El Código Da Vinci (The Da Vinci Code). Intelectuales, religión y estulticia.
Por: Rodrigo Vidal Tamayo R.
Nada hay fuera del hombre que entre en él,
que le pueda contaminar;
pero lo que sale de él,
eso es lo que contamina al hombre.
Marcos 7:15
Todavía no descubro cuál fue la razón que convirtió a El Código Da Vinci en la película más esperada por la perrada: ¿Fueron los millones de copias del libro vendidos a lo largo y ancho del orbe? ¿O la supuesta campaña en su contra encabezada por la medieval iglesia católica? ¿O peor aún, la campaña en contra de el libro promovida por los intelectuales de pompa y sofá? ¿O simplemente la calidad del libro?
El ahora millonario Dan Brown debe estarse desternillando de la risa, pues ambas cuatro cosas lo han convertido en alguien más popular que Jesús y no es para menos, pues justo a mitad de la mayor crisis de fe por la que Iglesia alcohólica, apestólica y romántica está atravesando, su libro no sólo ha logrado asestarle una certera puñalada, también es mucho más divertido que la biblia. Y no contento con eso, también ha logrado evidenciar una de las fallas del mundo académico actual: la mayoría de los autonombrados intelectuales han opinado sobre el libro y puedo asegurarles que sólo un puñado lo han leído completo (lo que sucede es que es más interesante leer otro ensayo sobre la hermenéutica espacial en el Quijote en su idioma original, el checo, que una obra que por el mero hecho de haber vendido 40 millones de copias debe ser mala, pues la gente no tiene criterio y nomás lee basura) pues sus comentarios nada tiene que ver con el contenido de la obra.
El siempre atinado y ácido Marco González, alguna vez me comentó la falta que hace una divulgación de la historia, es decir, tomar el conocimiento y análisis histórico (que no los meros datos y fechas) y llevarlo al público no entendido, con el único fin de que no anden repitiendo los errores de pasado. Este comentario viene a colación porque es precisamente la falta de una cultura histórica la que hace que un best seller se convierta en un fenómeno de masas, llegando al punto de convertir a su autor en profeta de una nueva secta y en un erudito de la simbología aún cuando él mismo ha sostenido que su novela es una ficción histórica y no pretende ser un nuevo evangelio. Lo peor del caso es que los intelectuales han rechazado el contenido de la novela mediante argumentos del tipo “es literatura barata/superflua/ligera” sin explicar por qué (cosa muy común sobre todo en académicos del área humanística y social) y los religiosos se han centrado más en atacarla por el hecho de meterse con el hombre más hombre de la biblia que por el verdadero ataque a su institución: la novela, de la forma más hollywoodense posible, demuestra la campaña misógina que la iglesia ha llevado a cabo a lo largo de su existencia.
Dentro del argumento de la novela no es importante si Cristo tuvo hijos o no, o si el opus güey se encuentra conformado por masoquistas de closet, o si el contenido simbólico tan bellamente descrito es falso. Lo realmente importante es que pone en evidencia el maltrato de los católicos hacia las mujeres y cómo mediante concilios, conspiraciones y bulas han sobajado y eliminado a las féminas de todo ámbito que involucre poder (antes de que me lluevan los comentarios de eruditos histriónicos,… perdón, históricos negando esto, ¿podrían explicarme qué significaban esas estatuillas paleolíticas que representan a mujeres embarazadas?), y es la carencia de este aspecto la que convierte a El Código Da Vinci (la película) en una más del montón.
Conociendo el modus operandi del cine gringo actual, es sorprendente que la cinta no termine siendo presa de persecuciones, intrigas o escenas sex appeal hechas ex profeso para ella. Más sorprendente es que sean las discusiones entre los personajes las que lleven el ritmo de la película, situación muy criticada por los comentaristas güeros que lo único que querían era refocilarse con el martirio de Silas el albino (tal como hicieron con La Pasión del Cristo). Pero lo que sin duda alguna es lo más raro de la película es la adaptación tan fiel al original, abordando y recreando los pasajes clave de tal manera que parece que uno está leyendo la novela, aunque el énfasis en esos puntos ya mencionados que han terminado por convertirse en publicidad gratuita hace que se olvide el verdadero objetivo del libro de Dan Brown.
Como buen judío, Akiva Goldsman entrega un guión en donde el poder femenino es minimizado, al punto de convertir a la protagonista Sophie Neveu (la cada vez más desinflada Audrey Amelie Tatou) en una inútil incapaz de sumar dos más dos, a diferencia de su contraparte novelesco quien es una matemática especializada en criptología y es a partes iguales entre ella y Robert Langdon que se resuelven los misterios. Por supuesto que el papel de la inteligencia y fortaleza de espíritu recae en el personaje masculino, el ya mencionado Langdon, cuyo casting, un Tom Hanks que consideró que preparar al personaje era hacerse un corte de cabello bien intelectual, es el mayor error en la historia del cine desde que Greedo disparó primero.
Otro punto débil es la perdida dirección de Ron Es mejor mi hermano Clint Howard, quien no supo qué hacer con un guión medianamente inteligente (algo a lo que no está acostumbrado a tratar) y no pudo capturar otro de los puntos fuertes de la novela, la detallada y completa descripción de los monumentos históricos que los protagonistas visitan en su búsqueda del santo grial. Así, ni el Museo de Louvre, ni la Iglesia del Temple, ni la Abadía de Westminster pueden ser apreciados no digamos en su totalidad pues ni siquiera las secciones que los personajes investigan pueden ser observadas como lo debería de ameritar una película del calibre de ésta.
En términos generales El Código Da Vinci es una película mediocre, o dicho de otro modo, no aburre (salvo la eterna parte en donde llegan a Inglaterra) pero no es de lo mejor del año. El hecho de haberle omitido las partes criptográficas y el contenido que relaciona a la novela con Leonardo Da Vinci hace de ella un thriller más. Recomiendo mejor leer el libro, que aparte de ser bastante entretenido puede dejar varias cosas para pensar y de paso leer también &Acute;ngeles y Demonios, novela del mismo autor mucho mejor lograda que el Código y si lo que les interesan son los templarios entonces no pueden dejar de leer El Péndulo de Foucault, la obra maestra de Umberto Eco, en cuya historia, estoy seguro, se inspiró Brown para escribir su pastiche.
Sitio Oficial: www.sonypictures.com/movies/thedavincicode
EL CÓDIGO DA VINCI
(The Da Vinci Code)
Dirección: Ron Howard; Guión: Akiva Goldsman, basado en la novela de Dan Brown; Producción: John Calley, Brian Grazer; Fotografía: Salvatore Totino; Música: Hans Zimmer; Edición: Daniel Hanley, Mike Hill; Con: Tom Hanks (Robert Langdon), Audrey Tautou (Sophie Neveu), Ian McKellen (Sir Leigh Teabing), Jean Reno (Bezu Fache), Paul Bettany (Silas), Alfred Molina (Obispo Aringarosa), Jürgen Prochnow (Vernet)
EE.UU., 2006, 148 min.
Cinefagia en Facebook