El despertar del miedo (Haute tension). Bautizo de sangre.
Por: Rodrigo Vidal Tamayo
I.
Brutal.
Dicho adjetivo se le ha adjudicado a una cantidad ingente de películas, y ahora, con la moda del cine asiático extremo, es nuestro pan de cada día escuchar que tal o cual cinta de rasgados ojos es la más brutal de la historia, para convertirse en decepción al contener a lo sumo dos escenas violentamente explícitas y el resto ser diálogo incomprensible y, eso sí, brutalmente somnífero.
La película brutal por antonomasia es, sin duda alguna, la maldita Saló o los 120 días de Sodoma, última película y razón por la que su autor, Pier Paolo Pasolini, fue brutalmente asesinado, o eso es lo que dicen las malas lenguas. Dicha cinta es un festín, en forma de bufete, de sangre, sexo y mierda. Las imágenes que nos proyecta son las más violentas jamás filmadas y todo aquel que desee repetirlas debe saber que podrá homenajearlas pero jamás soñar en igualarlas.

II.
Brutal.
Dicho adjetivo también se aplica a acciones de escasa inteligencia y a muestras de una incapacidad cerebral máxima. Por ejemplo, dentro del mundo del cine, mutilar una película en aras de hacerla más accesible comercialmente es una muestra de la más asombrosa estupidez. Un escalón más arriba (o abajo, como quiera verse) está el ponerle un título de lo más idiota cuando el nombre original lo dice todo.
III.
La brutalmente titulada El Despertar del Miedo es en realidad una película francesa originalmente llamada Haute Tension, o Alta Tensión en el lenguaje de Cervantes, y es una cinta que merece ser llamada brutal por lo duras que son sus escenas, sus efectos especiales, su historia y porque el título lo dice todo. Estamos frente una película cuya atmósfera es tan tensa que el resultado de verla por completo es en severo dolor de estómago por la ansiedad y angustia que provoca.
Después de que el cine gore decayó en un marasmo de autoparodia y homenajes basura a los grandes clásicos, ya estamos en el momento de que empiecen a surgir las películas que deconstruyan el género y lo lleven a terrenos poco o nada explorados. Películas como Saw o Cabin Fever se han olvidado de la fantasía y han explotado el miedo fundamentándolo en horrores reales, creando nuevos clásicos de la violencia.
Si en Saw vivimos el horror de ser peones en un juego sin salida, ratas de laboratorio de un científico social, situación a la que los gringos se están acostumbrando y en Cabin Fever fuimos testigos de la posibilidad de una pandemia fulminante, en Alta Tensión (me niego a usar el espantoso título que le pusieron aquí) podemos observar el resultado extremo de la presión sobre el ciudadano común.

Son esta tres películas las que están abriendo una ventana dentro del gastado cine de sangre y vísceras, y lo que tienen en común es un guión sólido, pulido e inteligente, sin caer nunca en excesos argumentales o en vueltas de tuerca ad hoc, además de utilizar la sangre como un medio de expresión y no como fuerza de choque para generar morbo.
Alexandre Aja, director y escritor, nos entrega una película excesivamente sangrienta y cruda, nunca permite un descanso ni alivio cómico a lo largo de toda la cinta y su principal mérito es el aumento in crescendo de la tensión a la que alude el título. Cuando uno piensa que el climax ha llegado, Aja sorprende y logra aumentar el nivel de terror y angustia, coronándolo con un final sorpresivamente aterrador, que ha decir de algunos no es nada original pero pocos directores lo hacen bien. Aja logra la sorpresa gracias un guión excesivamente trabajado y muy cuidado, algo pocas veces visto en el cine de slashers.
Como toda película europea, Alta Tensión se nutre con escenas perspectivas de los personajes, habrá a quien le parezcan largas y aburridas, en realidad son la calma antes de la tormenta de sangre que sigue a continuación, porque la película es un derroche de tomas violentas, terroríficamente splatter y cada escena es más explicita que la anterior. Esta debió ser la razón por la que los censores gringos decidieron cortarle algunos minutos, incluyendo la única escena que puede causar algo de gracia, si uno tiene alguna psicopatía sexual.
Las actuaciones son estupendas y los dos personajes principales, ambos mujeres -elemento infaltable en el cine de terror moderno-, están realizados de tal manera que uno sufre cuando ellas sufren y uno se apacigua al verlas a punto de salvarse, situación que afortunadamente no llega porque, al ser esta una producción europea, no tiene un final feliz.
Alta Tensión es una verdadera opción en este año que, cinematográficamente hablando, ha estado bastante flojo. No duden que en un par de años se haga el refrito gringo, disminuyendo, por supuesto, las dosis de violencia gore que contiene. Antes de que eso suceda véanla aunque sea en su versión mutilada (que ironía, mutilar una película de mutilaciones) puesto que la versión sin cortes sólo es posible conseguirla por Internet y sin subtítulos en español.
Mientras tanto, estamos a la expectativa de la siguiente película de Alexandre Aja: el remake del clásico de Wes Craven Las Colinas Tienen Ojos. Sabemos que hay películas intocables pero con la mano de Aja estoy seguro que será el verdadero renacimiento del cine gore, un reencuentro por demás esperado.
Sitio Oficial: www.hightensionmovie.com
EL DESPERTAR DEL MIEDO
(Haute Tension)
Dirección: Alexandre Aja; Guión: Alexandre Aja, Gregory Levasseur; Producción: Alexandre Arcady, Robert Benmussa; Música: Francois Eudes; Fotografía: Maxime Alexandre; Edición: A. Baxter; Compañía Productora: Alexandre Films / EuropaCorp; Compañía Distribuidora: Gussi-Artecinema; Elenco: Cécile De France (Marie), Maïwenn Le Besco (Alex), Philippe Nahon, Franck Khalfoun, Andrei Finti, Oana Pellea, Marco Claudia Pascu, Jean-Claude de Goros
Francia, 2003, 85 min.
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