behind-green-door-posterEntre otras cosas, el porno de los 70 se distingue del actual en que hace treinta años había actrices cuya fama iba ligada a una cinta en particular. Un repaso a los títulos más representativos de la época nos lleva a recordar los nombres de mujeres todavía famosas hoy en día: Linda Lovelace atragantándose en Garganta Profunda, Bambi Woods disfrazada de vaquerita en Debbie Does Dallas, el pacto fáustico de Georgina Spelvin en The Devil in Miss Jones y, por supuesto, Marilyn Chambers sobre el escenario de Behind the Green Door.

En una época en la que los productores de cine XXX debían combatir la idea de que sus actores y actrices eran gente normal, y no degenerados o viciosos que accedían a participar sólo para agenciarse droga (que también los había, claro), la presencia de Marilyn Chambers en esta película le fue de gran ayuda a sus realizadores, los hermanos Jim y Artie Mitchell. Además de ser bonita y tener muy buen cuerpo, Marilyn Chambers se había desempeñado como modelo y era aspirante a actriz “seria”. Esto no importaba gran cosa, pero sí el hecho de que su imagen apareciera en la publicidad de una conocida marca de jabón que se anunciaba con la frase 99.44% puro.

Los hermanos Mitchell aprovecharon esta circunstancia con una trama, tomada de una leyenda urbana que circulaba desde hacía tiempo, en la que una joven inocente era secuestrada y forzada a participar en un espectáculo de sexo en vivo en el club de la Puerta Verde. Además de reforzar la idea de que sus películas eran una forma de combatir la represión sexual, los hermanos Mitchell utilizaron así la circunstancia de que su actriz principal fuese una muchacha común y corriente, la arquetípica “chica de al lado”, que no hacía sino rendirse ante sus propios deseos.

Aunque la anécdota suena similar a la de cintas más violentas como A Dirty Western o Expensive Tastes, los hermanos Mitchell fueron más hábiles. Le dieron a Behind the Green Door una ambigüedad y ciertos toques artísticos que les permitían argumentar que no estaban explotando a su actriz, podían decir que la película era mucho más que eso. Lo hicieron negándole al espectador los elementos necesarios para saber si lo que está viendo es “real” o si se trata de una fantasía.

marilyn-chambers-ivory-snow Marilyn Chambers

Para explicar mejor esto es conveniente distinguir tres niveles en Behind the Green Door: ficción, metaficción y representación. El primero corresponde a la secuencia inicial. Durante los créditos vemos a un camionero, Barry (el ex-jugador de american George McDonald, ) que maneja de noche. Se detiene en un restaurante en el camino y se encuentra con un amigo suyo. Es obvio que es un cliente asiduo del lugar, ya que el cocinero y las meseras lo saludan por su nombre. Su amigo le pide que cuente la historia de la puerta verde y él empieza a narrar, flashback mediante, lo que le sucedió estando de vacaciones. Se alojaba en un hotel que en esos días tenía pocos huéspedes, junto con su amigo Yank (el mismo al que encuentra en el restorán), cuando le llamó la atención una chica que viajaba sola y que se encontraba en el mismo sitio. Lo que no había notado es que el encargado del hotel había hecho una llamada sospechosa al cerciorarse de que la joven no iba acompañada. Esa misma noche ella fue secuestrada frente al hotel por dos tipos enmascarados (nada menos que Jim y Art Mitchell).

Más tarde, Barry y Yank asisten a un espectáculo exclusivo que se realiza en ese mismo hotel. Lo que ellos no saben es que la chica secuestrada ha sido preparada para ser la estrella de la función, un show de sexo en vivo que con suerte se convertirá en una orgía. Todo esto filmado siguiendo las reglas del lenguaje cinematográfico tradicional que enlaza planos separados hasta lograr la ilusión de continuidad. Hay planos y contraplanos en el restaurante mientras los comensales le piden a Barry que cuente su anécdota. También los hay en la terraza del hotel mientras los dos amigos platican y Gloria se sienta en una mesa cercana. Aquí los hermanos Mitchell siguen las reglas de la ficción cinematográfica dominante, sin la maestría de otros directores, pero en lo básico respetan el Modo de Representación Institucional (cfr. Noël Burch).

En el M.R.I. este lenguaje corresponde a la realidad (¡con qué ligereza hablan los teóricos de cine de la “realidad”!), pero en sus otros dos niveles Behind the Green Door constantemente niega el verismo de estas secuencias: que esta parte del relato corresponda a la verdad de lo sucedido, si es que en realidad sucedió algo, es algo que el resto de la cinta se esfuerza en negar o cuando menos lo pone en duda. En gran parte esto se debe a las circunstancias en las que se rodó, distribuyó y exhibió la película.

behind-green-door-marilyn-chambers Marilyn Chambers en Detrás de la Puerta Verde

La metaficción, el relato que hace referencia a sí mismo, entra aquí en escena. Antes de filmar Behind the Green Door los hermanos Mitchell eran infames por manejar el O’Farrell Theater en San Francisco. Apodado el Carnegie Hall del sexo, los hermanos fundaron este local en 1969 con la intención de exhibir cortos pornográficos. Desde un principio debieron enfrentar la censura, obstáculo que sólo sirvió para animarlos a crear espectáculos cada vez más decadentes. Behind the Green Door fue su primer largometraje porno, al que le siguieron varios más, considerados clásicos del género, hasta que en 1976 el O’Farrell empezó a incluir espectáculos de sexo en vivo en sus funciones. Actualmente es un table dance.

Esto viene a cuento porque en 1972 la moda del porno chic estaba en su mejor momento. Con el estreno de Garganta Profunda mucha gente, incluyendo a muchos famosos, le perdieron el miedo a ser vistos entrando a los cines donde se exhibían estas cintas. Lo que antes era el territorio exclusivo de pervertidos de imprescindible gabardina, la mítica raincoat crowd, de pronto fue invadido por público que en nada podía distinguirse del que asistía a las funciones de cine “normal”.

Todavía faltaban algunos años para que el video cambiara la forma en que se distribuía el cine porno, por lo que la gente que acudía a las salas cinematográficas para atestiguar la degradación de la dulce e inocente Marilyn Chambers, recién seleccionada como la imagen misma de la pureza por los fabricantes de jabón, se veía reflejada en la pantalla. Dentro de la narración de Behind the Green Door las personas que se reunían en el club de la puerta verde para violar vicariamente a Gloria Saunders tenían su contraparte en los espectadores que atiborraban las butacas de los cines. El juego de espejos propuesto por los Mitchell se permitía incluso burlarse de sus clientes, puesto que en la pantalla los asistentes al show de la puerta verde eran gordos, travestis, viejos, feos ridículos que hacia el final de la cinta no podían resistirse más al llamado de la carne y desencadenaban una orgía paralela a la del escenario.

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Hay otro elemento en este nivel que también hace referencia a las circunstancias que rodeaban la película. En alguna ocasión Jim Mitchell respondió a la pregunta de un reportero diciendo “The only Art in this business is my brother” (El único Art(e) en este negocio es mi hermano). Quedaba claro que los realizadores de Behind the Green Door no tenían ilusiones sobre lo que habían creado. Hay que ver el estreno de la cinta en el festival de Cannes como un truco publicitario y nada más.

También debe entenderse como una burla el principio y el final del show de sexo en vivo estelarizado por Marilyn Chambers/Gloria Saunders. El preámbulo a los actos sexuales lo constituye un mediocre mimo, símbolo de los artistas pretenciosos, que uno imagina provoca la misma impaciencia en los espectadores en pantalla que en los cines o frente a las pantallas de televisión. El espectáculo concluye con un proto-bukkake en el que Marilyn Chambers, a sus diecinueve añitos, recibe en plena cara la descarga espermática de varios hombres. La eyaculación se repite varias veces: en cámara lenta, solarizada, en siluetas de diferentes colores, siempre teniendo como fondo una música similar a los cantos de los monjes tibetanos. Lo “artístico” de la secuencia es tan excesivo que es imposible tomarla en serio.

Al final de la cinta, cuando la ficción tradicional regresa momentáneamente para permitirle a Barry rescatar a Gloria, en full shot sin ningún chiste, y parece que todo ha regresado a la normalidad, los hermanos Mitchell vuelven a emplear la metaficción para impedir una interpretación fácil. Así, vemos a Gloria recompensando a Barry con una larga sesión de sexo, pero a diferencia de las narraciones XXX que vendrían después, los hermanos Mitchell la filman sobre un fondo negro, sin sonido directo, sin música, y con la imagen sobrepuesta del camionero realizando su trabajo como al principio. Lo más sencillo es pensar que toda la historia de la puerta verde, de Gloria y de su secuestro, es sólo un cuento, como la leyenda urbana que sirvió de pretexto para lo que acabamos de ver, como la película misma.

El clímax de Behind the Green Door

El clímax de Behind the Green Door

En su parte central Behind the Green Door regresa a la prehistoria del cine, a la representación tan odiada por los teóricos del cine. Bela Balázs y André Bazin podían tener opiniones encontradas sobre lo que el cine era, en lo que sí estaban de acuerdo era en lo que el cine no era, o mejor dicho en lo que no debía ser. Ellos decían que había que distinguir entre el cine y el teatro, entre la verdad del cinematógrafo y lo falso del escenario. Por eso Balázs alabó a los directores, como Eisenstein, que descomponían la realidad en imágenes y la recreaban mediante el uso del montaje. Por eso Bazin prefería el uso del plano secuencia, de las tomas largas que permitían captar la realidad tal como es.

El porno representa un problema para ambas teorías porque ejemplifica mejor que ningún otro género la carencia ontológica esencial del cine. El porno en apariencia nos ofrece la realidad misma, ése es su atractivo, pero sólo en apariencia, ya que los actos sexuales que nos muestra siempre son ensayados, preparados, inventados en beneficio de la cámara y del onanista que está más acá del lente. Esto también es cierto para los otros géneros del cine, en especial los más populares: acción, comedia, terror, melodrama, musical, etc. Esto no es una gran verdad, hasta los niños entienden que el cine sive para mostrarnos lo que no es, lo que no existe, lo curioso es que los expertos en la materia sean los únicos incapaces de comprenderlo.

A fin de cuentas Behind the Green Door tiene más en común con un espectáculo teatral que con el séptimo arte. La intención es la misma: poner ante nuestros ojos situaciones extraordinarias, insólitas, sobre todo para 1972. Un negro fornicando con una rubia, varias mujeres vestidas con hábitos religiosos iniciando en el lesbianismo a otra más joven, la misma mujer felando a tres hombres sentados en trapecios. Esto era lo que la gente pagaba por ver, sin importarle que la historia contada fuese real o no. Los hermanos Mitchell lo sabían y por eso jugaban con los otros dos niveles, mientras la representación se llevara a cabo sin tropiezos lo demás no importaba.

Por eso Behind the Green Door es tan interesante, aunque los fanáticos del porno moderno puedan considerarla aburrida o se extrañen ante una cinta XXX que no respeta el ritual ya irremediablemente codificado: cierto número de escenas, cierto número de posiciones, chicas nuevas para evitar la monotonía y nada más. Pretenciosa o no, Behind the Green Door tiene el mérito de no parecerse a ninguna otra película. Eso ya es algo.

DETRÁS DE LA PUERTA VERDE
(Behind the Green Door)
Dirección, Producción: Art Mitchell, Jim Mitchell; Guión: Jim Mitchell; Fotografía, Edición: Jon Fontana; Elenco: Marilyn Chambers (Gloria), George McDonald (Barry), Johnny Keyes (el negro), Ben Davidson (cadenero), James Mitchell y Art Mitchell (secuestradores), Linda Grant, Bunnie Brody, Barbara Bryan, Bernice Mago, Bonnie Parker, Kandi Johnson, Rabin Drantha, Ariel Porny, Mick Jones, Rick Dayton, Tom Cloud, Ted McKnight, Tyler Reynolds
EE.UU., 1972, 72 min.