Otra secuela que nadie quería. Pocos hemos podido olvidar la experiencia traumática que fue la adaptación del juego de rol Calabozos y Dragones, exhibida en pantalla grande en el 2000. Uno no sabía si reírse o llorar contemplando la jedionda sobreactuación de Jeremy Irons, el humor degradante de Marlon Wayans o los efectos especiales de ternurita. Ahora, como la prueba irrefutable de que Gary Gygax le vendió su alma al diablo, llega a las pantallas mexicanas la segunda parte de ese bodrio. Por cierto, en el resto del mundo esta película se fue directo a DVD.

A decir verdad, Calabozos y Dragones 2: La Ira del Dios Dragón no alcanza los niveles de ignominia de la primera parte, aunque esa era una misión imposible para cualquier cineasta que no fuera retrasado mental. Tal vez si se la hubieran encargado a Uwe Boll o a Arturo Ripstein… En fin, en esta ocasión los productores se compadecieron de los espectadores y se consiguieron un guión presentable, un elenco integrado por ilustres y cumplidores desconocidos (de la primera entrega sólo Bruce Payne tuvo la desfachatez de repetir), un director con un poco de experiencia y una computadora decente para hacer los efectos especiales. Con todos estos elementos se obtiene algo muy similar a un episodio extralargo de Xena (pero sin lesbianas de closet) o Hercules (pero sin gays de closet).

La Ira del Dios Dragón es más fiel al juego favorecido por miles de adolescentes en todo el mundo que no han conocido mujer. La película cuenta la historia de cinco héroes -un guerrero, un ladrón, una hechicera, una amazona y un clérigo- que son enviados a recuperar la esfera mágica que fue robado por el malvado Damodar para controlar el poder del dragón Faradul y bla bla bla. Es la misma fórmula que llevara Peter Jackson al cine con su versión de El Señor de las Medallas. Nada más que con un presupuesto más reducido y con menos talento, delante y detrás de la cámara.

De hecho, el argumento es tan endeble que como la historia principal no da para mucho -en ella nuestros héroes resuelven acertijos y pelean con monstruos de CGI, enjuague y repita- los guionistas se sacaron de la manga una subtrama donde Melora, la esposa del protagonista, le ayuda a los magos del reino a descifrar el método que sus antepasados emplearon para derrotar al dragón del título la primera vez que a éste se le ocurrió chamuscar la comarca. De las dos líneas argumentales no se hace una y sólo alternando entre ellas es que puede uno medio entretenerse con la película.

Una de las ventajas de contar con tantos protagonistas es que en vez de darle una personalidad propia a cada uno los guionistas pueden hacer la pura finta. De esta manera, Melora es sufrida, Berek tiene dudas sobre su capacidad de liderazgo, Nim es pícaro, Ormaline es discreta (tan discreta que ni se nota), Dorian es comprensivo y Lux se encabrita a las primeras de cambio. El rasgo definitorio de los malos es que todos son muy malos. La coreografía, escenarios, vestuario y diálogos están al nivel del libreto, es decir, mediocre tirando a malo. Los efectos especiales oscilan entre las máscaras de hule y la informática subdesarrollada.

Por lo general los publicistas disfrazados de críticos, que tienen una cultura cinematográfica así de chiquita, siempre recurren al ejemplo más obvio para comentar una película. De esta manera, todas las de artes marciales son un pretexto para hablar de El Tigre y el Dragón, todas las de terror nos remiten a El Exorcista, todas las de ciencia ficción son herederas de La Guerra de las Galaxias y así sucesivamente. No importa que esos géneros tengan una historia más rica de la que ellos sospechan, que en muchos casos el teatro y la literatura hayan arado el mismo terreno desde hace siglos o que formen la base económica de la industria del cine: así como la cabra siempre tira al monte los publirrelaciocríticos siempre favorecen el discurso empobrecedor. Pero en este caso, los publicistas disfrazados de críticos, que tienen una cultura cinematográfica así de chiquita, tienen razón en comparar a Calabozos y Dragones 2: La Ira del Dios Dragón con la trilogía de El Señor de los Anillos. La fantasía no se reduce a eso, por supuesto, sólo que en este caso fue sólo el éxito de Peter Jackson lo que permitió que se filmara una secuela de un bodrio tan nefasto. Esta segunda parte no quedó tan mal, tomando en cuenta los antecedentes, pero tampoco hay motivo para verla, y menos en pantalla grande.

CALABOZOS Y DRAGONES 2
(Dungeons and Dragons: Wrath of the Dragon God)
Director: Gerry Lively; Guión: Robert Kimmel, Brian Rudnick; Producción: Steve Clark-Hall, Wolfgang Esenwein, Steve Richards; Fotografía: Igor Meglic; Música: David Julyan; Edición: Rodney Holland; Elenco: Mark Dymond (Berek), Clemency Burton-Hill (Melora), Bruce Payne (Damodar), Ellie Chidzley (Lux), Tim Stern (Nim), Lucy Gaskell (Ormaline), Steven Elder (Dorian), Roy Marsden (Oberon)
Lituania-EE.UU., 2005, 105 min.