Por Ernesto Román

gloriellaEn el mundo del espectáculo hay personajes que destacan dentro de él, pero cuya fama nunca alcanza la mitificación del celuloide. Para muchos fans, esos personajes existen más allá de la cinta de plata, la cual nunca refleja fielmente sus cualidades. El cine es una utopía. Parece la utopía de los espectadores, pero la única representación posible para conocerlas realmente, son otros medios de comunicación.

Haciendo un breve recuento de algunos personajes con esas características están los nombres de Bettie Page, Anna Nicole Smith, Susana Estrada, June Wilkinson, entre otras. Page debe su celebridad a magazines de mala calidad (Playboy aparte) y a unos cuantos filmes que ni por equivocación reflejan el encanto que se desprende de sus fotos. Nicole Smith, pese a su reciente fama como anfitriona de un programa de televisión, es famosa por los reportajes que le dedica Playboy (donde fue Playmate del año) y no por los pocos y malos filmes en que participa. Esa triste filmografía incluye a los hermanos Cohen y El Apoderado de Hudsucker (1994).

Estrada es una artista española que acapara portadas y reportajes en revistas especializadas y se convierte en el símbolo del “destape” español de mediados de los años setenta. Su imagen la inmortaliza el escritor Manuel Vázquez Montalbán al utilizarla en la portada de su libro sobre la transición. Sin embargo, quien busque algo en el cine de ese mito quedará frustrado. Ella hace pocos y malos filmes que no reflejan algo de esas audacias mediáticas. Wilkinson es un mito erótico gracias a numerosos reportajes fotográficos, pero sus películas son infames -llega a filmar en México teniendo como compañero a Armando Silvestre-, nada que ver con su bella figura. Otro tanto se puede decir de la italiana Angela Cavagna y la inglesa Samantha Fox. El cine no es el Olimpo de sus imágenes, ni el lugar de su consagración.

Dando paso a una visión muy negativa de estos personajes, se puede decir que no son actrices, son solamente monumentos convertidos en mujer. Sin embargo, más bien parece haber la impresión de que nunca tuvieron la mínima oportunidad, ni el filme que las consagrará. En el reino de la especulación más absoluta queda la incógnita de si alguna de ellas hubiera superado a los sex símbolos cinematográficos que cualquier cinéfago conoce.

En México, algo de esa paradoja se ha manifestado a lo largo de los años. Su Muy Key, famosa desnudista de principios de los 50, filma algunas películas, pero nada se equipara al mito erótico que ha generado gracias a sus presentaciones personales y a los escasos reportajes que de ella existen.

Muy probablemente, la recientemente fallecida Gloriela (o Gloriella, que da lo mismo), Gloria Cárdenas Sandoval, pertenezca a esa curiosa especie. Trabaja en pocos filmes, en los cuales, salvo algunas notables excepciones, no es la estrella y en pocos de ellos se muestra como la estrella del erotismo a la altura de sus reportajes fotográficos. Su notoriedad en cabarets, obras de teatro de medianoche en aquel Distrito Federal de los setenta es un mundo que queda perdido en hemerotecas o en el mercado de revistas y libros de la Lagunilla.

Su nombre, durante muchos años aparece en las carteleras de esos teatros y cabarets que dominan la Extra del Excélsior. Ahí se va fraguando una historia que aparece en las columnas de chismes de revistas especializadas o en las secciones de espectáculos de algunos diarios, como Esto, La Prensa, Ovaciones y la edición matutina del Excélsior (un aplauso para “Corte” de Ricardo Perete). En revistas como Bellezas, Estrellas de Cinelandia, Órbita, La Verdad, Vedettes y Deportes, le dedicaban generosos espacios. En ellos se habla de sus audacias corporales… y de otro tipo, además de su éxito como vedette. Mucho de ello es confirmado en la entrevista que sostiene con Karen Lara publicada años después en forma de libro.

En la vida de Gloriela hay muchas elipsis, varios silencios. Se sabe que nace en el estado de Colima en el mes de abril de 1952. Desde muy joven trabaja como bailarina en teatros y cabarets. Pasa una temporada en los Estados Unidos y en Tijuana. A fines de los años sesenta se integra al elenco del teatro Iris, dentro de una compañía de burlesque en la Ciudad de México. Según algunas publicaciones de la época es la primera bailarina que queda completamente desnuda y el show continúa. Antes de ella, las bailarinas se quitan la última prenda justo antes de acaba su número dejando a los espectadores con un visión efímera de su desnudez, antes de que se apaguen las luces. Esa situación la recrea Alberto Isaac en su película Tívoli (1974): unos espectadores llevan linternas para tratar de ver algo una vez que se han apagado los reflectores, pero aún no se cierra el telón.

Con la llegada de Gloriela eso se acaba. Ella se desnuda y a su show todavía le falta un buen rato para terminar. Su gran rival Lyn May, dice en una entrevista a Maite Rico: “¡y Gloriela! Estaban las dos (Cleopatra y Gloriela). Eran lo máximo, para enseñar lo máximo, porque se abrían, hacían de todo (…) y ya no quería ir después de esa señora. Era lógico, ¿no? Después de aquella que hacía un desnudo tremendo, que se abría y todo y se metía el zapato y eso”. (Revista Eros, diciembre 1975). Años después la misma Lyn le dice a José Xavier Navar lo siguiente sobre Gloriela: “Mis inicios fueron en el Social, precisamente donde estaba Gloriela de estrella (…) yo veía que Gloriela ganaba muy bien. Yo bastante de mi carrera se la debo a Gloriela. Yo sabía que ella ganaba ahí y también en el Social, siempre me la estaba cachando”. (Complot Internacional. Junio 1998).

La mismísima Gloriela le dice al periodista Roberto López, “Yo me inicié en Tijuana durante los Juegos Olímpicos de México en 1968. Antes había estudiado en Chula Vista y en San Diego (…) Después de triunfar en Tijuana, me vine a México y pronto debute en el teatro Iris, cuando Yesenia era lo máximo en dicho teatro” (Esto, enero de 1980).

Según alguna prensa especializada, en el filme Tívoli iban a aparecer varias exóticas y una de ellas iba a ser Gloriela. Sin embargo, ello no fue así. Sólo quedaron Lyn y Gina Morett.

Gloriela y Lyn May van a coincidir algunas veces. Una de ellas es en el programa de televisión Variedades de Medianoche que conduce Manuel El Loco Valdés en el canal 2 a altas horas de la noche. En una noche memorable estuvieron acompañadas por Rossy Mendoza y La Princesa Yamal. En cine trabajan juntas en la película Burlesque (1980, René Cardona), aunque nunca tienen una escena juntas. El papel de Gloriella se limita a ser una estrella de un cabaret y a presentar dos números de baile; un strip tease y otra coreografía teniendo como base a Rarotonga.

En cine Gloriela participa en el filme Capulina contra los Monstruos (1973, Miguel Morayta), donde es la novia del cómico. Es una criada muy tímida y viste de manera similar. Nadie se puede imaginar su estrellato en el burlesque. Uno de sus mejores papeles es Rarotonga (1977), dirigida en Guatemala por Raúl Ramírez. En ella realiza varios bailes, aunque su voz está doblada. En dos momentos de la trama realiza algún destape: cuando logra llevar al lecho a Ramírez, en el papel de un doctor, se le descubre un seno. Y después, viene una secuencia poética, la cual es una metáfora de la relación sexual. Un momento más audaz es cuando se mete a bañar a la alberca desnuda, con una cámara que se mantiene alejada. Pese a todo, su caminata al final de la cinta enfundada en un micro bikini es sensacional. Por problemas de sueldos, no participa en la siguiente cinta sobre el personaje, La Isla de Rarotonga (1980, Alfredo B. Crevenna), donde es sustituida por La Princesa Lea.

En La Coralillo (1980, Javier Durán) ella es la estrella de un cabaret donde llega a trabajar Luciana, la cual de inmediato consigue a uno de los clientes más codiciados, Noé Murayama. Se destapa un poco en uno de sus shows y cuando se pelea con Luciana. Su ambición la lleva a la muerte, ya que es mordida por el reptil del título, mascota de su rival. Su papel es casi el mismo en Soy Madre Soltera (1979, Rubén Galindo), bailarina en un cabaret donde ejerce una prostitución de lujo.

Tiene papeles pequeños pero memorables en El Sexo Me Da Risa (1978, Rafael Villaseñor Kuri) y El Sexo Sentido (1980, Rogelio A. González). En la primera, es una mujer que junto a su comadre salen a caminar desnudas por las calles para protestar por los malos tratos que les dan sus maridos. Inclán, como policía, las lleva ante Polo Ortín, en su papel de Ministerio Público. Este castiga más a Gloriela por ir más vestida, lo cual es un decir. Nuevamente le doblan la voz, para que hable como “cubana”. En la segunda película, es la amante siempre ausente de Andrés García. Éste siempre le habla para que vaya a verlo y ella siempre está ocupada, aunque afortunadamente siempre está desnuda. Inclusive en una supuesta relación lésbica. Por cierto, uno de los galanes con que engaña a García es un incipiente Miguel Ángel Rodríguez.

Su cinta de calidad es Santa Sangre (1989) de Alejandro Jorodowsky, donde nuevamente es una bailarina, siempre drogada, efímero interés amoroso del protagonista. Otro papel de “renombre” es En la Cuerda del Hambre (1978) de Gustavo Alatriste, por el cual fue nominada al Ariel por mejor coactuación femenina en 1980. Le ganó Diana Bracho por su trabajo en El Infierno De Todos Tan Temido. En esa cinta, Gloriela realiza un desnudo total.

Uno de sus mejores trabajos, por su exhibición corporal, es Los Mantenidos (1979, Jaime Fernández). En ella, desde la secuencia de créditos aparece desnuda mientras se baña. Según la trama, quien toma el baño es Claudia Islas, pero ello es falso. Después se desnuda en varias secuencias de baile en un cabaret y después en una escena de amor / celos acompañada por Guillermo Rivas El Borras y Jaime Moreno.

Se retira a principios de 1980 porque se casa con un empresario de Monterrey. Años después regresa al medio y trabaja en cabarets, teatros y películas. Es cuando filma con Jorodowsky y actúa al lado de Alberto El Caballo Rojas en dos cintas, Un Macho en el Salón de Belleza (1987, Víctor Manuel Güero Castro) y Un Macho en la Casa de Citas (1989, Alberto Rojas). En la primera, salvo una secuencia donde aparece con un bikini sensacional, en todas las demás escenas está completa o parcialmente desnuda. En la otra, casi nunca habla y solamente lo llega a hacer después de volver “hombre” a un homosexual. En un momento de la cinta, El Caballo Rojas y Benny Ibarra la observan desnuda desde un mirador oculto en el techo de su recámara.

En lo que se podría llamar la primera etapa de su carrera, trabaja en cabarets y en diversas obras de teatro. En esas obras sale desnuda o realiza un strip tease, como “Hacemos de Tocho Morocho”, “Dos Pezones de los de Antes”, “Los Apuros de una Chichimeca”. Aparece en varias revistas masculinas, o casi, de esos años. Es portada de Diversión, Ja Ja, muchas veces. Órbita, Vedettes y Deportes, Bellezas, Estrellas de Cinelandia, le dedican varios reportajes. Lo mismo Audaz, Chulas y Divertidas. Sus mejores trabajos, gracias a la fotógrafa Paulina Lavista y Nadine Markova, están en Su Otro Yo y Diva, con el agravante de unos pésimos retoques para ocultarle el pubis.

Uno de sus últimos acercamientos al público capitalino lo fue en el teatro Blanquita, cuando fue una de las vedettes de un espectáculo donde participan Grace Renat, Rossy Mendoza, Amira Cruzat y Víctor Manuel El Güero Castro. En la leyenda queda una explosiva entrevista con Karen Lara donde revela muchas de sus intimidades; las fantasías periodísticas de Órbita en su sección “Diario Íntimo de una Vedette” y su participación en el cabaret El Camerino de las Estrellas, de Monterrey.

Fue parte de la última generación de vedettes. Una actividad desaparecida. Impensable que vuelva a existir. El cabaret ya no existe. El burlesque ya no existe. El teatro con obras ligeras ya no existe. Las revistas masculinas, caras o baratas, buenas o malas, ya no existen. Los shows de medianoche en la televisión ya no existen. Todo eso era un mundo de fantasía, donde reinaba la ficha, los precios adulterados, el champagne que nunca era tal cosa. Los ricos presumían de tener a la estrella del “chow” en su mesa. En ese mundo, en ese país, en esa ciudad, en esas noches de erotismos, reinó Gloriella. Hoy, tal vez, reine en otros lugares. Su recuerdo siempre reinará en todos aquellos que han visto sus mejores imágenes. Esa mujer joven, bella, audaz siempre quedará en la imaginación, en la fantasía. Porque nunca fue real, ni tangible, para la mayoría de sus admiradores.