Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Cicatrices

Producciones Alabaré Presenta: la historia de un matrimonio como cualquier otro, donde la rutina y la falta de comunicación conducen a los golpes y, lo que es peor, a la posibilidad del divorcio. Los más afectados, como siempre, son los niños, hasta que una tragedia hace que la pareja reconsidere su estilo de vida, acercándose a las enseñanzas de Cristo y logrando así alcanzar la paz espiritual.

Para todo aquel que conozca la trayectoria como director del ex-Cachún Paco del Toro la llegada de Cicatrices a las salas cinematográficas es algo que ya se veía venir. Con su compañía, Armagedón Producciones, Del Toro ya lleva un buen rato realizando videohomes cristianos con títulos como Duro de Salvar, Hades, Vida Después de la Muerte o Un Paso al Cielo. Por lo que he visto hasta ahora estos videohomes se caracterizan por ser enteramente predecibles y por estar filmados de la manera más rutinaria posible. Sólo destacan aquellos, como Altos Instintos, que se desbarrancan en el humor involuntario.

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Con Cicatrices Del Toro da el siguiente paso lógico, que es pasar del videohome a la pantalla grande, como ya lo están intentando otros productores, y esto es algo alentador para el cine mexicano, parezca lo que parezca. Lo es porque estas producciones buscan a un sector muy determinado del público nacional en lugar de tratar de apantallar a los jurados de festivales internacionales. En este caso Paco Del Toro ha sabido aprovechar el creciente mercado cristiano para elaborar películas que ya desde antes de filmarse tienen asegurada su recuperación económica.

No voy a criticar la realización de cine abiertamente religioso por dos razones. La primera es que esto no es La Jornada, con su campaña permanente para hacer que los católicos sean considerados ciudadanos de segunda. La segunda es que Paco Del Toro es totalmente sincero cada vez que hace sus películas, mismas que dirige, produce y escribe él mismo, por lo que no cabe duda que estamos ante un verdadero auteur (esto lo digo solamente para que vean lo inútil que es la teoría del autor, claro). Cualquier director, en este caso Del Toro, está en su derecho de hacer cine de proselitismo religioso, aunque esto a algunos les cause escozor.

Ya que les di la noticia buena, ahí les va la mala: Cicatrices no pasa de ser un panfleto moralista, torpe y soporífero. Aunque en los créditos diga que el guión lo escribieron Paco Del Toro y Verónica Maldonado, yo creo que lo que realmente pasó es que el director/productor se encontró en la Lagunilla un libreto de hace cincuenta años y dijo: “éste me sirve”. En serio, toda la historia que nos cuenta Cicatrices es tan anticuada que la pudieron haber estelarizado Marga López y Víctor Junco en su momento. Empezando con la forma en que son presentados los personajes, todos instalados de lleno en la caricatura, en especial la suegra que huele a azufre y a la que sólo le falta salir a cuadro vestida como diablo de pastorela.

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Si no fuera porque no aparece un sacerdote católico por ningún lado, y porque está filmada en color, uno juraría que está viendo un melodrama mexicano de los años 40. El lugar del padrecito lo ocupan un amigo de Julián (Rodrigo Abed), el esposo-golpeador, y la sirvienta de Clara (Nora Salinas), la esposa-sparring. Son ellos los que mediante largos sermones, metidos en la trama con calzador, les recuerdan a nuestros protagonistas que el matrimonio es una institución que ninguna corte puede disolver. Para que quede claro que con el matrimonio no se juega, Diosito los castiga con la muerte de su hijo Juliancito (el niño Bryan -aunque tiene cara de Filogonio- Bernal) y a través del largo, largo conflicto entre ambos cónyuges observamos la diferencia entre los que se sobreponen a su dolor leyendo la Bibilia y los que recurren a las pastillas.

Si todo esto es soportable es principalmente gracias a Rodrigo Abed, quien resulta simpático hasta cuando se comunica con su esposa a base de chiflidos. Nora Salinas y Susana González nos recuerdan por qué las telenovelas son una pésima escuela de actuación, aunque la segunda tiene una participación bastante breve. El resto del elenco, incluyendo a Filogonio Bernal, se defiende, pero no logra sobreponerse a un guión donde los lugares comunes son sólo interrumpidos por eternas sesiones de adoctrinamiento. A esto hay que añadirle la dirección de Paco Del Toro, plana hasta la desesperación, y podremos entender por qué este tipo de melodramas difícilmente tendrán un público considerable fuera de su elemento natural, que son las congregaciones. Cualquier comparación entre Cicatrices y la cinta española Te Doy Mis Ojos sería abusiva, mejor ahí le dejamos.

CICATRICES
Dirección, Producción: Paco Del Toro; Guión: Paco del Toro, Verónica Maldonado; Fotografía: Alberto Lee; Música: Víctor M. Peña; Edición: Ernesto Flores Macías; Elenco: Nora Salinas (Clara), Rodrigo Abed (Julián), Bryan Rangel (Juliancito), Susana González (Diana), Martha Aura, José Roberto Hill, Joana Brito, Leonor Bonilla, Evangelina Sosa, Fernando Vesga
México, 2005, 105 min

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