Spankenstein y Re-Penetrator
Por: Marco González Ambriz
No hay duda que el porno es, junto con las películas gore y las de artes marciales, uno de los últimos reductos del “cinema of attractions” descrito por el historiador Tom Gunning. Esto es, el cine como espectáculo declarado, exhibicionista, y no como el discreto voyeur que habita las pantallas, donde la cámara es la raison d’etre de la puesta en escena y al mismo tiempo es ignorada por actores que fingen emociones en beneficio de ese invitado de piedra. Gracias a su bajo perfil el porno se ha mantenido lejos de la ilusión de realidad y aunque la crítica “seria” use esto como pretexto para ignorarlo, es precisamente en su falsedad donde radica su pureza.
Fuera de un breve período en la década de los 70, cuando muchos pornógrafos se acercaron al modelo narrativo hollywoodense, en el género siempre ha sido más importante la sucesión de anatomías insólitas, trátese de la tercera pierna de Lexington Steele, la inmensa pechonalidad de Wendy Whoppers o Tiffany Towers (¿Sabrina who?) o las eyaculaciones diluviales de Peter North y su contraparte femenina Cytherea. Por definición una estrella porno requiere de un cuerpo privilegiado, mujeres como Marcia Imperator o Tera Patrick no las ve uno todos los días caminando por la calle. Si a esto le añadimos casos como el de Bridget The Midget Powerz, quien ha desafiado las leyes de la física al demostrar que es más grande por dentro que por fuera, entonces no debe extrañarnos que el porno tenga como principal objetivo ofrecer imágenes insospechadas, por mucho que en primera instancia parezca apoyarse en su condición de realidad.
De ahí la proliferación de videos porno, y más recientemente de sitios de internet, que ofrecen viñetas en lugar de historias con exposición, trama y desenlace, como en las películas normales. Amparadas bajo títulos/pretexto como Bookworm Bitches o Cheating Housewives estos videos se acercan más a la naturaleza evanescente del sketch de las carpas, en el sentido de que son fragmentos fugaces de irrealidad, que a la pretendida verdad de los largometrajes con argumento, o incluso de los documentales. De ahí también que sea tan difícil hablar de este tipo de productos. Mal que bien al momento de criticar una cinta normal uno dispone de cierto instrumental, hay una serie de requisitos que se pueden reconocer sin necesidad de ser nombrados: la verosimilitud, por ejemplo. La meta del porno es justamente lo contrario.
Voy a intentar examinar dos cortos, o mediometrajes si se prefiere, que son híbridos del terror y el porno y que ejemplifican el desinterés de los pornógrafos por lo que generalmente se considera el sine qua non de la cinematografía. El primero es Spankenstein, una actualización fetichista de la fábula creada por Mary Shelley, y el segundo es Re-Penetrator, que en cierto modo también es una paráfrasis de Frankenstein, con la reinterpretación de Stuart Gordon de por medio.
En ambos casos la anécdota es mínima. En Spankenstein un científico desquiciado (Ernest Greene) y su no menos loca asistente (Sydnee Steele), ambos aficionados a la disciplina inglesa, han creado, no se sabe muy bien cómo o por qué, un monstruo con chicas manotas (Damion Black), con las cuales les dará de nalgadas a todas las mujeres que se encuentre en su camino. Y es que, claro, el científico tarda más en crearlo que en dejarlo escapar. Mientras Spankenstein (los creadores del video no tomaron en cuenta que en la versión original Frankenstein es el nombre del doctor demente, no del monstruo) vaga por las cercanías del castillo, que por alguna razón está en California y que se reduce a un par de recámaras como las que pueden verse en cualquier video porno, una linda chica (Summer Cummings), ignorante del peligro pero no de las virtudes del silicón, pasea por los amplios jardines del lugar… o al menos de la pequeña locación donde se grabó parte del video.
Como Spankenstein es una producción de Bizarre Video, empresa especializada en fetiches que van desde las tetonas hasta el sexo interracial, lo que sucede a continuación es una escena que para los neófitos de las nalgadas puede ser muy aburrido, pero que para el público al que va destinado el video imagino que será fascinante. En ella, Spankenstein toma por sorpresa a Summer Cummings y procede a arrancarle la ropa, empresa nada fácil debido a las manos de hule que el actor tenía pegadas sobre las verdaderas. Con la colaboración de la chica, que no se resiste demasiado, Spankenstein deja a Summer Cummings en calzones y le da de nalgadas durante diez minutos.
En esta primera escena encontramos todos los elementos del “cinema of attractions”. Las actuaciones son exageradas, tanto los gritos de terror de Summer Cummings como los gruñidos de Spankenstein recuerdan la gesticulación del cine mudo, sugiriendo que ésta no se debía exclusivamente a la falta de sonido. El escenario está concebido para mostrar las acciones en un semicírculo situado frente a la cámara, no hay contratomas que revelen el artificio. Los efectos especiales solicitan la colaboración del espectador, para no reírse ante las manos de goma que se doblan con cada nalgada es necesario lo que Coleridge llamó “la voluntaria suspensión de la incredulidad” y que también juega un papel crucial en las películas mexicanas de luchadores, aunque haya gente, incluyendo a muchos expertos en cine, que desconozcan la existencia de tan importante recurso (perdónales, porque no saben lo que hacen).
Ahora bien, el problema para los que no sabemos discernir entre las diferentes técnicas que existen para enrojecer un trasero es que a partir de la segunda viñeta Spankenstein se vuelve monótono. La aparición en escena de otras dos chicas, Deva Station (pelirroja) y Sindee Cox (rubia), con el pretexto de que su auto se averió cerca del castillo, llevan a más escenas que para el ojo inexperto son demasiado parecidas a la primera. Sindee Cox se adentra en la mansión buscando un teléfono hasta llegar al laboratorio donde la esperan el doctor loco y su asistente, y es sometida al instante a más nalgadas, ahora usando paletas de cuero, hasta dejarle el culo tan colorado como un jitomate. Igual suerte corre Deva Station, quien se tropieza con Summer Cummings en uno de los cuartos y antes de que ésta pueda advertirle de la presencia de Spankenstein el monstruo aparece para tratarla igual que a sus otras víctimas.
A menos que sea uno fanático del spanking es difícil ver todo el video de corrido, pese a su relativamente corta duración: 44 minutos. El hecho de que lo haya dirigido una mujer, la también actriz Skye Blue, no sirve para aliviar el tedio. Por cuestiones de censura potencial los productores de estos videos no pueden mostrar sexo y violencia en la misma escena, por lo que las nalgadas aquí no conducen al coito. En la vida real las nalgadas son sólo el preámbulo para el sexo, pero en los videos de spanking esto último no llega a suceder.
En el caso de Re-Penetrator esto no es un problema. Sus realizadores no se limitaron a pesar de que el corto incluye una buena cantidad de sangre (falsa, claro). Esta apropiación del Re-Animator de Stuart Gordon es curiosa por varias razones, pero me temo que en última instancia es más interesante platicada que en pantalla. Vamos por partes. Sólo habrá dos personajes. El Dr. Hubert Breast (Tommy Pistol), un científico que ha perfeccionado una fórmula para revivir a los muertos, fórmula que es verde y fosforescente como la de Herbert West, y su objeto de estudio, una linda chica (Joanna Angel) ya difunta con la que planea hacer su experimento. Para darle mayor interés al mismo el Dr. Breast alteró la fórmula para que los muertos resucitados tengan un insaciable apetito sexual. Tan seguro está el doctor de la efectividad de su fórmula que en cuanto ésta surte efecto, tras serle administrada por vía intrapiernosa a la futura zombie, el tipo se trepa a la plancha de la morgue y es entonces cuando vemos que el científico está vestido sólo con una bata blanca y unos tenis. También notamos que el doctor ya trae la bayoneta calada.
La zombie pone manos (y boca) a la obra y lo que sigue es muy similar a lo que puede verse en un video porno del montón. Hay fellatio, cunnilingus, las posiciones acostumbradas (de misionero, de perrito, de carretilla de albañil…), hasta llegar al infaltable cumshot. La diferencia es que la zombie, tal vez por efecto de la fórmula, se la pasa vomitando sangre mientras el doctor bombea, con lo que ambos acaban cubiertos de toda clase de fluidos. Al igual que en Spankenstein, el humor es un ingrediente en Re-Penetrator, aunque en este caso sea producto de la improvisación. Así, la zombie que minutos antes no podía articular palabra de repente empieza a dar instrucciones como Fuck me harder! o Eat my zombie pussy!. Como el corto mismo, el sentido del humor de Re-Penetrator es desaforado. Un ejemplo de esto lo tenemos cuando el doctor se baja a mamey y termina con algo que tal vez podría definirse como un Bloody Sanchez.
Si Spankenstein es demasiado corto entonces el problema con Re-Penetrator es que se va muy rápido. Es comprensible que los productores no quisieran arriesgarse invirtiendo en un video de larga duración, hasta para distribuirlo por internet tuvieron problemas cuando el dueño del servidor alegó que parecía snuff y se negó a hospedarlo. Es de esperarse que un video con estas características tendría problemas para venderse en tiendas especializadas como otros títulos XXX, aunque en rigor Re-Penetrator sea inofensivo en comparación a otros subgéneros. The Evil Carrot, seudónimo del director del corto (en realidad se trata del ex-Troma Doug Sakmann), sabía que al mezclar el gore y el sexo explícito se iba a enfrentar a la incomprensión del mundo, por lo que decidió exagerar al máximo la sangre que aparece en pantalla y además dotarlo de una banda sonora a base del metal más agresivo.
Como decía al principio, a fin de cuentas en el porno el atractivo principal es la carne, y eso es algo en lo que Re-Penetrator también supera a Spankenstein. Mientras que el video de las nalgadas tiene a cuatro actrices, el delirio gore de la zanahoria malvada sólo tiene a una hembra. Pero, oiga usted, qué hembra. Joanna Angel no es el prototipo de pornstar gringa. No es rubia, ni está operada, ni parece que se haya parado nunca en un gimnasio. Como el resto de las chicas de Burning Angel, sitio web responsable del video, Joanna está en la línea de las Suicide Girls. Es decir, tiene piercings, tatuajes y actitud punketa. Eso la hace mucho más atractiva que la típica porrista boba de los videos porno. Eso y el hecho de que tiene un cuerpo que puede parar el tráfico. Por lo pronto yo ya le he dedicado varias noches de insomnio.
SPANKENSTEIN
Dirección: Skye Blue; Guión: Skye Blue y Johnny Roxxx; Producción: Skye Blue y Bizarre Video; Fotografía: David Reed; Música: D Boogie; Edición: Howie; Elenco: Summer Cummings, Sydnee Steele, Sindee Cox, Deva Station, Damion Black, Ernest Greene, Johnny Roxxx
EE.UU, 1999, 44 min.
RE-PENETRATOR
Dirección, Guión, Producción, Edición: Doug Sakmann; Fotografía: Pat Homily; Elenco: Joanna Angel (la golfa zombie), Tommy Pistol (Dr. Hubert Breast).
EE.UU, 2004, 22 min.
Cinefagia en Facebook
Hola, que tal les mando un gran saludo y felicitaciones por esta pagina y su programa de radio (vasos comunicantes).
Me gustaria saber que opinión tienen de las versiones XXX de star wars, viaje a las estrellas y de los monsters. Gracias.
Estamos por iniciar un recuento cronológico del cine XXX en esta sección, desde 1970 hasta la fecha, por lo que tendrás que esperar un poco para que lleguemos a las parodias porno que mencionas, hasta llegar a títulos más recientes como Not the Cosby Show XXX o Carolina Jones and the Broken Covenant. De todos modos las versiones XXX de películas famosas se han hecho desde los inicios del cine para adultos, con Bat Pussy o Flesh Gordon, que corresponden a 1973 y 1974 respectivamente. Nos vamos a enfocar en este tipo de parodias porque sinceramente criticar porno genérico, es decir videos sin argumento, sería muy aburrido.