Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Re-Animator

Por: Scott Ashlin

Versión original: www.1000misspenthours.com
Traducción: Marco González Ambriz

Antes de convertirse en el imperio de las secuelas innecesarias, Full Moon Entertainment era ya un imperio: Empire Pictures, la primera productora de cine de serie B a cargo de Charles Band. Si Cannon, la empresa de Golan y Globus, era el equivalente ochentero de la famosa American International Pictures de los 60, entonces Empire venía a ser el Allied Artists de la década antepasada. Todas sus películas eran baratas y un buen porcentaje de ellas era francamente horrible, pero el logo de Empire antes de los créditos casi siempre significaba que el resto de la cinta sería un viaje desaforado por los parajes más recónditos del universo psicotrónico. La opinión general -y en esta ocasión hasta yo la comparto- es que la mejor película jamás lanzada por Empire es Re-Animator, dirigida por Stuart Gordon, una adaptación nominal de Lovecraft que más bien nos remite a las versiones de Frankenstein realizadas por la Hammer, con los ajustes necesarios para 1985. Es una película brillante y muy imaginativa, alcanzando un balance perfecto entre un humor negrísimo y el terror más salvaje, redondeado con excelentes actuaciones, un despliegue inverosímil de efectos gore de primera calidad, así como un ingenioso y extrañamente adecuado arreglo de la música creada por Bernard Herrmann para Psicosis. Con todo su talento, Gordon aún no ha logrado superar este logro a pesar de los veinte años transcurridos.

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En la universidad de Zurich, en Suiza, varios investigadores se han congregado una noche, ya tarde, para ver al profesor Gruber, de la facultad de medicina. Es obvio que el profesor está ahí, pero por alguna razón se niega a abrir la puerta. Es entonces cuando se oyen ruidos de forcejeo y sus colegas en el pasillo se preocupan por su seguridad. Al forzar la puerta, descubren a Gruber tirado en el piso. A un lado del profesor está uno de sus estudiantes, el norteamericano Herbert West (Jeffrey Combs, que así iniciaba una larga relación de trabajo con Stuart Gordon y Charles Band que lo llevaría a participar en cintas como Fortress y Doctor Mordrid), sosteniendo una jeringa vacía. Los otros investigadores naturalmente creen que West mató a Gruber -y tal vez sea cierto- pero la situación no permite llegar a conclusiones fáciles ya que un momento más tarde el doctor revive. A continuación los ojos de Gruber explotan, éste vuelve a caer muerto y West se queja de que la dosis era demasiado fuerte mientras los demás se lo llevan a rastras.

Algún tiempo después, en la Escuela de Medicina Miskatonic de Arkham, Massachusetts, West reaparece para estudiar con el Dr. Carl Hill (David Gale, quien también actuara en The Brain y Savage Weekend), cuyas investigaciones siguen el ejemplo del difunto profesor Gruber. En realidad, tal vez sería mejor decir que West ha llegado a Miskatonic para darle una lección a Hill, puesto que su actitud hacia el doctor veterano es hostil desde que el rector de la universidad, Alan Halsey (Robert Sampson, de The Gates of Hell y The Dark Side of the Moon), los presenta y West le dice ahí mismo a Hill que su trabajo sobre la muerte cerebral es “obsoleto”. Hill, por su parte, afirma que será un placer reprobar a su nuevo y arrogante alumno.

Pero tendrá que pasar un buen rato antes de que Hill pueda reprobar a alguien y mientras tanto West necesita un lugar donde alojarse. Un compañero suyo, Dan Cain (Bruce Abbott, de Bad Dreams y Black Scorpion), acaba de anunciar que renta una habitación y en cuanto West le echa un vistazo al sótano de la casa donde Dan vive se percata de que es precisamente lo que ha estado buscando. La novia de Cain, Megan (Barbara Crampton, de Chopping Mall y Castle Freak) —quien, por cierto, también es la hija del rector Halsey— no confía en West por motivos que no puede explicar muy bien, y trata de convencer a Dan de que no lo acepte como inquilino, pero el fajo de billetes que West saca de su gabardina resulta ser un argumento más contundente. Pueden adivinar lo que sigue, ¿verdad? A Herbert le agrada la casa porque el sótano le proporciona un sitio perfecto para establecer un laboratorio secreto y hasta el hecho de que ésta incluya a un gato que para él es insoportable es una bendición: conejillo de indias instantáneo. Es justamente la desaparición del minino, Rufus, lo que alerta a Dan y Megan sobre las actividades de West. Su inquilino no está cuando notan que el gato no ha aparecido en toda la noche y mientras lo buscan por toda la casa Megan entra en el cuarto de Herbert. Al abrir el pequeño refrigerador donde West guarda sus químicos Megan también encuentra el cadáver congelado de un gato que respondía al nombre de Rufus. En ese momento West regresa a la casa y aunque explica que encontró a Rufus esa mañana, asfixiado tras meter la cabeza en un frasco que estaba en la basura (“¿Qué querían, que escribiera un recado: gato muerto, luego les explico?”), ni Megan ni Dan acaban de creerle.

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Tienen razón en desconfiar. Algunas horas más tarde, a Cain lo despierta el ruido provocado por un supuesto ladrón. Algo o alguien merodea por la casa, emitiendo un perturbador chillido. Sin embargo, nada indica que haya un intruso en la casa y al no encontrar a West en su habitación Dan lo busca en el sótano, donde encuentra a su compañero trabado en combate mortal con Rufus redivivo. Tras ayudarle a Herbert a re-matar al gato, Dan apenas tiene tiempo de quejarse antes de que West vuelva resucitar al animal, con una inyección del líquido verde fluorescente que Megan había encontrado en el refrigerador. Dan se resiste a aceptar la invitación de Herbert para ayudarlo con sus innovadoras investigaciones, pero es obvio que un método viable para reanimar a los muertos es algo demasiado importante para que un doctor lo pase por alto, aun si tiene efectos secundarios algo molestos, como transformar a los muertos en bestias sedientas de sangre.

El problema es que Dan Cain es un joven extremadamente ingenuo. Su primera acción tras comprobar los increíbles resultados de la fórmula de West es ir directamente con el rector Dean Halsey y contárselo todo. Esto resulta en la expulsión de Herbert, la beca estudiantil de Dan es cancelada y a Megan le prohíben ver a cualquiera de los dos. Bien hecho, Dan. El efecto inmediato de todo esto es que a Herbert se le ocurre que lo más conveniente es trasladarse a la morgue de la universidad de Miskatonic para investigar lo más posible antes de que las órdenes de Halsey se lleven a cabo. El rector se entera de los planes de Herbert y sorprende a los jóvenes médicos en el instante en que éstos reaniman al cadáver más fresco de la morgue. A través de una cadena de eventos cada vez más caóticos el rector Halsey ayuda a Herbert a comprobar si el comportamiento agresivo de los cuerpos reanimados se debe al tiempo que media entre la muerte cerebral y la aplicación de la fórmula. Según la teoría de West, si un cadáver es reanimado inmediatamente después de morir entonces se puede conservar lo más posible de la personalidad del difunto. Aquí es donde la enemistad entre Herbert West y el Dr. Hill se convierte en un factor importante para el desarrollo de la historia. Al ser experto en neurofisiología el Dr. Hill no tarda en descubrir la verdad sobre Halsey, lo que conduce a un intento de chantaje y más adelante, una vez que Hill ha perdido la cabeza, a un macabro acto sexual que involucra a Megan…

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No puedo imaginarme a un fanático del cine de terror de los 80 que no idolatre a Re-Animator. En esta película, el director y guionista Stuart Gordon tomó todo lo que todavía funcionaba del cine de científicos locos de décadas anteriores y lo dotó de un entusiasmo subversivo. Mientras que los doctores desquiciados tradicionales se contentaban con devolverle la vida a un solo muerto, o construían uno usando las partes que tenían a la mano, Herbert West le aporta a la ciencia loca la metodología empleada por los investigadores en la vida real, lo que en última instancia produce una morgue llena de cadáveres reanimados. Mientras que la mayoría de las cintas del género se conforman con un émulo de Frankenstein, debiendo elegir entre presentarlo como un antihéroe o como un villano, aquí tenemos uno de cada uno, además de un héroe pusilánime arrastrado por las circunstancias, al enfrentar a West con el todavía más odioso Dr. Hill con la participación involuntaria de Dan Cain. La película también posee esa difícil combinación de comicidad y escenas shock que tal vez sea el aspecto más distintivo del cine de terror de mediados de los 80. Re-Animator es un fino ejemplo de humor negro, pero también está llena de impactantes efectos gore e incluye algunos momentos sumamente desagradables, destacando la que puede ser una de las situaciones sexuales más degeneradas de su época. Lo más importante es que Gordon mantiene siempre un firme control de todos estos elementos, sin dejar nunca que uno de éstos opaque al resto y sin permitir tampoco que el ritmo decaiga aun en los momentos en que la trama cede ante la necesidad de definir a cada personaje. A esto hay que añadirle la actuación que merecidamente convirtió a Jeffrey Combs en una estrella del cine de horror, junto con la admirable depravación de David Gale en el papel del Dr. Hill, y tenemos una de las películas de terror más entretenidas de los 80. Hay otras mejores, por supuesto, pero sólo unas cuantas son igual de divertidas.

RE-ANIMATOR
Dirección: Stuart Gordon; Guión: Stuart Gordon, William J. Norris, Dennis Paoli, basado en un cuento de H.P.Lovecraft; Producción: Brian Yuzna; Fotografía: Mac Ahlberg; Música: Richard H. Band; Edición: Lee Percy; Elenco: Jeffrey Combs (Herbert West), Bruce Abbott (Dan Cain), Barbara Crampton (Megan Halsey), Robert Sampson (Alan Halsey), David Gale (Dr. Carl Hill), Gerry Black (Mace)
EE.UU, 1985, 86 min.

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