Mi Nuevo Jefe
Por: Marco González Ambriz
Viendo el poster uno se imagina que In Good Company es una comedia romántica más. Sólo hay que reemplazar a Topher Grace por Ashton Kutcher, a Scarlett Johansson por Jessica Biel y a Dennis Quaid por cualquier actor cincuentón que hace veinte años hacía suspirar a las señoras de hoy. La publicidad es engañosa. En lugar del típico churro de pareja dispareja con final feliz a huevo tenemos una comedia inteligente sobre las consecuencias que el crecimiento de las corporaciones tiene para el ciudadano norteamericano promedio… con un final feliz a huevo, pero algo es algo.
Mi Nuevo Jefe significa un retorno al Hollywood de antaño. Esto es apropiado porque la historia nos habla sobre el peligro que la nueva cultura corporativa representa para los empleados acostumbrados a trabajar para la misma empresa de por vida. La seguridad que traía ser contratado por una compañía donde la lealtad era recompensada con un salario suficiente para sostener a una familia desaparece ante la realidad de las corporaciones que prefieren llevar sus fábrica a países del tercer mundo al mismo tiempo que emplean cualquier táctica para reducir su fuerza laboral en su propio país de origen. Contra lo que dicen los activistas globalifóbicos, que no saben nada de nada, este proceso es algo más complicado que un enfrentamiento entre Norte y Sur. Hay gente afectada en ambos hemisferios y no es fácil encontrar alternativas ya que el éxito de empresas como Nike, McDonalds o Shell asegura que ningún hombre de negocios piense seriamente en regresar al modelo anterior.
In Good Company está muy lejos del rollo marxista sobre las etapas del capitalismo, la antinomia valor de uso / valor de cambio y su esperanza cifrada en la dictadura del proletariado. Es una película hecha por y para gringos, donde no se cuestiona el capitalismo como sistema. Al mismo tiempo, representa un ejemplo de cómo el norteamericano común y corriente empieza a sentirse amenazado por el estado actual de la economía de su país. Parece poca cosa si se le compara con las actividades de los culture jammers, gente como Negativland o Ron English (el pintor que sale en Super Engórdame, quien por cierto ya cuenta con su propio documental), en lucha abierta y frontal contra las transnacionales, pero como Naomi Klein, autora de No Logo, reconoce, no es posible lograr un cambio real mientras no se involucre al grueso de la población. A falta de apoyo por parte de las soccer moms los movimientos culturales no van más allá de un Club de Toby anarquista, algo que a la izquierda mexicana le urge entender.
Por eso la trama de In Good Company se presta para que la distribuidora la venda como una simple comedia romántica. Dan Foreman (Dennis Quaid) es un publicista de 52 años que representa todo lo que los gringos identifican como All-American (as if it didn’t happen anywhere else): es trabajador, honesto, íntegro, deportista, buen esposo y padre de familia ejemplar, no le interesa la política, etc. Dan es el jefe de publicidad de una renombrada revista deportiva y en la primera escena observamos que su éxito se debe a que confía plenamente en su producto. Para convencer a un empresario renuente Dan le ofrece una suscripción gratuita y nada más. Está seguro de que la calidad de la revista será suficiente para obtener la inversión. Su manejo dentro de la oficina es idóneo. Sabe que el departamento a su cargo ha tenido su mejor año y esto se refleja en el trato que le da a sus subalternos. Por si fuera poco, su vida familiar es como pintura de Norman Rockwell. Tiene una guapa esposa y dos hijas adolescentes con las que se muestra un tanto sobreprotector, pero no por ello deja de ser un paterfamilias modélico.
Como todo narrador sabe, no hay nada más aburrido que la historia de una familia feliz. El villano del cuento es Carter Duryea (Topher Grace), un mozalbete a quien conocemos en una junta de negocios mientras propone una línea de teléfonos celulares con forma de dinosaurio para explotar un mercado virgen: el de los niños menores de cinco años. Con apenas 26 años, Carter recibe una excelente noticia. La empresa para la que trabaja, propiedad del archimillonario Teddy K., acaba de adquirir a su competidor más cercano, que casualmente tiene como su bien más preciado la revista deportiva en la que Dan Foreman es jefe de publicidad. Sin deberla ni temerla, Carter Duryea se convierte en el superior de Dan, a pesar de tener la mitad de su edad y nulos conocimientos de la materia. Esto se lo confiesa Carter en su primer día de trabajo a Alex (Scarlett Johansson), una atractiva rubia que conoce en el ascensor y que resulta ser la hija de Dan Foreman.
Las complicaciones que siguen son fáciles de adivinar. Carter es presionado por sus superiores para que incremente las ganancias de la revista aumentando las ventas en un veinte por ciento y reduciendo el número de empleados. Para hacerlo se apoya en la experiencia de Dan mientras mantiene en secreto un romance con su hija. Por fortuna, estamos muy lejos de la estupidez de Ashton Kutcher gracias a un libreto que en ningún momento cae en el humor fácil. El relato transcurre sin prisas, con diálogos y situaciones creíbles en su mayor parte, con giros que no siempre funcionan pero que nunca insultan la inteligencia del espectador. Los protagonistas de In Good Company no se escapan del todo del cliché y aun así son gente con preocupaciones reales, lo que representa un respiro para los espectadores que ya están cansados de ver tantas películas estelarizadas por adolescentes o por adultos que se portan como idiotas, es decir, como adolescentes.
Las actuaciones son tan sólidas como el guión. Dennis Quaid se ha convertido en un leading man confiable que puede manejar lo mismo un papel dramático que las situaciones cómicas. Topher Grace, más conocido por su participación en That 70′s Show, tiene un desempeño adecuado como el yuppie sin brújula, atarantado dentro y fuera de la oficina, vulnerable al encontrarse frente a una chica varios años menor que él pero más madura. Scarlett Johansson otra vez hace una labor destacada, ahora con un personaje menos intenso que el de películas como La Joven con el Arete de Perla pero no por eso menos creíble.
Un final a lo Frank Capra es el negrito en el arroz. De buenas a primeras la historia da marcha atrás, con Dan Foreman enfrentándose al temible Teddy K., Carter Duryea apoyándolo frente a sus superiores y una solución milagrosa de último minuto que le da a esta producción un optimismo que la realidad no comparte, con la economía estadounidense perdiendo terreno frente a la Unión Europea, China y la India.
Sitio Oficial: www.ingoodcompanymovie.com
MI NUEVO JEFE
(In Good Company)
Dirección, Guión: Paul Weitz; Producción: Chris Weitz, Paul Weitz; Fotografía: Remi Adefarasin; Música: Stephen Trask; Edición: Myron Kerstein; Con: Dennis Quaid (Dan Foreman), Topher Grace (Carter Duryea), Scarlett Johansson (Alex Foreman), Marg Helgenberger (Ann Foreman), David Paymer (Morty), Clark Gregg (Steckle), Philip Baker Hall (Eugene Kalb), Selma Blair (Kimberly), Malcolm McDowell (Teddy K.)
EE.UU., 2004, 110 min.
Premios y Nominaciones: Festival de Cine de Berlín, 2005: Paul Weitz, nominado al Oso de Oro.
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