Babel
Siempre hay que recordar que el cine es un arte colectivo en el que intervienen tantas personas para completar un proceso técnico tan complicado que no es nada fácil determinar la causa de que una película salga defectuosa. Lo prudente es esperar a ver algún otro trabajo del mismo equipo creativo y a partir de ahí tratar de asignar la culpa por lo que salió mal. Algo así me ha pasado con González Iñárritu. Después de Amores perros, que se desinfla en la segunda historia, o 21 gramos, que es simplemente incomprensible, yo lo había catalogado como un exhibicionista cuyo principal talento era la autopromoción. Ahora, con Babel, me queda claro que el punto débil de sus películas tiene nombre y apellido: Guillermo Arriaga.
No es casualidad que los mejores momentos de Babel sean los que sirven sólo para ambientar la historia. Son escenas donde la fotografía de Rodrigo Prieto y la música de Gustavo Santaolalla se conjugan para acercarse a la trascendencia que el guión busca tan desesperadamente. Pero en cuanto los actores abren la boca lo esquemático de sus personajes impide que las pretensiones se materialicen. Hay interés en cada una de las subtramas, aunque dependan demasiado del idiot plot y la relación entre las mismas sea tenue. El mensaje es sincero, es propuesto con solemnidad y, como muchas moralejas del séptimo arte, visto de cerca es más que dudoso.

ACTING!: Brad Pitt en Babel
Sería más fácil involucrarse con los protagonistas si supiéramos más de ellos. Por desgracia, desarrollar más cada historia dejaría a Guillermo Arriaga sin la oportunidad de saltar en el tiempo, aunque esos brincos no aporten ni siquiera suspenso porque es fácil adivinar, por ejemplo, que los niños güeritos a cargo de Amelia son los hijos del matrimonio que vacaciona en Marruecos. En Los tres entierros de Melquiades Estrada quedó claro que Arriaga puede contar un relato de la manera tradicional y hacerlo bien, por eso no entiendo la necedad de reunir tres historias incompletas pensando que eso es suficiente para exponer una gran verdad.
El mejor segmento es sin duda el ubicado en Japón, con una Rinko Kikuchi que se roba la película sin decir una palabra, pero la relación con el resto de la historia es endeble y el registro también es muy distinto al de los otros fragmentos. No sólo porque pasemos de los desiertos de Marruecos y México a la vorágine urbana de Tokyo, sino porque los problemas que atraviesan los personajes son diametralmente opuestos. No es lo mismo tener que sobrevivir en un paraje inhóspito que superar los traumas causados por la discapacidad en una sociedad homogeneizada. Tampoco sería conveniente eliminar el dilema de Chieko porque contiene los mejores hallazgos formales de Babel.

Rinko Kikuchi en Babel
El principal error de este segmento, magnificado en los otros, es que Arriaga no está contento hasta no humillar por completo a sus personajes. Al menos lo que le hace pasar a Chieko no es un asunto de vida o muerte (lo peor que le puede pasar es que se resfríe), pero en el caso de los niños marroquíes o la niñera mexicana el guión los obliga a tomar decisiones increíblemente tontas sólo para darle mayores dosis de dramatismo a la cinta. Disparar un rifle de alto poder contra un autobús de pasajeros es tan estúpido que la posterior persecución de los niños por parte de las autoridades de Marruecos parece más necesaria que injusta, hay que detenerlos antes de que maten a alguien sin querer queriendo. Se entiende el interés de Amelia por asistir a la boda de su hijo, pero llevar consigo a un par de niños pequeños sin asegurarse primero de que no habrá problemas para cruzar la frontera de regreso es absolutamente irresponsable. Hasta cuando ya están en peligro mortal siguen con las malas decisiones: corriendo de unos gendarmes que primero disparan y luego averiguan, evitando tomar las medidas pertinentes para ubicar el trozo del desierto donde dejó a un par de niños chiquitos.
Todo esto podría olvidarse fácilmente si la moraleja propuesta por Babel fuera sólida. Sucede todo lo contrario. A lo largo de la película vemos cómo la imposibilidad que tienen los personajes para comunicarse verbalmente los pone en aprietos, lo cual no es algo novedoso pero puede dar pie a reflexiones más intrincadas. El problema es que la solución propuesta por Arriaga no resiste el análisis. Frecuentemente vemos en Babel como la comprensión entre los personajes se establece por el tacto, callando y permitiendo que la mera presencia de otra persona comunique algo que las palabras no pueden decir. De esta forma es un sencillo apretón de manos lo que señala que Richard y Susan pueden reconciliarse, la inocencia de los niños güeritos les permite integrarse a una boda de rancho aunque provengan de un ambiente muy distinto, el amor incondicional de un padre por su hija se expresa sólo con un abrazo.

Gael García Bernal en Babel
Es un mensaje conmovedor, lleno de fe en el género humano y completamente falso. Se necesita ser muy ingenuo para pensar que los problemas de la humanidad pueden solucionarse con sólo escucharnos mutuamente. En los conflictos que Babel menciona -terrorismo, pobreza, inmigración ilegal- intervienen factores económicos, políticos y sociales que no se van a resolver con el puro contacto físico. Igual de engañosa es la tesis que nos indica que los diferentes lenguajes que hablamos son la causa de nuestras desavenencias. En realidad si pudiéramos despojar a alguien de todo lo que el lenguaje involucra -no sólo el habla, sino toda la tradición cultural que conlleva- el resultado sería más parecido a un recién nacido que a un ser humano íntegro y comprensivo. Si fuera posible eliminar la cultura y empezar de nuevo perderíamos tanto que acabaríamos peor que al principio.
Me queda claro que los otros colaboradores de González Iñárritu son extraordinarios. La facilidad con la que Rodrigo Prieto pasa del desierto más inhabitable a la urbe nipona es sorprendente, tanto como la de Santaolalla para remitirnos a los ritmos característicos de cada región sin emplear citas directas. Asimismo, el director ya demostró que trabaja muy bien con actores. Eso se nota en los niños: seguro que no se dirigieron solos. Hay secuencias que nos hablan de un cineasta con un potencial enorme que hasta la fecha ha debido trabajar con libretos que están por debajo de sus capacidades. No hay duda: Arriaga le hizo un favor a González Iñárritu cuando lo mandó al averno.
Trailer de Babel:
Cinefagia en Facebook
No comporta tu opiniòn, especialmente con los niños Marroquìes y la nana…
Las emociones hacen que la racionalidad sucumbe ante lo irracional, ¿o cuando te enojas o se molesta alguien?, ¿actua racionalmente?, seria màs falso pensar que las personas actuaran todas con una logica congruente…
Como bien dice una frase ¿que hago primero, corro cuando tengo miedo o tengo miedo cuando corro?…
No si has visto incluso las noticias, cuando un niño jugando en valparaiso incendio varias casas, afectan directa y indirectamente, la vida de varias personas …El arma que dejò una secuela abierta en una niña, sirvio para estropiar la vida de otros y en su rafaga de miseria, volvio a tocar la herida del originario.
En fin…
Es mi opiniòn
Atentamente Carolina Sofia
Muy respetable tu opinión, lo que dices sobre la capacidad que tenemos las personas para hacer tonterías que ponen en peligro a los demás es totalmente cierto. En el caso de la película lo que me molesta es la forma como se presentan este tipo de circunstancias dentro de la narración, como hechos aislados. Siento que el guionista se va por la vía fácil de incluir resortes melodramáticos en la película (niños abandonados en el desierto, la mujer herida de bala) sin idear una trama que lo justifique. Creo que el episodio más logrado es el de Japón justamente porque es donde Arriaga deja que los acontecimientos fluyan de forma más natural, al menos hasta el final cuando se le ocurre encuerar a Chieko de forma gratuita.
Perdón por no contestar antes, por estar ocupado con asuntos ajenos a la página no he tenido tiempo de checar los comentarios tan seguido como quisiera.
A mí tampoco me parecen poco creíbles las decisiones que toman los personajes. Irracionales (o estúpidas si quieres, como dices) sí. Pero ¿de aquí a cuando los niños se comportan racionalmente? Jugar a dispararle a un camión es lo más común para ellos. De hecho les encanta jugar a dispararle a todo, es natural que no midan las consecuencias de sus actos si les das un arma real. Conozco casos de niños que han matado a sus amiguitos sin quererlo jugando con un rifle de copas que habían tomado a escondidas presisamente para jugar. De hecho, curiosamente ayer estaba viendo en wikipedia unas estadísticas de muertes por armas y ¿adivina que? México es el país con mayor ratio de muertes no intencionales con armas de fuego:
http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_firearm-related_death_rate
Y si no pregúntale a Carlos Salinas de Gortari XD
Ahora lo de la sirvienta mexicana se me hace mucho más justificable. Es la boda de tu hijo único al que nunca ves, tienes planes hace meses y un rato antes del viaje te dicen que no puedes ir. ¿Qué harías tú si fueras ilegal en esta situación? Lo que decide es algo estúpido sí. Tan estúpido como cruzarse de mojado, pero la necesidad te orilla a hacer muchas cosas estúpidas. Sin embargo los actos estúpidos pueden traer consecuencias, y de hecho aquí las tienen. Puedes tildarlas de resortes melodramáticos pero es lo que podría pasar si juegas con fuego o si violas la ley. Y las consecuencias pudieron ser mucho más graves, ya que al final todo se resuelve y final feliz para todos (al menos en parte).
Tapoco considero gratuito (aunque sí sospechosamente conveniente) aquello de la desnudez de Chieko, pues desnudos es la forma en la que las personas nos otorgamos esa “máxima expresión del amor”, desesperadamente buscada por la joven. Se sentía terriblemente sola y quería sentirse amada. En un último intento desesperado se intenta mostrar y entregarse tal y como es, esperando que no la rechacen de nuevo. Y el detective hizo justo lo que nadie había hecho con ella: no huir. Claro que tampoco tenía por qué quedarse así desnuda hasta el final de la película, lol.
Ahora, yo no creo que como dices la “moraleja” haya sido que con un abrazo y comunicación se van a resolver todos nuestros problemas. Tampoco entiendí que la sujerente alternativa tenga que ser deshacernos del lenguaje o de la cultura, no se de donde sacaste aquello. Me parece mucho más que su intención fue hacernos ver que el mundo está conectado (un disparo en Marruecos que despoja a una inmigrante mexicana de su estancia en los Estados Unidos y salva la vida de una solitaria joven en Japón); que incluso quienes compartimos un mismo idioma creamos barreras entre nosotros que nos impiden entendernos, tanto que pareciera que hablamos distintas lenguas; y que en cualquier parte del planeta las personas sufrimos (ya sea por desgracias externas o por dichas barreras que nos hayamos erigido) y tenemos por lenguaje común el de los sentimientos (muy cursi sí, pero real también).
En fín, no es mi película favorita del ex dúo pero sí creo que tuvo bastantes más aciertos de los que remarcas, y varios menos defectos de los que la acusas.
Salud y pesetas =D
P.D.: Veo que tampoco tienes la mejor opinión de Amores Perros, si alguna vez tienes la oportunidad te recomiendo infinitamente la veas “Con comentarios del director y del guionista”. Nunca la volverás a ver con los mismos ojos.