Neurosis de mujer (A Woman Under the Influence)
Por: Rebeca Jiménez Calero
Uno de los grandes aciertos del FICCO fue presentar una retrospectiva dedicada al cineasta John Cassavetes, quien a pesar de su relativamente corta carrera como director –poco más de una docena de filmes–, es considerado uno de los pioneros del cine norteamericano independiente. Después de trabajar unos cuantos años como actor, Cassavetes decide invertir el dinero que ha ganado, en su ópera prima, Shadows, de 1959. Y de ahí en adelante lleva el mismo ritmo y método de trabajo, es decir, actuar en películas y con el salario recibido financiar sus propios proyectos. Como actor, podía aceptar cualquier tipo de encargo, apareció incluso en muchas películas del género de terror, desde cine de serie B –ver The Incubus– a obras maestras –volver a ver El Bebé de Rosemary–.
Como director, era completamente diferente. Cassavetes era un cineasta intimista, sus historias se adentraban en la psique y el comportamiento humano de una forma natural, se concentraba en las relaciones de pareja desde un punto de vista completamente interiorizado, casi podría decirse que la acción ocurría dentro de sus personajes.
Gena Rowlands en Neurosis de Mujer
Esa es una de las razones –pienso– por las que la gente se salió de la sala donde se exhibió Neurosis de Mujer, una de las grandes películas de John Cassavetes. En ella se narra la historia del matrimonio formado por Nick (Peter Falk, aka Columbo) y Mabel (Gena Rowlands, aka esposa del director); él es un obrero que trabaja en una compañía dedicada a la construcción, ella es una ama de casa con tres hijos, viven en un vecindario agradable y todos se quieren mucho. Sin embargo, existe un pequeño problema en la mente de Mabel, pues padece un tipo de locura que hace que la convivencia no sea nada fácil. Su comportamiento va desde el simple nerviosismo hasta el desquiciamiento, pasando por berrinches algo grotescos, insultos infantiles y desconocimiento de las personas, entre muchos otros.
Un personaje de esa naturaleza tendría que ser sumamente desagradable en una película de Hollywood, sin embargo Cassavetes logra hacer de Mabel una mujer entrañable, pues si bien raras veces alcanza la cordura, ella se esfuerza por ser buena madre –de tres hijos, ni más ni menos–, una buena esposa y una excelente anfitriona, ya que Nick disfruta de invitar a sus amigos a la casa, y aunque su única capacidad culinaria consiste en preparar spaguetti, ella pone todo su empeño para que todos estén contentos, ganándose el cariño y el aprecio de todos.
Con todo esto, no quiero implicar que se trate de un drama “políticamente correcto” de esos en que el discapacitado mental logra salir avante de todas sus limitaciones. No, Neurosis de Mujer no es de esas películas. Por el contrario, aquí las cosas van de mal en peor; al ser plantada en una noche importante, Mabel sale en dirección a un bar en busca de un poco de cariño, y a partir de entonces su comportamiento empieza a tener repercusiones serias: hace el ridículo frente a los compañeros de su esposo, un vecino cambia de parecer en relación a dejar que sus hijos jueguen con los suyos cuando la ve montar una representación espontánea de El Lago de los Cisnes, su suegra comienza a echarle en cara su locura y el doctor de la familia sugiere que sea internada en contra de su voluntad.
Peter Falk en Neurosis de Mujer
John Cassavetes bordea muy sutilmente a los límites del cinema verité. Él permite que el desempeño de los actores fluya, con el fin de que así también lo hagan sus personajes; la cámara pareciera ser un testigo presencial de lo que ocurre en el hogar de los protagonistas, por lo que no existe una puesta en escena elaborada que nos indique que se trata de un montaje, de una representación, sino más bien opta por los lineamientos del cine documental, con una estética un tanto parca, algo fría, pero no por eso indiferente de los problemas que plantea.
Mabel no es una persona disfuncional dentro de una familia convencional, por el contrario, toda la familia comparte con ella cierto desquiciamiento que hace que algunas escenas resulten insoportables –la madre de Nick reclamándole a Mabel por no cuidar de su esposo, Mabel suplicando al doctor que no la inyecte, Nick tratando de hacer placentero un viaje a la playa con sus hijos–, pero el cineasta no lo hace con intención de shockear a la audiencia, sino para llevar al límite las situaciones derivadas de su historia.
John Cassavetes es sin duda, uno de los pilares del cine independiente norteamericano, y uno de los precursores de la nueva camada de directores surgida durante la década de los sesenta, quienes vendrían a reformar una cinematografía ya bastante anquilosada para entonces. Y es una lástima que para las generaciones que venimos después de él nos sea casi imposible poder ver su cine. Ojalá otras instituciones también se interesen por rescatar y difundir la obra de un cineasta propositivo, original y contestatario y nos dieran la oportunidad de verla de nuevo en 35 mm., como debe de verse el cine.
PD. No quería terminar este artículo sin dejar de mencionar que la actuación de Gena Rowlands es de verdadera antología. Después de verla en Neurosis de Mujer no he podido dejar de pensar que ha sido una de las actrices más desaprovechadas que existen.
NEUROSIS DE MUJER
(A Woman Under the Influence)
Dirección, Guión: John Cassavetes; Producción: Sam Shaw; Fotografía: Caleb Deschanel; Música: Bo Harwood; Edición: David Armstrong, Tom Cornwell; Elenco: Gena Rowlands (Mabel Longhetti), Peter Falk (Nick Longhetti), Matthew Cassel (Tony Longhetti), Matthew Laborteaux (Angelo Longhetti), Christina Grisanti (Maria Longhetti), Lady Rowlands (Martha Mortensen), Jimmy Joyce (Bowman), Joanne Jordan (Muriel), Syl Words (James Turner)
EE.UU., 1974, 155 min.
Premios y Nominaciones: Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, EE.UU., 1975: Gena Rowlands, nominada como Mejor Actriz; John Cassavetes, nominado como Mejor Director. Golden Globes, EE.UU., 1975: Gena Rowlands, Mejor Actriz Dramática; John Cassavetes, nominado como Mejor Director y por el Mejor Guión; nominada como Mejor Película. Festival de Cine de San Sebastián, España, 1975: John Cassavetes, premio OCIC; Gena Rowlands, Mejor Actriz; John Cassavetes, Concha de Plata.
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