Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Batalla en el Cielo, o Una Mamada Cerca del Cielo

Por: Mauricio Matamoros Durán

Ustedes perdonarán lo fuera de tiempo de este texto, pero no tuve oportunidad de escribir algo sobre este producto en su momento, pues no se había cruzado frente a mis ojos. Y es por esa misma razón que no pude incluirlo en mi lista de lo peorsote del 2005, aunque ya sabía que tarde o temprano entraría en ese ya no tan exclusivo listado. Y bueno, creo que también la peor película del año se merece un texto, ¿no? Al menos creo tener el derecho como espectador a denunciar la calabaza que en algunas ocasiones nos embarra la pantalla de plata.

Realmente no sé por dónde empezar. Podría irme desde lo más arbitrario -”un pastel de Sugus”- hasta una de las discusiones más polémicas -¿qué sentido tiene mostrar el coito de una pareja obesa?. De cualquier forma, a mi parecer, y a pesar de que media Europa continúa llamándolo el nuevo Tarkovsky, el más reciente filme de Carlos Reygadas, Batalla en el Cielo, no pasa de ser nuevamente una vacilada de mal gusto -por lo mal hecha, no por sus supuestas escenas naturalista, pero escandalosas- que busca impresionar a propios y extraños a golpe de secuencias sensacionalistas.

Para empezar, recordemos algunas de las suspuestas razones por las que los dos filmes de Reygadas han encontrado éxito entre la crítica que gusta del folklor y algunos despistados mexicanos: por el valor testimonial de su cine, por su capacidad para enfrentar los conflictos existenciales del ser humano, por abogar por un cine alejado de las fórmulas establecidas por el mainstream (léase utilización de actores no profesionales, emplazamientos de cámara y construcción de secuencias no convencionales, mostrar situaciones sin ningún tipo de maquillaje), y bueno, en resumen, podría decirse que por lograr con pocos recursos historias que nos muestran las capacidades del cine y lo complejo del ser humano… “¡Ah cabrón! Este Reygadas es la neta del planeta!”, dirán ustedes. La verdad, a mi parecer, es otra.

Batalla en el Cielo, o Mamada en el Cielo -como algunos espectadores que no se chupan el dedo atinadamente la han llamado-, como sucede con su hermana, Japón, comprende un viaje por México; en aquel caso significa un viaje por el México escondido entre las montañas y valles, y en éste, por el contrario, se trata de un vistazo al monstruo de veintitantos millones de cabezas que es la ciudad de México.

La cámara de Reygadas se centra al final de la vida de Marcos, chofer de un general del Ejército y quien, además, ha secuestrado junto con su esposa a un niño que se les muere antes de que paguen su rescate. Marcos, está enamorado de Ana, hija del general y a quien le cuenta de su malogrado secuestro. Ella le dice que debe entregarse a la policía, y cuando él acepta llevar a cabo tal tarea ella decide hacerle el amor como despedida. Por supuesto que Marcos, más tarde, cambia de parecer y esto llega a un final tremendista como los acostumbrados por algunos maestros del cine mexicano.

Aunque ya ha comenzado a echar algunas raíces -ya está Sangre, de Amat Escalante, producida por el propio Reygadas-, Batalla en el Cielo, como su antecesora, es una película atípica en el panorama del cine mexicano; lo cual, por supuesto, no significa que sea una gran película.

De hecho, al menos a mi juicio, se trata nuevamente como su antecesora, de una película mala, producto de una personalidad con poco talento y sensacionalista, sin negar, tampoco, su capacidad de estratega para llamar la atención de crítica y jurados en festivales extranjeros de cine.

Si bien la historia del filme no presenta originalidad alguna, lo más trascendente radica en algunas partes de su construcción técnica, característica que en conjunto con el folklor que enmarca la visión del realizador han hecho de este filme un éxito más en el “circuito de arte” para el que ha sido hecha tramposamente.

La segunda secuencia del filme se desarrolla dentro del túnel del metro Hidalgo cuya salida desemboca hacia el Cinemex Real Cinema. La construcción de la misma se compone de un par de emplazamientos que permiten observar la posición de los esposos secuestradores en este lugar desde una vista en primera persona, y que se complemente con la otra toma que los mira de frente y da pie para el “diálogo”.

El complemento de dichas tomas permite que el espectador observe de forma sobresaliente las dimensiones y el ambiente del espacio, así como el movimiento de la gente y la misma posición de los dos personajes, que se encuentran tras el puesto ambulante a ras del suelo, que la mujer atiende. Sin embargo, tanto esfuerzo en la presentación resulta vano al sobresalir sobre el punto principal de la secuencia: un diálogo entre la pareja sobre el malogrado secuestro, mientras la gente pregunta sobre los precios y características de los productos.

Los actores bajo hipnosis en Herz aus Glas, de Werner Herzog, y las ardillas que han sido grabadas en su habitat durante meses por David Lynch, poseen mil veces mayor inflección, dicción y elasticidad que los actores amateurs de Reygadas. El intercambio de palabras entre ambos resulta tan conmovedor y coherente como el de dos piedras en el cerro -aquí puede notarse el nulo interés o preocupación del realizador para que este filme pudiera verse en México, pues aunque los diálogos resultan inintelegibles para los hispanoyentes, los extranjeros a través de los subtítulos encontrarán una nueva dimensión del filme. Por lo cual no se les debe culpar a los protagonistas, sino al propio realizador quien en aras de una naturalidad y originalidad aboga por lo malhechote que, igual, y puede hacerse pasar por un sello autoral.

Y en medio de ese ya no desconcertante diálogo (con Japón ya nos basta para conocer los lugares comunes del autor y lo que su incapacidad lo llevará a hacer) y actuaciones muertas, surge otro punto inaudito: una cliente pregunta por el material o sabor de los pasteles que ofrecen en su puesto (¡?), y la mujer contesta que son “de Sugus” (¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡????????) Digo, en mis tres décadas de abordar el Sistema de Transporte Colectivo Metro, y de habitar, respirar, disfrutar y aborrecer esta ciudad, nunca me he topado con un pastel de Sugus ni, hasta el momento, sé de su existencia o de la venta de pasteles en puestos ambulantes dentro del Metro.

Puede parecer una diatriba estúpida a partir de un suceso estúpido en el filme… y bueno, creo que a final de cuentas es así, porque se trata de un filme estúpido. Pero, ¿que no acaso, si el realizador busca una naturalidad, entonces debe intentar acercarse lo más posible a ésta? De forma tal que la venta de pasteles en puestos ambulantes dentro del Metro, la existencia de pasteles de Sugus, la presencia de un enmascarado dentro de un vagón del Metro, las “Gracias” que una mujer amablemente profiere a Marcos cuando le entrega su tacón -el mismo que minutos antes ella le rompió en el lomo a nuestro sufrido protagonista-, merolicos en la Villa acompañados de mujeres disfrazadas de enfermeras muy sexuales, y otras tantas incoherencias están fuera de lugar aunque, sin duda, en los ojos de individuos que no hablan español resultarán de lo más colorido, interesante y revelador. No sé si en alguna ocasión Reygadas se haya metido al Metro, o tal vez lo que le contaron estuvo un poco exagerado, pero lo cierto es que suscesos tan extraordinarios en una misma secuencia es algo imposible e ilógico.

Y esto simplemente es una parte, pues también está lo sensacional que puede resultar un blowjob, mamada, fellatio, wawis o simplemente sexo oral, que la bella jovencita le practica al chofer pasado de peso -y de cuyo miembro viril en primer plano se ha dicho que se trata de una prótesis, aunque igual se ha dicho que se trata de un chisme que se ha corrido como resultado de la queja puesta por el padre de la actriz ante tal escena-, y el encuentro sexual entre el matrimonio de secuestradores pasados de peso.

Si Reygadas no buscó el sensacionalismo en su filme, y en cambio la naturalidad supuesta, quien escribe esto considera que no eran necesarias dichas secuencias -que acto más gratuito puede haber que abrir y cerrar un filme con un par de mamadas-, y si su objetivo era escandalizar al público de manera gratuita (que creo es lo que en realidad buscaba), ¿porqué no entonces poner a alguno de los esposos secuestradores teniendo sexo con un animal como un buen amigo me comentó, o algún otro acto de tal magnitud?, porque mostrarlos tal cual en pleno coito para el escarnio de los espectadores se me figura una de las faltas de respeto más grandes que se han visto en el cine… y miren que a mí cosas como Pink Flamingos me parecen objeto de celebración.

En fin, que tanto rollo para mostrar una mamada en el cielo se me figura poco natural y sí, en cambio, muy exagerado y chafa.

Sitio Oficial: www.bacfilms.com/presse/batalla

BATALLA EN EL CIELO
Dirección y Guión: Carlos Reygadas; Producción: Philippe Bober, Carlos Reygadas, Jaime Romandía, Susanne Marian; Fotografía: Diego Martínez Vignatti; Música: John Tavener, J.S. Bach, Marcha Cordobesa; Edición: Benjamin Mirguet, Adoración G. Elipe, Nicolas Schmerkin; Con: Marcos Hernández (Marcos), Anapola Mushkadiz (Ana), Berta Ruiz (la esposa de Marcos), David Bornstein (David), Rosalinda Ramírez(Viky), Juan Soria El Abuelo (policía)
México, 2005, 88 min
Premios y Nominaciones: Festival de Cine de Cannes, Francia, 2005: Nominación a la Palma de Oro. IX Encuentro Latinoamericano de Cine en Lima, Perú, 2005: Premio del Jurado y Premio a Mejor Fotografía.

5 Comentarios

  1. Jajajajajajajajajajaajajajaja.
    Me encantó la reseña. Vi Mamada En El Cielo hace no mucho y la primera vez nunca escuché “–¿de qué son los pasteles? –de Sugus” (así de bien está la dicción), pero leyendo comentarios sobre ella me enteré de eso y corrí a buscar ese diálogo. Está divertidísimo y hoy que volví a leer sobre ello me cagué de la risa por horas. Jajajajajaja. PASTELES DE SUGUS!!
    Fuera de lo de los pasteles de sugus, la película es una completa mierda… y una burla, antes que para quien se atreva a verla, para los… digámosle “actores”. Cine mexicano en su peor expresión, pero revolcado sobre sus esperanzas de que la fotografía convierta en artística una película de suyo mala.
    …Pasteles de sugus!!!! jajajajajajaja

  2. lo de el pastel de sugus es válido.

    imagino a reygadas fumandose un toque de mota y diciendo exhaltado: “pastel de sugus!”

    • Saludos Diego!

      …la verdad eso del pastel de sugus a mi me pareció una jalada maravillosa! …oajala haya de uva…

      CHAU!

  3. Pésima reseña,,, Todos tus comentarios son demasiado técnicos como para describir la escencia del film. Suenas como a mi tia cuando en una telenovela no ve a su galán favorito y la típica historia de la cenicienta. No se necesita ser un experto en cine para saber que Batall en el Cielo no se trata de una obra de arte, pero creo que no entendiste ni madres de la pelicula. Y creo que lo tuyo es ver Harry Potter o Iron Man.

    Saludos,

  4. La reseña y los comentarios me parecen acertados.

    Desde el punto de vista de un fan del cine de hollywood (por lo cual no puedo decir si la película es buena, o mala) me parece que carece precisamente de lo que promete, realismo.

    Me parece que fué hecha por y para un sector de la sociedad que no necesariamente conoce lo que pasa del otro lado, desde los “pasteles de sugus” (aquí mayor explicación al respecto: http://www.ciao.es/Tartas_y_dulces__Opinion_688298) hasta los diálogos poco naturales entre el protagonista y su esposa, y la representación muy folclorica del vagón del metro (he tenido el “gusto” de viajar en metro y aunque sí es una experiencia surrealista, no es como la pintaron en esta película).

    Aún así, tiene partes que me agradaron, las escenas del zocalo, la basilica, los traslados por la ciudad, y la secuencia donde el tipo va al ajusco tratando (quiero suponer) de encontrar una vía de escape para sus problemas.