Sam Peckinpah, el renegado
Posted by Revista Cinefagia on 3/23/06 • Categorized as Cinembargo Se Mueve
Por: Raúl Miranda López
Que Peckinpah se inscriba en el cine de “acción”, y que sus películas sean historias de tiroteos, de aventuras, road movies, westerns, policiacas o bélicas quizá lleva a que los especialistas no se refieran a él como un creador de cine de arte al estilo de Fellini o Greenaway. Por lo demás, no creo que a Peckinpah le preocupara esta situación; lo mismo a Walter Hill o John Woo, sus notables herederos. Pero los aficionados a Peckinpah gustan hablar de una “poética” (Carlos F. Heredero), de un estilo, de unos temas. Sus personajes son rebeldes, proscritos, solitarios, “héroes trágicos”, inadaptados, desarraigados, disidentes sin familia que no encuentran estabilidad. No buscan el amor, el honor, la comodidad. De hecho resulta muy difícil llamar a los personajes peckinpaheanos héroes: se trata de forajidos, asesinos, expresidiarios, pero con enemigos tan detestables que surge empatía hacia aquellos.
Coguionista de la mayoría de sus películas, Sam Peckinpah (1925-1984), a su vez fue alumno de escritura del realizador Don Siegel. De éste aprendió la rudeza de sus tratamientos pero sobre todo la destreza y velocidad del montaje. Tan es así, que ahora podemos decir que existe una cadena creativa como sigue: Siegel-Peckinpah-Hill-Woo.
Casi todos los westerns de Peckinpah son crepusculares, pues se alejan del siglo XIX y se enfilan sobre el siglo XX, en donde los caballos y carretas son sustituidos por automóviles. El “Hombre de Hierro”, uno de sus sobrenombres, se forma en la televisión realizando seriales, precisamente con temática western. La reputación obtenida es tal que pasa a la dirección fílmica de dos obras de dicho género: Obsesión de Venganza (Deadly Companions, 1961), ópera prima repudiada por su autor cuando el productor la reeditara; y Pistoleros al Atardecer (Ride the High Country, 1962), curiosamente de factura clásica. Le seguirá Juramento de Venganza (Major Dundee, 1965), otro lío con la productora, en este caso la Columbia, y una edición que altera la propuesta de Peckinpah. La película fue filmada en México, país por el que sentía un gran aprecio, y de hecho en sus historias la posibilidad de escape lleva el rumbo de México. No se comprende en su totalidad su cine sin el polvo del paisaje mexicano.
Con La Pandilla Salvaje (Wild Bunch, 1969) vendría la revelación internacional de Peckinpah. Cinta de culto si las hay, continuamente repuesta en las carteleras de muchas partes del mundo. La película contiene algunas de las secuencias más violentas del cine, ahora con múltiples imitaciones; las fuertes caracterizaciones de Robert Ryan, William Holden, Edmond O´Brien, Ernest Borgnine y Emilio Fernández derivaron en la apreciación que se trataba de la exaltación del machismo, de la misoginia, pero los peckinpaheanos hablaron de hombría, masculinidad, afecto, amistad y lealtad. El resultado fue un filme melancólico, nostálgico y lírico sustentado en planos a cámara lenta y montaje fragmentado.
Con todo, el impulsor de un cine de ambigüedad moral y creador de elocuentes pirotecnias en sus secuencias de violencia (fuera del género de terror y desconocido para los muchachos de la estética gore), es el artífice de filmes como La Balada del Desierto (Ballad of Cable Hogue, 1970), con la dulce prostituta Stella Stevens; Perros de Paja (Straw Dogs, 1971), relato sobre la aridez de las matemáticas avanzadas en año sabático en pueblito inglés y lo que conlleva; La Huida (The Getaway, 1972), partiendo de la novela negra de Jim Thompson; Hijo del Torbellino (Junior Bonner, 1972), sutil descripción del mundo del rodeo; Pat Garret y Billy the Kid (1973), con guión de Rudolf Wurlitzer y música de Bob Dylan; Tráiganme la Cabeza de Alfredo García (Bring Me the Head of Alfredo García, 1974), cinta tremebunda e infernal, nauseabunda y desoladora, y con genial interpretación de Isela Vega; Aristócratas del Crimen (The Killer Elite, 1975), con la violencia del kung-fu; La Cruz de Hierro (Cross of Iron, 1976), narrada desde el punto de vista Nazi y desde los Panzers; Convoy (1978), una típica película de entretenimiento violento, según Leonard Maltin, para qué más.
El californiano vitalista Peckinpah no vivió solo, lo acompañaron su cinefotógrafo habitual Lucien Ballard, su editor Louis Lombardo, las partituras de Jerry Fielding, los actores Warren Oates y Steve McQueen, e intimamente su esposa, la actriz Begoña Palacios.
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