Recuento de un verano nublado
Si el año pasado fue bastante pobre respecto a la oferta de superproducciones hollywoodenses este parece pintar todavía peor y lo malo es que apenas acabamos de terminar la primera mitad, así que todavía nos quedan unos cuantos meses de películas mediáticamente infladas pero vacías conceptualmente. Afortunadamente existen algunas opciones que pueden hacer nuestras delicias aunque la duda que surge es si realmente son películas de calidad o si simplemente resaltan al compararse con el grueso de la oferta cinematográfica.
Algo rescatable de este año es que las superproducciones pertenecen en su mayoría al género fantástico por lo que de seguir esta tendencia podríamos estar frente aun renacimiento de este género parecido al que se dio a finales de los setentas con la fiebre de Star Wars, que perduró hasta bien entrada las década de los ochentas y terminó trayendo la época dorada del cine gore. Ojalá, ya es hora de que el fantástico recupere la gloria perdida y acabe de una vez por todas con su estigma de cine infantil (gracias por el empujón Guillermo del Toro).
Superman Regresa… para hacerse buey
¿Recuerdan la serie setentera de Batman? ¿Esa en donde bailaban el batitwist y cada vez que había catorrazos aparecían en pantalla onomatopeyas como ¡pum!, ¡sok!, ¡cuaz! y ¡moles!? Estoy seguro que de hacerse una encuesta entre los lectores de esta humilde página ocuparía un lugar en el top 5 de series favoritas de todos los tiempos y no es para menos pues fue la única serie de esos años que sin tapujos se burló de lo ridículos que fueron. Viene a colación porque la que personalmente esperaba que fuera la película del año parece estar desarrollada dentro de ese mismo universo retrógrada y retrasado mentalmente, más adelante ahondaré sobre esto.
Independientemente de la opinión que uno pueda tener sobre Superman, desde la supuesta simbología imperialista yanqui que le han querido adjudicar hasta las tendencias fascistoides que le han enjaretado algunos de los escritores de sus aventuras, lo cierto es que la cinta prometía demasiado al estar bajo la tutela de Bryan Singer, quien con X Men 1 y 2 había realizado lo que siguen siendo la mejores películas de superhéroes de todos los tiempos. Y no es para menos puesto que Singer no sólo supo hacer un par de cintas de acción sin paro, también supo como volverlas relevantes al introducirles elementos de crítica social y antropológica, redundando en un par de películas tan emocionantes como trascendentales.
Y lo mismo esperaba de Superman Regresa: una película llena de escenas con superpoderes, dramatismo heroico y emoción sin pausa que también contuviera elementos socioculturales que terminaran de una vez con la imagen de ahijado del tío Sam que rodea a Superman. Pero lo que Singer terminó haciendo fue una continuación directa de las cintas de Richard Donner, brincándose 20 años de evolución del cómic y retrocediendo al personaje a la época de Reagan y su alzheimer paranoico. Además de desperdiciar a un actor como Kevin Spacey convirtiéndolo en un bufón, recreando a un Lex Luthor que se comporta como si fuera villano de la serie de Batman (a esto me refería con lo que dije al principio) rodeado de secuaces tipo Disney y que depende más de la serendipia que de una mente diabólicamente maestra. En otras palabras, en vez de modernizar al personaje, haciendo de Luthor un Bill Gates que domina al mundo, lo convierte en un Vicente Fox del crimen, que no es capaz ni de controlar a su esposa.
Otro de los grandes desaciertos de la cinta es la necedad de explorar el lado humano del superhéroe. Al igual que sucedió con Batman Inicia, la película sobreexplota el romance entre Superman y una insípida y descolorida Lois Lane, resultando en interminables escenas de tensión sexual que ya habían sido realizadas, con mayor acierto aunque sin superar la mediocridad, en la serie Lois y Clark: Las nuevas aventuras de Superman, en donde por cierto no solo se casaron ambos personajes sino que contenía mayor demostración de superpoderes que la cinta en cuestión.
Y ese es el principal problema de la película. Si quiero ver una película sobre amores interrumpidos, relaciones humanas y quehacer social basta con echarle un vistazo a mi vida, en donde todo eso sucede a diario y de forma muchísimo más interesante que en Superman Regresa (y al menos no dura tanto… no, esperen eso sonó mal… bueno, ya ni modo). El nombre de Superman debe ponérsele a una cinta en donde podamos ver a un sobrehumano volar, destrozar objetos con su superfuerza, peleé contra amenazas extraterrestres, utilice su visión de calor para fundir robots asesinos y congele tsunamis con su superaliento, no para una cinta en donde lo más super es que Lois Lane haya aguantado sus supereyaculación, puesto que sesudos teóricos de los cómics han supuesto que la única capaz de tener una vágina con la resistencia necesaria para hacerlo es la Mujer Maravilla.
Las películas de superhéroes deben ser de acción sin límites, de efectos especiales bien hechos y de historia épicas. Nunca deben demostrarnos, de forma tan incisiva, lo anodino de nuestras vidas.
Piratas del caribe 2: El cofre del muerto
Sirva mi traducción del título original para hacer notar que el subtítulo con el que se promociona la película (El cofre de la muerte) es de lo más equivocado, pues en ninguna parte de la cinta parece un cofre que mate o que pertenezca a la parca, más bien es una metáfora de lo más linda que es la cereza en el pastel para una muestra de lo mejor del cine de este año y de repasón, darle en la torre a Superman, demostrando que el cine es la ventana más grande hacia los productos de la imaginación.
Dando una cátedra de como hacer cine fantástico, Gore Verbinski, quien aparte de tener un nombre bien chido debería dedicarse a hacer exclusivamente cine de este género, regresa con otro nuevo clásico después de dejarnos con la boca abierta con su reinterpretación de El Aro y la primera parte de esta saga (el que no hayan salido más cintas de piratas en este periodo es un misterio tan insondable como los fondos marinos).
Si bien la película tiene algunos fallos en la manera de contar la historia y le falta profundizar en algunas partes del guión, todo se le perdona gracias al excelente ritmo que tiene, que no da descanso a las sorpresas, y al aspecto visual, en donde se ve no escatimaron recursos ni imaginación y que tampoco son tan apabullantes como para que opaquen a la historia que se está contando.
Las actuaciones son exactamente las mismas de la primera parte, así que por ese lado no hay peros y los efectos especiales son mucho mejores que en la primera parte, lo que se convierte en una mejora bastante efectiva a la hora de fabricar una suspensión de la incredulidad, pues las imágenes son tan reales que no le queda más remedio a uno que creérselas. El único punto negativo es que son tantas las anécdotas que se incluyeron en el guión que puede resultar pesada por momentos y excesivamente ligera en otros, pero con un final como el que contiene todo puede perdonársele, sin duda alguna el mejor final para una cinta producida por Disney, quien debería abandonar de una vez por todas el mercado de la animación (y dejárselo a Pixar) y dedicarse de lleno a hacer películas tan entretenidas y completas como ésta.
Terror en Silent Hill
Los viejos lectores de revistacinefagia.com recordarán que cada fin de año publicamos nuestras listas con lo mejor y lo peor de los estrenos. Puedo adelantarles que mi película favorita (y por ende, que encabezará la lista de lo mejor) de este año será Silent Hill, así que no se la pierdan. Y no importa que no conozcan el videojuego que sirvió de inspiración y base para esta película pues con una atmósfera, fotografía y guión como los que contiene estoy seguro que les erizará los pelos del cutis, además de dejarlos rogando por más.
Christophe Gans se ha vuelto a superar. Si ya nos había sorprendido con Pacto de Lobos mostrándonos su manejo de las mitologías modernas a través de una fotografía hermosa, ahora nos aterroriza con la mejor adaptación al cine que se haya hecho de un videojuego. Los amantes de la saga Silent Hill saldrán satisfechos al saber que Gans no sólo jugó varias veces los cuatro volúmenes. Sino que supo clonar la manera en que se cuentan las historias, las tomas de cámara y, sobre todo, el miedo que la experiencia de jugar Silent Hill produce, hasta pareciera que los asientos vibran al igual que el control del playstation.
Sin embargo, y como ya mencioné, no es necesario haber jugado para entender la película. Las dudas que la historia produce son exactamente las mismas que uno tiene al terminar el juego y en eso radica su encanto, uno puede fabricarse su propia explicación y compararla con la de los demás, convirtiendo a la experiencia Silent hill en algo más enriquecedor y edificante.
El aspecto visual, tanto fotográfico como de efectos, es sin duda lo más meritorio de la cinta y es que solo con la maestría en las tomas se puede crear un terror atmosférico tan hondo y que cala hasta los huesos. El uso de la sangre solo es opacado con lo macabro de las escenas y los giros de tuerca son lo único que nos permite un respiro.
Gracias Christophe Gans, por demostrarnos que el cine fantástico seguirá vivo y con excelente salud mientras haya gente comprometida como tú.
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