Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

El maquinista (The Machinist)

This thing of darkness I
Acknowledge mine.

- Próspero, La Tempestad

Trevor Reznik (Christian Bale) lleva un año sin dormir. En las madrugadas, mientras el resto del mundo sueña, el fantasmal Trevor visita a su prostituta favorita, Stevie (Jennifer Jason Leigh), y le resta importancia a su estado diciéndole que de insomnio nadie se ha muerto. Trevor alterna estas visitas con otras a la cafetería del aeropuerto, donde es atendido noche a noche por la agradable mesera del lugar, Marie (Aitana Sánchez-Gijón). Durante el día Trevor se desempeña como maquinista y es precisamente en el trabajo, cuando su extrema delgadez y consiguiente fatiga ya se han vuelto tema de conversación entre sus compañeros, que un accidente despierta en él un sentimiento de culpa que lo lleva a cuestionarse la realidad que lo rodea.

Christian Bale en El Maquinista

Christian Bale en El Maquinista

Sin duda lo que más llama la atención de esta producción española hablada en inglés, que ya se ha destacado por su participación en festivales, es el extremo al que llegó Christian Bale, el próximo intérprete de Batman, para alcanzar el peso de su personaje. Un Trevor Reznik que fácilmente puede describirse como un egresado de Dachau, con el estómago literalmente pegado al espinazo y los huesos claramente visibles a través de la piel, pero que además oculta una serie de traumas, culpas y recuerdos que lo conducen irremediablemente a la locura, convirtiéndose en el vehículo perfecto para que Bale demuestre lo buen actor que es. Más allá del sacrificio que representa bajar 30 kilos para interpretar a este personaje, el trabajo de Bale es encomiable porque es absolutamente creíble desde el primer momento. A diferencia de una Charlize Theron, cuya transformación física en Monster era poco más que una artimaña para ganar un Oscar, Christian Bale tiene siempre en mente la construcción de una persona cuyo físico famélico es sólo la manifestación más clara de un tormento que ni él mismo acierta a comprender.

Las comparaciones con otros personajes atrapados en infiernos similares, como El inquilino de Roman Polanski (1976), el justiciero amnésico de Memento (Christopher Nolan, 2000) o el infortunado paciente aquejado por el Largo sueño (Nagai Yume, Higuchinsky, 2003), son más que obvias, pero muy útiles para ubicar a este Trevor Reznik que se debate entre una imaginación febril, fantasías culposas, una vida cotidiana que de tan gris ya se ha vuelto irreal y una relación esquiva y equívoca con dos mujeres que representan el arquetipo de ánima que, según Jung, representan el lado femenino de todo hombre. Por un lado la prostituta Stevie es el contacto humano más cercano que le queda a Trevor, mediante el cual tiene acceso al sexo y a la intimidad que está disponible siempre en el lecho de esta mujer pública. Por el otro la mesera representa otro aspecto del ánima, el que corresponde a la madre, al hogar que Trevor nunca tuvo pero que ocasionalmente encuentra en ella. En el fondo, ambas mujeres son una misma, como podemos ver cuando el protagonista empieza a sentirse cómodo con ellas, adquiriendo una relación más completa con ambas, que es justo cuando la personalidad de una y otra empiezan a fusionarse, adquiriendo los rasgos de su opuesto y confundiendo aun más a nuestro desesperado protagonista.

Jennifer Jason Leigh en El Maquinista

Jennifer Jason Leigh en El Maquinista

Siguiendo los pasos de Jung es fácil encontrar otros arquetipos en El maquinista. El más fácil de identificar es la Sombra, que en términos culturales se presenta bajo el signo del bufón (trickster, en inglés), el personaje que acompaña al protagonista/héroe y que le va dando pistas para resolver los enigmas que se le presentan en el camino. En este caso está claro que la sombra de Trevor es Iván, un tipo corpulento, calvo, con una mano reconstruida quirúrgicamente y que aparece, siempre en situaciones imprevistas, para ofrecer ayuda a Trevor bajo la forma de acertijos. Para Jung la sombra es el arquetipo que representa aspectos de la personalidad del individuo que éste se niega a reconocer en sí mismo. En el caso de Trevor se trata de una peligrosa amoralidad, oculta bajo la guisa de un comportamiento demasiado amistoso y una despreocupación que contrasta con la tensión permanente de Trevor, afectado por su perpetuo estado de duermevela al grado de estallar en cualquier momento, llegando incluso a enfrentarse con sus amigos y parejas potenciales. En este caso particular la Sombra se ha vuelto más tangible que su contraparte objetiva, aun cuando los colaboradores y amigos de Trevor no compartan la capacidad de verlo.

Esta interpretación de El maquinista, que algunos considerarán demasiado rebuscada, podría extenderse hasta incluir todos los elementos que conforman esta fábula tortuosa, angustiosa y al mismo tiempo naturalista, de una sobriedad desarmante que evita a toda costa los efectos especiales para acentuar su discurso. Al intentar enriquecer el discurso fílmico con el de otras disciplinas, en este caso la psicología, es muy fácil interpretar cada elemento de la narración de manera por demás abusiva para hacerlo encajar en las teorías que se desean ilustrar. En el caso de Jung, los arquetipos son lo bastante vagos para apropiarse de ellos a la hora de discutir el calvario de Trevor Reznik sin forzar demasiado el símil. De cualquier forma esta interpretación, en la que toda la trama de la película se reduce a una lucha interna por parte del protagonista para aceptar un hecho terrible de su pasado, es aceptable porque en ningún momento se nos ofrece un punto de vista que no sea el del personaje principal. Desde la primera secuencia, que nos muestra a un desencajado Trevor intentando deshacerse de un cadáver, para pasar por corte directo a su departamento, donde lo vemos lavándose obsesivamente las manos, cual una versión masculinizada (o ánimus, si se prefiere) de Lady Macbeth, todo lo que aparece en pantalla está tomado directamente de la estragada psique de este hombre, que a lo largo de toda la cinta se balance precariamente entre la locura y lo poco que le queda de salud mental.

La sombra de Trevor en El Maquinista

La sombra de Trevor en El Maquinista

Como siempre, el recurso de tomar prestadas definiciones y herramientas de la psicología, o de cualquier otra disciplina, no debe entenderse como el único camino posible para interpretar un trabajo fílmico, mucho menos cuando presenta la riqueza temática y la impecable hechura de El maquinista. Se trata tan sólo de una de tantas vías de acceso a una obra que tiene muchas aristas, todas ellas sujetas a los prejuicios e intereses de cada espectador… siempre y cuando estén dispuestos a especular sobre lo que están viendo en pantalla, algo que probablemente será imposible para el gran público, acostumbrado a recibir todo pelado y en la boca siempre que entra en una sala cinematográfica. Ellos se lo pierden.

Sitio Oficial de la Película: www.machinistmovie.com

EL MAQUINISTA
(The Machinist)
Dirección: Brad Anderson; Guión: Scott Kosar; Producción: Julio Fernández; Fotografía: Xavi Giménez; Música: Roque Banos; Edición: Luis de la Madrid; Compañías Productoras: Castelao Productions / Filmax International; Compañía Distribuidora: UIP; Elenco: Christian Bale (Trevor Reznik), Jennifer Jason Leigh (Stevie), Aitana Sánchez-Gijón (Marie), John Sharian (Ivan), Michael Ironside (Miller), Lawrence Gilliard, Jr. (Jackson), Reg E. Cathey (Jones), Anna Massey (Sra. Shike)
España – EE.UU., 2003, 98 min.

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