Voces del más allá (White Noise).Receta para una película de terror.
Por: Rodrigo Vidal Tamayo R.
Al parecer estamos entrando a una nueva era para el cine de terror, marcada, y merecidamente, por la vertiente oriental, corriente caracterizada por la importancia que se le da a la atmósfera y a los personajes y menos recargada en los sustos efectistas. Películas como The Ring, Dark Water y la derivativa, aunque no por eso mala, Ju On han pavimentado (con sangre, sudor y vísceras) el camino a seguir por todo aquel que se atreva a llevar a la pantalla un buen susto.
Es tiempo pues, de que en occidente empiecen a maquilarse los refritos y las versiones blancas protestantes anglosajonas de las cintas de espantos que les pusieron los ojos redondos a la gente del lejano y bello oriente. Ya vimos lo buena que estuvo El Aro y el clon que resultó de La Maldición, y ya vienen Agua Oscura y El Ojo, aunque antes tuvimos que soplarnos fusiles de a tiro abominables como Gothika (Kassovitz, 2003) que intentó capturar la esencia del cine de espectros nipones nomás para manchar la antes ilustre carrera del director.
Gothika es el ejemplo perfecto de cómo la derivación de un tema no es causante de éxito, y no me refiero a la taquilla sino al buen desarrollo de una idea. El guionista intentó recrear alguno de los grandes clásicos del terror japonés (con ahogamiento incluido) pero debido, supongo, a la presión de los productores, acaba con el clásico final feliz, diferencia fundamental con el cine oriental en donde los espíritus son ojetes y si unos les tiende la mano ellos se toman el pie y en donde un final violento y amargo justifica la secuela.
Es por lo anterior que la verdad es que ya no queríamos ver malas imitaciones de una corriente que quizás ya está en su apogeo (aunque habrá que ver que dicen los sudcoreanos) y aunque tampoco queríamos que se regresara a lo anterior (películas estúpidas de adolescentes más estúpidos con asesinos todavía más estúpidos) la verdad es una cinta como Voces del Más Allá (para variar eliminaron el muy acertado título original White Noise, “Ruido Blanco”, el sonido que se escucha cuando no hay absolutamente nada en la tele o el radio) es un digno representante del cine de horror oriental hecho a la caucásica.
Los que vieron el trailer sabrán de lo que hablo pues fue uno de las más escabrosos de los últimos años (únicamente superado por el nuevo éxito del subterráneo, Saw) y se supone que las voces de ultratumba que se escuchan son verdaderas psicofonías –sonidos emitidos desde el más allá y capturados en cintas magnetofónicas-. Aun y cuando la película hubiera resultado un fiasco –que al fin de cuentas no lo es- ese trailer hubiera valido la pena para pagar el boleto del cine.
White Noise es la explotación obvia del éxito obtenido por los orientales y sus creadores no lograron, ni quisieron, esconder la influencia que marca el tono de la película. Personajes atormentados y deseosos de reinvindicarse son los que conforman el cuerpo de la historia que afortunadamente no contiene ninguna trama romántica y por lo tanto el misterio es el único nudo a desenredar. La evocación de espíritus y la condena eterna que sufren es el eje para que Jonathan Rivers –interpretado por el ahora devaluado Michael Keaton (¡Santa caída, Batman!)- nos guíe en una historia que ha tenido buena aceptación por parte del público especializado, sobre todo por el final, que a algunos les parece muy forzado y que a otros nos parece un buen intento por copiar el sentimiento de abandono que películas como las mencionadas al principio nos provocan.
Esta película maneja las atmósferas terroríficas de una manera bastante lógica para el mundo tecnologizado en el que vivimos. La búsqueda de mensajes de nuestros parientes muertos en la nada hertziana sólo es posible en una sociedad alienada y espantada al punto que es preferible revivir los recuerdos a generar nuevos o a generarlos por medios artificiales. White Noise es, sin querer, estoy seguro, una metáfora sobre el abuso de vicios destructivos y una parábola que muestra la vacuidad del éxito.
Las imágenes espectrales son de lo mejor que se han visto desde la desafortunada (por incomprendida no por mala) The Frighteners (Peter Jackson, 1996) y son por si mismas capaces de erizarle los pelos al más valiente, claro, si ese valiente procura introducirse a la película y logra olvidar la verdad absoluta de que los fantasmas no existen. Mucha gente no se da cuenta, pero el cine de terror es una de las experiencias más completas si uno es capaz de olvidarse de la realidad (que no del cerebro) y se deja llevar por la atmósfera. Nada tiene de malo asustarse de vez en cuando y menos cuando el susto está bien hecho.
White Noise no se convertirá en un clásico, quizás a lo más que puede aspirar es a un pequeño y moderado culto y a funciones nocturnas en la tele, sin embargo, es la muestra de que, en Estados Unidos por lo menos, el cine de terror está listo para dar el paso hacia la madurez.
Sitio Oficial: www.whitenoisemovie.com
VOCES DEL MÁS ALLÁ
(White Noise)
Dirección: Geoffrey Sax; Guión: Niall Johnson; Producción: Paul Brooks, Shawn Williamson; Fotografía: Chris Seager; Música: Claude Foisy; Edición: Nick Arthurs; Elenco: Michael Keaton (Jonathan Rivers), Chandra West (Anna Rivers), Deborah Kara Unger (Sarah Tate), Ian McNeice (Raymond Price), Sarah Strange (Jane), Nicholas Elia (Mike Rivers)
EE.UU. – Inglaterra – Canadá, 2005, 101 min
Cinefagia en Facebook