Desde el principio la pornografía ha tenido que enfrentar a las buenas conciencias, los guardianes de la moral que se sienten capacitados para decidir qué es lo que el resto de la gente debe ver. Hace un año comenté Perversion for Profit, un pseudo-documental realizado en 1965 que intentaba convencernos de que la pornografía era la madre de todos los vicios. Mencionaba entonces que este tipo de propaganda todavía está con nosotros, como puede verse siempre que a una televisora se le empieza a caer el rating y busca una forma fácil de sacudir a su público.

lado-oscuro-porno-1

Pues el Channel 4 británico debe haber atravesado tiempos difíciles en abril de este año porque transmitió una serie intitulada The Dark Side of Porn, consistente en cuatro documentales que supuestamente nos iban a demostrar lo horrible, sórdida y abominable que es la industria del entretenimiento para adultos. En el orden que salieron al aire, éstos fueron: “Porn Shutdown”, que da cuenta de la pausa de dos meses que la industria porno norteamericana debió suspender sus actividades cuando uno de sus actores dio positivo en la prueba de VIH; “Diary of a Porn Virgin”, sobre los intentos de tres británicos -dos mujeres y un hombre- por convertirse en estrellas porno; “Debbie Does Dallas Uncovered”, donde nos enteramos de lo relativo a la filmación de este clásico del porno y lo que sucedió con sus actores y equipo técnico; “Death of a Porn Star”, sobre el misterioso deceso de Lolo Ferrari, la actriz francesa que fue hallada muerta de una aparente sobredosis.

Gracias a la primera entrega, “Porn Shutdown”, nos enteramos de que cada año se derraman 60 galones (240 litros, más o menos) de semen durante la grabación de videos porno, al menos eso dicen los responsables del documental. Lo que no dijeron fue cómo llegaron a esa conclusión. ¿Acaso hay alguna oficina gubernamental de estadística pornográfica que lleve la cuenta de las eyaculaciones y de los orgasmos que acontecen en el medio? ¿O será que los realizadores de “Porn Shutdown” se dieron a la tarea de reunir todo el esperma expulsado durante un año por los actores porno (en horas de trabajo, claro está) para medirlo?

The Dark Side of Porn está lleno de datos como éste, que dejan más dudas de las que resuelven, pero como sería demasiado prolijo describir en detalle los cuatro documentales me voy a enfocar solamente en dos: “Diary of a Porn Virgin” y “Debbie Does Dallas Uncovered”.

De entrada uno pensaría que para hacer un documental sobre los aspirantes a estrella porno habría que trasladarse a los sitios donde se concentra la producción, en particular al San Fernando Valley, lugar de origen de la mayor parte de los videos norteamericanos, o tal vez comparar la situación de Estados Unidos, donde ya existe una industria establecida con agencias que se encargan de canalizar el talento a donde es requerido, con países como Hungría o Brasil, que se han convertido en semillero de actrices para los directores gringos y europeos a peser de tener una industria propia más modesta.

Pero no, “Diary of a Porn Virgin” nos cuenta la historia de Sahara (ahora se hace llamar Sahara Knights), una chica musulmana que ha decidido darle un giro de 180 grados a su vida para modelar desnuda en revistas, Frankie, una rubia de 37 años (al menos eso dice) que finalmente tomó la decisión de convertirse en actriz porno con la bendición de su marido, y Lee, un tipo que espera con nerviosismo su turno para hacer un casting.

lado-oscuro-porno-2

Como siempre en este tipo de documentales, la atención de los realizadores se centra en las historias más tristes. En este caso Frankie es la privilegiada. “Diary of a Porn Virgin” hace un recuento pormenorizado de todos los conflictos que ella tiene debido al paso que está a punto de dar. Ya no es joven (37 años, cómo no), aunque se conserva bastante bien sabe que necesita trabajar más en el gimnasio, se ha fijado ciertos límites (nada de sexo anal) en una industria donde se busca ir siempre más allá de los límites y a medida que pasa el tiempo descubrimos que Frankie tiene problemas de autoestima que en parte fueron el motivo para que tomara esta decisión.

De cualquier manera a Frankie realmente no le pasa nada terrible. No la drogan, ni la amenazan de muerte, ni siquiera le hablan golpeado. Las cámaras la acompañan a la grabación de su primer video profesional, tras realizar algunas sesiones de fotografía y algunos trabajos a nivel amateur. Debe hacer dos escenas: una de lesbianismo, pese a que ella no se considere bisexual, y una donde participan un total de 5 personas: tres hombres, otra chica y ella. El problema es que la agencia de modelos que la envió a la grabación no le avisó que en la segunda escena habría sexo anal y como a Frankie no le gusta el amor polaco debe disculparse con el director. Pese a considerarlo poco profesional, el director entiende que hubo un malentendido y ahí acaba todo, la escena se graba y Frankie no es forzada a hacer algo que le desagrade.

La otra mujer que aparece en el documental, Sahara, recibe menos atención. La novedad de ser musulmana le da a una ventaja sobre otras actrices porno. Como ella misma dice, “en esta industria puedes conseguir güeras tetonas por montones, una chica árabe y delgada es más difícil de encontrar”. Se entrevista a Sahara en las diferentes etapas de su carrera, aunque cuando se realizó el documental ella sólo posaba desnuda y ocasionalmente hacía shows de lluvia dorada con webcam. Los responsables de “Diary of a Porn Virgin”, por supuesto, tratan de escandalizarnos con esto último. Por eso vemos en detalle cómo se hace el show, en el que Sahara se disfraza de colegiala, vaquerita, etc., toma mucha agua y se orina mientras los fanáticos de las golden showers la miran a través de una webcam. Es más bien pueril pero los documentalistas lo muestran como si fuera el peor de los suplicios.

Si los documentalistas supieran lo que hacen le habrían dedicado más tiempo a Lee, el aspirante a semental porno que espera su turno para demostrar que puede tener una erección frente a una cámara. Como explica Phil Barry, el organizador del casting, son muy pocos los hombres que logran esto al estar frente a un grupo de desconocidos con equipo de audio y video, por muy buena que esté la chava. En esta ocasión Barry tiene otro problema. Siempre que organiza una prueba de talento hay muchos que no llegan y para aprovechar la presencia de la actriz suele invitar a más hombres de los que necesita. El día que Lee hizo la prueba todos llegaron, por lo que Barry tuvo que pedirle a su asistente que le hiciera de nalga emergente. Aquí los documentalistas no se molestaron en aclarar si dicha asistente es también una actriz profesional o si esto era simplemente parte de las labores que desempeña en la oficina.

lado-oscuro-porno-3

Sea como sea, la asistente no tuvo que hacer nada inmoral aquel día y es que los otros aspirantes que llegaron al casting no pudieron con el paquete. Aunque muchos piensen que ser actor porno es lo más fácil del mundo, la verdad es que casi todos los que lo intentan pasan de República de Paraguay a Manuel Doblado. En “Diary of Porn Virgin” vemos la frustración de tres tipos que tienen enfrente a una chava buenísima, con un par de tetas de padre y señor mío, y no pueden hacerle nada porque su mejor amigo les cuelga como moco de guajolote. Casi se puede oír lo que están pensando: “si nacimos al mismo tiempo, ¿por qué te mueres antes?” Lee corre con mejor suerte, se las arregla para controlar el pánico escénico y cumple con todo lo que le pide el productor.

En “Debbie Does Dallas Uncovered” vemos la historia de cómo se filmó este clásico de las XXX. Se entrevista a Jim Clark, quien pidió no se usara su nombre real ya que actualmente es un exitoso hombre de negocios cuyos socios podrían escandalizarse al conocer su negro pasado. También aparecen los actores Herschel Savage, R. Bolla y Eric Edwards, así como el distribuidor de la cinta. De las actrices sólo sale a cuadro Robin Byrd, las demás se negaron a participar. Pero también conocemos a un par de agentes del FBI, no porque hayan tenido algo que ver con la filmación ni con el éxito en taquilla de la película, sino porque ellos fueron los encargados de capturar a los mafiosos que la financiaron.

Más allá de los detalles sobre cómo se hizo la película, que no dejan de ser interesantes, lo más notable del documental es el contraste que ofrece entre la industria de la pornografía y la procuración de justicia en Estados Unidos. Aunque hay varias anécdotas curiosas sobre la filmación de Debbie Does Dallas (no todas incluidas en el documental) lo que más me llama la atención es la diferencia que hay entre la solidaridad en el ambiente porno y la indiferencia del FBI. Me explico. Uno de los puntos que los realizadores de “Debbie Does Dallas Uncovered” tratan de esclarecer es qué sucedió con su protagonista, Bambi Woods, quien después de hacer Debbie Does Dallas y su secuela (misma que no se menciona en el documental) desapareció del medio.

La razón por la que la desaparición de Bambi Woods es tan misteriosa es que ése, evidentemente, no era su nombre verdadero, por lo que es muy difícil rastrearla. Jim Clark, quien la bautizó con su nombre artístico (Bambi Woods = Bambi en el bosque), se niega a dar detalles, el distribuidor de la película tampoco dice lo que sabe y los actores que trabajaron con ella hace mucho tiempo que le perdieron la pista. Es obvio que si quisieran podrían dar informes sobre Bambi Woods, pero entienden que muchas actrices prefieren dejar eso atrás dado que la mayoría ya están casadas y tienen hijos. Como en cualquier otro ámbito, algunos sucumben ante el alcohol y las drogas, lo cual no es exclusivo del medio artístico, y en el caso de Bambi Woods hay rumores de que murió de una sobredosis. Es imposible comprobarlo y los únicos que podrían desmentirlo se niegan a hablar.

lado-oscuro-porno-4

Ahora comparemos este caso con el de Pat Livingston, el agente del FBI que se hizo pasar por distribuidor de cine pornográfico para infiltrarse en la mafia. Tras más de dos años viviendo como criminal, Livingston fue arrestado por robo en 1982, cuando el caso ya estaba en los tribunales, lo que dañó la credibilidad de su testimonio. Tal vez por eso el FBI lo despidió sin la menor consideración por su trayectoria, a pesar de que Bill Kelly, el oficial a cargo del caso, insistía en que Livingston era un buen agente afectado por el tiempo que había convivido con mafiosos. Nada de esto le importó al FBI, quien convirtió a Livingston en un chivo expiatorio. Los realizadores de “Debbie Does Dallas Uncovered” no alcanzan a percibir la ironía de este caso, si se hubieran dado cuenta de que en su documental la industria porno resulta ser un ambiente más sano que el del FBI seguramente habrían suprimido esta parte.

Lo que ambos documentales tienen en común es la idea de que en la pornografía las mujeres siempre son las víctimas. Los responsables de The Dark Side of Porn se esfuerzan al máximo por convencer a su público de que la pornografía es sinónimo de explotación y no lo consiguen porque las mismas imágenes que capturan cuentan una historia muy diferente. En “Diary of a Porn Virgin”, por ejemplo, es más fácil compadecerse de los tipos que ven cómo su autoestima y su tilín se desinflan al mismo tiempo que de las dos mujeres, ambas adultas y en edad de decidir por sí mismas, que un buen día se aventuraron en un medio mal visto por la izquierda y la derecha por igual. Aunque los liberales y las feministas digan lo contrario la verdad es que son tan puritanos como la beata más devota. No sólo siguen pensando que es imposible que una mujer se involucre en la pornografía por su propio gusto, sin ser obligada ni ser sujeto de oscuros traumas infantiles, sino que también creen que todos los hombres son trogloditas y, lo más molesto, que los espectadores nos chupamos el dedo y estamos dispuestos a tragarnos todas sus mentiras.

¿Por qué no mencionan que la industria de la pornografía es la única donde las mujeres reciben un salario cinco veces superior al de los hombres? ¿Por qué señalar al porno como si en otros ámbitos no existieran suicidios, drogas, desilusiones y fracasos? ¿Por qué siguen tratando a las actrices como si fueran menores de edad? ¿Por qué nos quieren espantar con estos videos cuando hay material mucho más violento? A fin de cuentas ser productor, distribuidor, actor o simple espectador de videos porno es una cuestión de responsabilidad personal, aunque se quiera hacer de esto un problema público la realidad es que es un asunto privado en el que ni el gobierno ni los “expertos” tienen por qué entrometerse.