Los Pajarracos
Tal parece que el cine de luchadores nuevamente se pone de moda. He ahí su principal error. Maquilar filmes con la figura del justiciero enmascarado teniendo como telón de fondo el pancracio, es un ejercico inútil si no se tiene la idiosincrasia necesaria para abordar el tema y, por supuesto, el conocimiento mínimo de las constantes que hicieron de él un subgénero plenamente codificado, cuya efectividad -amén de sus logros técnicos/narrativos- propició que fuera, junto con la comedia ranchera, el cine “mexicano” por antonomasia más allá de nuestras fronteras… aunque a los cinéfilo-intelectuales de postín todavía les duela el estómago aceptarlo.
Pero, ante recientes ejemplos como el cortometraje Amenaza: Dr. Veneno y el largometraje que ahora nos concierne, es evidente que las muestras más recientes de cine de luchadores no son ni la sombra de lo que fueron en los dorados años cincuenta: melodramas viriles donde la figura del luchador se enfrentaba a su condición de ser humano atribulado por las pasiones -p.e. La Bestia Magnífica o La Última Lucha- y, por supuesto, la mucho más socorrida veta fantástica donde los autóctonos héroes enmascarados enfrentaron lo mismo a mitos del terror clásico -vampiros/as, lobos/as, momias, científicos locos, extraterrestres-, brujería y las nuevas mafias de terroristas.
Miguel Rodarte en Los Pajarracos
…y si bien aquellas cintas no eran propiamente un ejemplo de lenguaje cinematográfico, ni mucho menos se caracterizen por su poética argumental; sí podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que cada uno de los filmes que nunca vio Nelson Carro, para escribir su malogrado texto El Cine de Luchadores (Editado por Filmoteca de la UNAM en 1984), poseían la mágica aura necesaria para convertirse en futuros legados pop de la cultura nacional y, en su momento, en delirantes diversiones proyectadas en programas dobles de los cines de barrio que hacieron las delicias no sólo de los gustozos del deporte del catch, sino del público en general.
Ahora bien, justo es decir que el mayor mérito de esos filmes radicaba en la figura del propio luchador, en la mayoría de los casos ídolos reales del cuadrilatero: los enmascarados Médico Asesino, Santo, Blue Demon, Mil Máscaras; e incluso figuras como Wolf Ruvinskis, Crox Alvarado y Fernando Osés, quienes prestaron su cuerpo y habilidades atléticas para dar vida a ficticios justicieros como Neutrón o La Sombra Vengadora.
Dicho lo anterior, después de ver Los Pajarracos surgen unas preguntas: ¿Qué tenemos de estos antecedentes en una película que a medio siglo de distancia retoma el género? Nada. ¿Qué aporta una cinta como ésta a la extensa filmografía de luchadores? Nada. ¿De que sirve un “homenaje” a la figura del luchador por medio de un personaje que no hace otra cosa que ridiculizarlo? Nada. En términos generales, ¿qué es y de qué se trata Los Pajarracos? Nada de nada …aunque bien podríamos decir que sí es algo: un insulto.
Un gran insulto para este tradicional género cinematográfico, un insulto para la misma figura del gladiador y por extensión para el aficionado al costalazo, y peor aún: un insulto para el público que paga un boleto de cine esperanzado ver una película que le brinde, de menos, un par de horas de entretenimiento, cosa que Los Pajarracos no logra en ningún momento.
Ivonne Montero en Los Pajarracos
El Cachondo Sanabria (Miguel El Tigre de Santa Julia Rodarte) se destaca más por cogelón que por su arte en el ring, y he ahí que embaraza a la hija del narcodiputado panzón Don Rosendo (lastimero Luis de Alba en un doble papel de luchador gay), que insiste en lavar la honra de su hija con el matrimonio o con la sangre del raquítico enmascarado, quien huye al Tijuas para buscar pasarse “al otro lado”, llegar a Los ángeles y triunfar en el Olympic Auditorium. En la llamada Tercera Nación es que conoce a la tremenda Nana (Regina la megabizcocho Orozco), regenta de un table dance y tráficante de dólares a los Estados Unidos, quien le asegura al Cachondo le ayudará a conseguir papeles falsos para brincar el charco, a cambio de que cruze una ridícula mochila de patito atascada de dólares, la cual, como ordenan los cánones de cualquier comedia gastada y reiterativa, extraviará para dar paso a las más ñoñas situaciones.
Entre las aventuras surgirán personajes extravagantes como El Champion (César Bono), líder de una secta religiosa en busca de Aztlán que se hace acompañar de su bellísima sacerdotisa Sulama (Ivonne Montero), o bien, la junkie locutora de radio Fina (itatí Cantoral), quienes en un momento determinado de la cinta convergen en la búsqueda ambicionsa de la extraviada pato-mochila y su verdoso contenido.
Como se da a entender en los párrafos anteriores, la trama de la cinta es “de a peso” y se convierte en la primer película de luchadores sin secuencias dentro de un ring, salvo la grotescamente filmada batalla donde el Cachondo se plancha -literalmente- a la hija de Don Rosendo. De hecho, que el imbeciloide héroe de la película sea un luchador enmascarado, es una argucia del guión sumamente tramposa -valga el pleonasmo- quizá en busca de asegurar el financiamiento, porque lo mismo hubiera resultado si se tratara de uno de esos jardineros que Chente Fox busca exportar. (Curiosamente la información de prensa asegura que Los Pajarracos ganó el premio a Mejor Guión Inédito en el Festival de Cine Latinoamericano de Trieste, Italia, en el 2002. Claro que si los jueces vieran el resultado final en pantalla, seguro exigirían la devolución del premio).

Luis de Alba en Los Pajarracos
Plagada de tonterías y sin ningún valor técnico que resaltar pues también está filmada de una manera rutinaria, Los Pajarracos es una película que, so pretexto de divertir al público, se enajena en situaciones estúpidas ad nauseam, al grado de parecer uno de los insulsos programas “cómicos” del Canal de las Estrellas y sus mismos chistes malos, albures fáciles y personajes esperpénticos que nunca alcanzan a empatizar con el público porque, para información de Héctor Hernández y Horacio Rivera -al alimón guionistas y directores de esta desgracia- hacer reír al espectador es una de las tareas más difíciles de lograr, pues para eso se necesita un ingrediente del que carecen tanto la obra escrita como su concepción en la pantalla: inteligencia.
Lastimoso es ver un elenco sobresaliente desperdiciado por falta de una mínima dirección artística: ahí deambulan Charly Valentino, Luis de Alba y César Bono, otrora reyes de la taquilla ochentera gracias al mil veces vilipendiado género de la sexy-comedia pero, en comparación directa, mucho más elaborada y divertida que Los Pajarracos porque desnudaban -además de las encueratrices- el medio ambiente, idiosincrasia, usos y costumbre de la sabrosa-broza mexicana, su divertimento y penalidades con el uso -y posterior abuso, también hay que decirlo- del peculiar mood de aquél que se ríe de, para y por los demás.
También están las promesas que aun no terminan de cuajar por culpa de falta de continuidad y que corren el riesgo de no pasar de ser one hit wonders, como sería el caso de Miguel Rodarte, sólido y convincente en El Tigre…, junto con las desperdiciadas bellezas de Itatí y la Montero. En fin, un largometraje que se caracteriza por la suma total de sus errores, despreocupación e irresponsabilidad que se reflejan en el producto final: noventa insultantes minutos de celuloide por los cuales sus directores merecen perder la cabellera… pero con todo y cabeza.
LOS PAJARRACOS
Dirección y Guión: Héctor Hernández, Horacio Rivera; Producción: Horacio Rivera, Joe Solís, Héctor Hernández, Horacio Rangel Ortíz, Jorge Alonso, Marisela Rangel; Fotografía: Chuy Chávez; Música: Eugenio Toussaint; Edición: Mayte Ponzanelli; Elenco: Miguel Rodarte (El Cachondo Sanabria), Itatí Cantoral (Fina), Regina Orozco (Nana), Luis de Alba (Don Rosendo), Ivonne Montero (Sulama), César Bono (El Champion)
México, 2006, 91 min.
Participaciones: Festival de Cine Latinoamericano de Trieste (Primer Lugar por Guión Inédito), Italia 2002; Festival Internacional de Cine de Guadalajara, México 2006; Festival Internacional de Cine de Puerto Vallarta, México 2006

¿Y de dónde sacas tú que esta es una película “de luchadores”? ¿Nada más porque salen un par de luchadores?