

El Vidente es uno de esos churros hollywoodenses que trata de darle gusto a los fanáticos de George W. Bush y a quienes lo detestan. Por una parte la película insiste que Callie Ferris tiene razón en abusar del poder del gobierno federal para detener a un grupo terrorista que quiere masacrar a “ocho millones de inocentes” (¿por qué ocho millones y no seis o siete?, quién sabe), lo cual tiene cierta lógica hasta que uno se da cuenta que el carácter “duro” de la agente (y que Julianne Moore no transmite ni por error) es sólo un pretexto para que el héroe nominal parezca menos irresponsable de lo que es. Si los agentes del FBI simplemente se acercaran a Chris Johnson al terminar uno de sus lamentables shows, para explicarle con calma y sin aspavientos que su ayuda podría ser muy valiosa para salvarle la vida a miles o millones de personas el protagonista no tendría motivo alguno para huir. Pero como es necesario que la película contenga algún tipo de crítica a las medidas draconianas de Bush los agentes del FBI invariablemente se acercan a Johnson pistola en mano y exigiéndole que se rinda de inmediato, aunque al final el guión los justifique porque “la libertad conlleva responsabilidad” y tal. Según la película, en caso de un posible ataque nuclear el FBI actuaría de la forma más impulsiva posible y sin tomar en cuenta las probabilidades reales de que un civil pudiera ayudarlos. En pocas palabras, el FBI es como Jack Bauer con un tumor en el cerebro. Y al mismo tiempo es una institución que actúa con una eficacia insólita.

Julianne Moore en El Vidente. La cara de aburrimiento no es actuada.

Julianne Moore en El Vidente. La cara de aburrimiento no es actuada.

En su prisa por ensalzar las acciones del gobierno de Jorgito Bush, El Vidente comete errores propios de una cinta de Steven Seagal o Jean-Claude Van Damme. Así, por ejemplo, el FBI tiene computadoras con la sorprendente capacidad de ampliar una fotografía del auto en el que huye Johnson hasta que una minúscula etiqueta en el parabrisas les proporciona pistas sobre el rumbo que tomó su presa. Esto es pura fantasía porque al ampliar una fotografía tradicional el grano se revienta hasta que los detalles se vuelven ilegibles y en el caso de las imágenes digitales pasa lo mismo porque se pixelan. Sin embargo los tres guionistas de El Vidente suponen que el público es tan baboso que nunca notaría estas pifias. Como tampoco objetaría la idea de que el FBI es tan eficaz que a las pocas horas de detectar la ubicación de Chris Johnson podrían tenerlo rodeado con todo el equipo que hace falta para grabar sus conversaciones, como si tuvieran esos aparatos en camiones listos para partir en cualquier momento y a lo largo de todo el territorio norteamericano. Más tarde, cuando Johnson se escapa de unas instalaciones militares los federales le siguen la pista con un helicóptero que al parecer ya sobrevolaba la zona, por si acaso.

El Vidente confía tanto en la amenaza de una explosión nuclear en un centro urbano que nunca se molesta en aclarar por qué sus terroristas no parecen pertenecer a ningún grupo reconocible (¿para no ofender a los admiradores de Al Qaeda, tal vez?) y que tampoco tienen una razón para un ataque tan desmedido. Lo único que se sabe de ellos es que son una extraña mezcla de europeos con orientales, sin ideología definida y con una capacidad operativa que supera con mucho a la de una célula terrorista normal. Mientras que este tipo de organizaciones actúan con grupos reducidos en instalaciones precarias los criminales de El Vidente tienen a su disposición medio centenar de efectivos fuertemente armados, reunidos todos en un muelle para facilitarle las cosas a sus perseguidores y con tanta suerte que descubren la existencia de Chris Johnson ¡espiando a Callie Ferris con unos binoculares desde el edificio de enfrente! ¿Pues qué los brillantes agentes del FBI no cierran las persianas antes de planear sus actividades? A decir verdad, los terroristas también son bastante tontos. Nunca se les ocurre que es una mala idea cometer sus fechorías a bordo de una camioneta con placas registradas a nombre de la misma empresa que les sirve de escondite.

Cuando las partes “realistas” de una película contienen tantas incoherencias es de esperarse que los superpoderes de Chris Johnson varíen de acuerdo a las exigencias del argumento. Al principio todo hace suponer que su talento le permite observar el futuro inmediato y actuar una sola vez para cambiarlo, como cuando somete a un potencial homicida. Más tarde resulta que eso no es todo, porque el tipo también puede comparar varios futuros posibles, uno tras otro, hasta elegir el que más le conviene, como cuando se le acerca a Liz Cooper (Jessica Biel) en un restaurante… aunque para desechar sus patéticos intentos de ligue no haga falta ser clarividente. Eso me recuerda el día que me encontré a Jacqueline Arroyo en la calle: lo primero que me pasó por la mente fue darle una nalgada y después decidí que era mejor quedarme con las ganas. ¿Será que tengo poderes mágicos?

Jessica Biel en El Vidente. El gesto de desesperación tampoco es actuado.

Jessica Biel en El Vidente. El gesto de desesperación tampoco es actuado.

En escenas posteriores las reglas vuelven a cambiar, ampliando el alcance de sus poderes y también permitiéndole a Johnson multiplicarse para explorar cada futuro posible. Por si fuera poco, la película nos explica que Johnson está obsesionado con Liz Cooper porque a su lado sus poderes parecen expandirse, lo cual es un pretexto barato para brincarse el límite de los dos minutos, con lo que se pierde el chiste del personaje: no por nada Batman es más interesante que Superman. Además, eso de que Chris Johnson necesite una razón extra para querer conocer a Liz Cooper tampoco tiene mucho sentido. ¿No es suficiente con que ella tenga el rostro y el cuerpo de Jessica Biel? En realidad ni siquiera era necesario inventarse todo el rollo del destino para incluir a Liz Cooper en la trama. Con que fuera la novia o esposa de Chris Johnson sería más que suficiente y se respetaría la premisa original.

Si creen improbable que una mujer como Jessica Biel andaría con un tipo como Nicolas Cage les cabe toda la razón, aunque no tan improbable como el romance fulminante que ambos comparten en El Vidente. Ella cae rendida a sus pies aunque él sea ignorante (dice que el Gran Cañón es una de las ocho maravillas del mundo), manipulador (para que ella se sienta mal él insiste en dormir en el auto cuando llegan al hotel, ¿por qué no renta otro cuarto?) y tacaño (a uno de los alumnos de Liz le regala una lagartija, ¡qué espléndido!). Eso sin mencionar el principal defecto de Nicolas Cage en la película, que contra lo que pudiera pensarse no es su actuación sino su cabello. Ya sé que en trabajos anteriores (Con Air) Cage salía como si lo hubiera peinado su peor enemigo, pero su apariencia en El Vidente supera todas las expectativas: tiene el pelo tan grasoso y descuidado que parece que un bromista le puso un gato muerto en la cabeza.

Cage es un actor muy errático, con un historial donde se alternan los trabajos sobresalientes (Leaving Las Vegas) con los bochornosos (The Wicker Man), esa tragedia capilar bastaría por sí sola para colocar a El Vidente en la segunda columna. Además Cage, un fanático de los superhéroes, no demuestra el menor entusiasmo por su personaje. Igual de apática está Julianne Moore, a quien muchos definen como una actriz valiente, y con mucha razón. Debe ser muy valiente para poner en juego su reputación aceptando papeles sin antes leer el guión. Tan deficientes son las actuaciones de Cage y Moore que la que termina destacando, aunque usted no lo crea, es la suculenta Jessica Biel. Su personaje también está mal escrito (cuando los terroristas la raptan ella les pregunta “¿quiénes son ustedes y qué me van a hacer?”; sí, linda, te van a contestar) pero al menos hace su trabajo con un mínimo de convicción.

Misma convicción que le faltó a Lee Tamahori para preparar las escenas espectaculares, que tienen destellos de ingenio por la forma en que Chris Johnson usa su habilidad para escapar de sus perseguidores y que sin embargo fracasan por los roñosos efectos especiales por computadora, como de videojuego barato, y por los descuidos que les restan credibilidad, como la irrupción del FBI en el cuartel general de los malosos en compañía de un personaje crucial que ni siquiera se molesta en ponerse un chaleco antibalas. Por muy fantasiosa que sea una película debe tener cierta lógica para que uno pueda seguir la trama, a menos que uno opte por una narrativa experimental u onírica, que no es el caso. El Vidente quiere ser una historia de acción con un superhéroe más o menos plausible. El chapucero guión de Paul Bernbaum, Gary Goldman y Jonathan Hensleigh, así como la falta de entusiasmo de Lee Tamahori, Nicolas Cage y Julianne Moore impiden alcanzar ese modesto objetivo. Si no fuera por Jessica Biel no habría razón alguna para verla.

EL VIDENTE
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Dirección: Lee Tamahori; Guión: Paul Bernbaum, Gary Goldman, Jonathan Hensleigh, basado en el cuento The Golden Man de Philip K. Dick; Producción: Christopher Jenkins; Fotografía: David Tattersall; Música: Mark Isham; Edición: Christian Wagner; Elenco: Nicolas Cage (Frank Cadillac), Julianne Moore (Agente Callie Ferris), Jessica Biel (Elizabeth Cooper), Thomas Kretschmann (Mr. Smith), Tory Kittles (Agente Cavanaugh), José Zúñiga (Roybal), Jim Beaver (Eric Wisdom)
EE.UU., 2007, 96 min.