Por: Marco González Ambriz

Para bien y para mal, Stephen King es el autor más adaptado por el cine de terror. Ni Edgar Allan Poe o H.P. Lovecraft pueden comparársele. Sólo King ha visto como todos sus escritos han sido llevados a la pantalla y hasta dos veces, como sucedió con el remake de The Shining, realizado porque el autor no quiso quedarse con el coraje de ver cómo su novela era magistralmente reinterpretada por uno de los mayores directores que ha dado el séptimo arte.

Está bien, exagero. Hay algunos cuentos y un par de novelas de Stephen King que todavía no han sido retomadas por el cine. Aquí lo que me interesa destacar es cómo la carrera de King ha reflejado la trayectoria -descendente- que el género del terror ha tenido en las últimas décadas en los EE.UU. En Oriente está mejor que nunca. Por eso no me voy a meter a discutir si está bien o mal que se hagan estas adaptaciones y también porque, francamente, esta es una discusión que me da harta pereza. En cuanto a los remakes prefiero la postura de Dashiel Hammett, quien al ser cuestionado por un reportero sobre lo que Hollywood había hecho con sus libros respondió que eso le tenía sin cuidado: sus libros estaban en las librerías, no en los cines.

El caso es que las novelas que le dieron fama y fortuna a King -Carrie, Christine, Cujo, etc.- coincidieron con la mejor época del cine de horror. Al igual que con películas como Night of the Living Dead o The Texas Chainsaw Massacre, el terror ya no era cosa de castillos embrujados y maldiciones ancestrales. Tanto el cine como la literatura de los 70 reflejaba la nueva era de incertidumbre que había seguido al optimismo desmedido de los 60 y lo poco que quedaba de la inocencia de los 50. Por otra parte, la censura había tenido que ceder frente al relevo generacional, el sensacionalismo de los medios de comunicación alimentaba la paranoia y la filosofía punk del Do It Yourself alentaba a muchos jóvenes desencantados a expresar su frustración en fanzines, bandas de rock, etc.

Todo se combinó para que el cine de terror lograra sólidos éxitos comerciales con películas que desafiaban la moral dominante (en lugar de hacerle el juego, como lo que vino después), con cantidades de sangre que nunca se habían visto antes en pantalla y una moraleja abiertamente subversiva. Stephen King no era tan salvaje como los splatterpunks que le sucederían en los 90, pero las ventas millonarias de sus libros le permitían ejercer niveles de violencia que trajeron el gore a las clases medias suburbanas que eran su principal mercado.

Por supuesto que Hollywood no podía pasar la oportunidad de aprovechar a este público cautivo y pronto se dieron a la tarea de adaptar hasta el más ínfimo relato escrito por King. A estas alturas sólo falta que se haga la versión cinematográfica de la tarea que hacía en el kinder. Dentro de toda esa cantidad de celuloide uno de los títulos que mucha gente recuerda con afecto es Los Niños del Maíz, inspirada en un cuento corto en el que un joven matrimonio perdido en los maizales de Nebraska llegaba a un pueblo donde el aislamiento y el fanatismo religioso, así como una presencia extraña que se ocultaba en los sembradíos, se conjugaban para producir una modesta pero eficiente advertencia sobre los peligros que acechan en las comunidades rurales norteamericanas.

Children of the Corn, filmada en 1984, tiene todavía muchos de los elementos de la mejor época del cine de terror, que inició a finales de los 70, que consiste en cierta frescura en los elementos argumentales, que para esas fechas aún no se repetían hasta la náusea, así como la decisión de ir más allá de lo que la pudibundez de la sociedad gringa mainstream, la que adoraba a Reagan y votó por Bush Jr., considerada aceptable, sobre todo tratándose de niños. Para decirlo de otra forma, era el momento en que el cine de terror todavía no estaba irremediablemente estereotipado, como lo está ahora. En ese entonces el mercado del video apenas despegaba y se tenía cierto cuidado en la producción de películas incluso de bajo presupuesto puesto que estaban destinadas a tener una presencia en salas cinematográficas y a sufrir el escrutinio de los críticos “serios”, no solamente de los nerds y los gorehounds.

La histeria sobre el efecto nocivo que la violencia podía tener en los niños todavía no se dejaba sentir como ahora y lo políticamente correcto era un concepto extraño en una década donde el cine de acción y de adolescentes cachondos eran los principales filones de la industria. Por ello en las historias se podía poner a los niños en peligro, incluso representarlos como engendros diabólicos, sin por ello suscitar las protestas automáticas de los metiches de siempre. El profesionalismo necesario para filmar en 35mm, en lugar de hacerlo en video digital, requería cierto presupuesto y experiencia tanto en técnicos como en actores. Todo esto puede verse en Los Niños del Maíz, que sin ser la obra maestra que algunos quieren, sí es superior en varios aspectos a las producciones recientes del género, aunque no por ello carezca de defectos.

El argumento de esta primera parte sigue fielmente lo narrado en el cuento de Stephen King y aunque ya es bastante conocido vale la pena recordarlo para comentar algunos aspectos del mismo. Burt (Peter Horton) y Vicky (Linda Hamilton, antes de James Cameron y Terminator) son dos recién casados que atraviesan Nebraska en auto cuando un descuido los lleva a atropellar a un niño. Burt regresa de inmediato para tratar de ayudar al muchacho, pero nota que el niño ya estaba muerto antes de que el carro lo golpeara. Alguien lo había degollado y a poca distancia del cadáver se encontraba una maleta con la que aparentemente el chico intentaba escapar. De inmediato la pareja se traslada al pueblo más cercano, de nombre Gatlin, sólo para encontrar que el sitio está abandonado y que ahora los únicos habitantes son niños que, armados con herramientas de labranza, no dudan en atacar a los adultos para ofrecerlos en sacrificio a un ente al que ellos han adoptado como dios.

Sin dejar de ser una modesta producción de serie B, bastante predecible para los espectadores que la ven veinte años después, Los Niños del Maíz presenta de forma muy eficiente el concepto de un pueblo donde la religión y la lejanía de toda civilización han llevado a los habitantes a una especie de locura colectiva. Hay imágenes memorables, como las que muestran la iglesia redecorada con maíz, incluyendo un crucifijo y otros elementos religiosos hechos enteramente con este material, como una especie de artesanía perversa. Los niños que interpretan al profeta/líder (John Franklin) y a su mano derecha (Courtney Gains), que son un pequeñode apenas diez años y un pelirrojo ya mayorcito, hacen adecuadamente sus papeles, dando de forma aceptable el tono de fanatismo y violencia que caracterizan a sus personajes.

Por otra parte, la historia sigue tan fielmente al cuento original que uno piensa que se pudo haber incluido algo más para darle mayor densidad al relato, algún elemento que no fuera una simple persecución por el pueblo vacío. De cualquier manera en la película no se incluyen un par de imágenes que sin duda hubiesen resultado demasiado fuertes para el público de entonces. En realidad, la película va de mayor a menor, ya que el misterio inicial se transforma rápidamente en un rutinario intento de escape hasta llegar a un clímax afectado negativamente por unos efectos especiales que eran malos hasta para 1984. Aparte de todo esto, no es muy difícil ver que la idea original del cuento se parece bastante a la película británica The Wicker Man, que contaba una historia similar de paganismo en tiempos modernos.

LOS NIÑOS DEL MAÍZ
(Children of the Corn)
Dirección: Fritz Kiersch; Guión: George Goldsmith y Stephen King, basados en el cuento homónimo de este último; Producción: Donald P. Borchers, Terence Kirby, Mark Lipson, Charles Weber; Fotografía: Raoul Lomas; Música: Jonathan Elias; Edición: Harry Keramidas; Elenco: Peter Horton (Dr. Burt Stanton), Linda Hamilton (Vicky Baxter), R.G. Armstrong (Diehl), John Franklin (Isaac), Courtney Gains (Malachi), Robby Kiger (Job), Annemarie McEvoy (Sarah), Julie Maddalena (Rachel), Jonas Marlowe (Joseph)
EUA, 1984, 93 min.

LOS NIÑOS DEL MAÍZ II: EL SACRIFICIO FINAL

La secuela llegó tarde y mal. Hubo que esperar hasta que el mercado del video se afianzara para intentar alargar una historia que no tenía mucho material de donde cortar. Aunque se estrenó casi diez años después que la primera parte, la historia inicia poco después del desenlace de Los Niños del Maíz.

Las autoridades del pueblo vecino a Gatlin descubren lo sucedido en el pueblo, incluyendo los cadáveres momificados de varios adultos. Deciden mandar a los niños a un pueblo vecino para tratar de llevar ahí una vida normal y desde un principio, cuando se muestra a los querubines abordando un autobus que los llevará a su nuevo hogar, es evidente la absoluta falta de pericia del director para manejar este tipo de atmósferas. De hecho, toda la película se distingue por estar filmada como un melodrama de Hallmark o como un programa de televisión sobre adolescentes, cualquier cosa menos una película de horror. La fotografía no presenta los esperados claroscuros, la atmósfera no se logra y cualquier intento por conseguir algo ominoso nace muerto.

Para seguir con lo predecible de la segunda parte, el guión nos presenta a los personajes principales: un reportero venido a menos y su hijo adolescente, quien resiente el hecho de que su padre le haya dedicado poco tiempo a raíz del divorcio que lo separó de su madre. Débil intento por parte de los guionistas por darle mayor interés a la relación entre los personajes. Mientras el padre conoce a una atractiva mesonera e investiga las causas del homicidio múltiple acaecido en Gatlin, su hijo hace berrinches hasta que conoce a una linda adolescente con la que pronto inicia un tímido romance. Ella es interpretada por la actriz Christie Clark y si menciono esto es sólo porque ella es lo único que vale la pena recordarse de este desastre.

El resto es pura rutina. Al mismo tiempo que el culto al dios del maíz renace entre los niños de Gatlin, el reportero descubre una conspiración para ocultar un aspecto de la cosecha por parte de los adultos y también conoce a un indio que resulta ser antropólogo y que por supuesto está perfectamente bien enterado de las supersticiones locales. Esto es un grave error, ya que la necesaria dosis de irracionalidad del cine de terror queda así explicada en favor de elementos aburridos y sin la menor gracia.

Todo es absolutamente convencional y mecánico, desde que los protagonistas descubren los primeros indicios de que algo está mal hasta el enfrentamiento final con los fanatizados niños del maíz. Hay varias escenas donde los niños diabólicos asesinan a los adultos que empiezan a sospechar algo, pero están hechas sin el menor entusiasmo, sólo se incluyen para darle un poco de variedad a la película, como por ejemplo al matar a una anciana aplastándola con su propia casa o usando un tipo de muñeco vudú para despachar a otro adulto demasiado perspicaz. El director nunca decide si tomar en serio o en broma estas escenas y el resultado final es un churro indigesto que fue misteriosamente bien recibido por muchos fans del género y desencadenó una serie de secuelas.

Es increíble que se haya necesitado el “talento” de tres guionistas para escribir esta porquería y más increíble aún que haya gente que diga que Los Niños del Maíz 2 es una muy buena película, que incluso aventaja a la original. Asimismo, las actuaciones de todos los involucrados son de pena ajena, los diálogos son pedestres, la realización es apenas superior a los programas unitarios de TV Azteca (sí, así de mala es), los efectos especiales siguen al pie de la letra el ya clásico sácate la catsup, no hay un solo susto y apenas hay una pudorosa escena de cama dizque para despertar pasiones. La voracidad del mercado del video permitió que esta segunda parte tuviera a su vez varias secuelas. Hasta el momento la serie abarca siete películas, incluyendo la original, con serios altibajos.

LOS NIÑOS DEL MAÍZ II: EL SACRIFICIO FINAL
(Children of the Corn II: The Final Sacrifice)
Dirección: David F. Price; Guión: Gilbert Adler, Bill Froehlich, A.L. Katz; Producción: Lawrence Mortorff; Fotografía: Levie Isaacks; Música: Daniel Licht; Edición: Barry Zetlin; Efectos Especiales: Bob Keen; Elenco: Terence Knox (John Garrett), Paul Scherrer (Danny Garrett), Ryan Bollman (Micah), Ned Romero (Frank Redbear), Christie Clark (Lacey Hellerstat), Rosalind Allen (Angela Casual), Ed Grady (Dr. Richard Appleby)
EUA, 1992, 93 min.

LOS NIÑOS DEL MAIZ 3: LA COSECHA URBANA

La tercera parte representa una notable mejoría con respecto al episodio anterior. El argumento se aparta por completo del ambiente rural y entra en el terreno de otras películas del género. Hay algo de The Omen, otro tanto de Pesadilla en la Calle del Infierno y una cucharadita de Lovecraft para darle sazón al cuento. A pesar de todo, esta tercera parte es muy superior a la segunda. El crédito debe ser para el director, que sin duda tiene un mejor sentido para realizar cine de terror que su antecesor.

El argumento no presenta mayores sorpresas pero est á bien llevado y es entretenido. Ignorando las tonterías de la segunda parte, ahora dos niños de Gatlin, Joshua y su hermano menor Eli, son enviados a Chicago con sus nuevos padres adoptivos. De inmediato la señora nota algo extraño en el menor, Eli, aunque el mayor se adapta mejor a la vida en la ciudad. Mientras que Joshua no tiene dificultad para hacer amistad con sus compañeros de la escuela, Eli se niega a integrarse a un ambiente que para él es decadente. No sólo conserva sus vestidos de campesino, sino que prefiere pasar el tiempo en la fábrica abandonada que está junto a su nueva casa.

Esto a su madre adoptiva le resulta preocupante, más aún cuando aprovecha un descuido de Eli y entra en la fábrica, sólo para descubrir que su nuevo hijo ha plantado algo del maíz que trajo desde Gatlin. En una escena que muestra un mejor entendimiento de lo que hace efectivo al cine de terror, ella entra en el pequeño huerto que Eli ha preparado e inesperadamente se encuentra en un inmenso campo de cultivo, del que sólo logra salir con muchos esfuerzos. Esta sensación de irrealidad acompaña al resto de la historia, con un Eli que muy pronto se revela como el hijo perdido de Demian y Freddy Krueger, a medida que despacha a los adultos que puedan impedirle recrear la masacre de Gatlin, ahora en Chicago.

Sin dejar de ser una modesta producción straight to video, Los Niños del Maíz 3 es mucho más entretenida que su antecesora. El contraste entre las costumbres de los niños campesinos y las de los jóvenes urbanos le da mayor densidad al relato, aunque el tema no sea debidamente aprovechado. Las muertes provocadas por Eli cuentan con el respaldo de Screaming Mad George, cuyos efectos especiales ya habían aparecido en varias películas de terror en mejores años, y que aquí consigue imágenes grotescas y sacrílegas, por encima de la norma en estas producciones baratas. Dicho lo cual, hay que reconocer que el monstruo lovecraftiano que sale al final inspira ternura y no miedo. Los esfuerzos por simular una bestia descomunal con perspectiva forzada son arruinados de inmediato por la desafortunada decisión de reemplazar a los actores por muñequitos de plástico.

De cualquier manera esta tercera parte demuestra que a veces las películas de terror de bajo presupuesto pueden tener resultados aceptables, aunque para descubrir estos garbanzos de a libra sea necesario zambullirse en un mar de mierda. La (al parecer) última entrega de la saga de Los Niños del Maíz es de 2001 y debemos agradecer que la serie no sea más popular porque de otra manera pudo haber inspirado imitaciones entre los fans del horror, con lo que sólo se engrosaría la lista de ínfimos videos realizados por aficionados y que hasta la fecha equivalen a una tormenta fecal protagonizada por zombies chaquetos y vampiros anémicos. Sinceramente no creo que nadie pueda negar que el cine gringo de terror ya no es lo que era. Todo por servir se acaba y el género está en plena decadencia. Cualquier semejanza con la carrera de Stephen King…

LOS NIÑOS DEL MAÍZ III: LA COSECHA URBANA
(Children of the Corn III: Urban Harvest)
Dirección: James D.R. Hickox; Guión: Dode B. Levenson, basado en el cuento Children of the Corn de Stephen King; Producción: Gary DePew, Brad Southwick; Fotografía: Gerry Lively; Música: Daniel Licht; Edición: Chris Peppe; Efectos Especiales: Screaming Mad George, Wayne Beauchamp, Adam Campbell, G. Bruno Stempel, Ken Wheatley; Elenco: Daniel Cerny (Eli Porter), Ron Melendez (Joshua Porter), Jim Metzler (William Porter), Nancy Grahn (Amanda Porter), Michael Ensign (Padre Frank Nolan), Mari Morrow (Maria Elkman), Jon Clair (Malcolm Elkman)
EUA, 1995, 92 min.