Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Beto Gómez

Entrevista: César Amador

“Somos una comunidad caníbal”, afirma sin resentimiento Beto Gómez, cineasta nacido en Sinaloa, criado en Tamaulipas, con estudios en Canadá, experiencia laboral en España y actual residente en Guadalajara. A diferencia de la mayoría de los cineastas, quienes se crucifican con sus argumentos sobre la falta de apoyos suficientes para el cine mexicano, Beto Gómez lo dice como un hecho más en la larga cadena de obstáculos que tiene que librar la industria cinematográfica nacional. Tal vez esto se deba a que no es un cineasta como los que actualmente tenemos en México. No estudió en ninguna de las escuelas locales (lo hizo en el Vancouver Film Institute, aunque nunca terminó sus estudios), su formación no se dio en México (prefirió experimentar en España), su mundo no se circunscribe a la nacoideología de la Condesa ni al lumpenturismo del Centro Histórico de la Cd. de México (prefiere la lejana y olvidada provincia) y su cine no obedece las fórmulas dictadas por Hollywood (pareciera estar más cerca de los independientes de EUA, como Sayles o DiCillo). En suma, Beto Gómez es visto como un paria en una industria de espejismos.

La Prisión Interior

El pretexto de la entrevista es el estreno de Puños Rosas (Videocine, 2005), su más reciente película. “Básicamente, es una historia de amor”, afirma convencido el director. “Pero de amor canalla. De ese que hace sufrir y te cambia la vida”. Y es que la película narra la historia de amor entre una joven promesa del boxeo tamaulipeco (interpretado por Rodrigo Oviedo) y el matón estrella de una mafiosa fronteriza. No exactamente la típica historia de chico-conoce-a-chica.

“No es una película de homosexuales”, aclara Gómez, no a manera de excusa, sino de interpretación del filme. “La historia principal sí gira en torno a un par de homosexuales, pero (su historia) es igual de fuerte que las otras que aparecen en la película”. El amor “canalla”, como lo define Gómez, tiene mucho que ver con la imposibilidad de retener al ser amado. Ambientada en la frontera Tamaulipas-Texas y focalizada en un penal municipal, los personajes de la cinta se encuentran en una prisión mayor que los consume y los desborda. “La prisión no solamente es física, sino también mental y geográfica”, explica el director. “La frontera misma es una prisión, el ser un matón al servicio de los narcos es también una prisión, la casa donde se vive con un padre extraño es una prisión. La culpa, el miedo, el rencor, todo esto es una prisión para estos personajes. Y el amor es lo único que puede liberarlos”.

El Largo y Sinuoso Camino

“Yo, en lo particular, creo mucho en el cine mexicano”, aventura Gómez sin recato alguno. “Creo que viene una banda muy fuerte de gente que hace cine, y pues, hay que estar ahí luchando, para que te vean”.

Y la lucha es algo con lo que Beto está acostumbrado. El Agujero, su primer largometraje, fue financiado mayoritariamente por él y unos amigos, con una cámara prestada y con una participación gratuita del fallecido actor Roberto Cobo. El Sueño del Caimán, su segunda cinta, fue filmada en 16mm, con película blanco y negro y con apoyo de instituciones españolas, no mexicanas (ya en la post producción participó la Universidad de Guadalajara). Pero fue gracias a esta película que Videocine se fijó en él para realizar Puños Rosas.

“México es un país cabrón, que te pega por todos lados. No tienes apoyos, nadie te ayuda al principio. Apenas tus amigos y tus familiares. Cuando saqué El Agujero, la gente (de cine) decía, ‘Ah, mira a este pendejo, ya sacó su película’, pero hasta ahí. Luego saco El (Sueño del) Caimán y decían, ‘Ah, mira otra. Pero de seguro ya se le acabó, al cabrón’. Y ya ahora que tengo tres, pues ya dicen, ‘Mira, ese Beto me está cayendo bien’. Es un derecho de piso muy caro, pero lo vale”.

Pero Beto Gómez no se desanima. Confía en que las cosas, tarde que temprano, cambiarán para bien del cine mexicano. “Una cosa que nos debemos dar cuenta como comunidad artística y cultural es que nos tenemos que echar la mano. México no es un país de equipos, sino de héroes solitarios. Si a alguien le iba bien en México era corriendo o boxeando, y eso porque uno iba solo. Pero cuando se trata de competir en equipo, siempre salen los ‘¿y por qué este güey sí y yo no?’ y esas cosas. Pero en cine no puedes hacer eso. Todos tienen que jalar parejo”.

Y Beto Gómez lo dice por experiencia. El también sinaloense Héctor Osuna ha sido el fotógrafo de sus tres películas, Roberto Espejo ha contado con estelares en dos de ellas y Arturo Pimentel ha estado apoyándolo en la producción desde siempre. Pero contar con un equipo sólido no lo es todo. Al menos no para el director, quien, de acuerdo con Gómez, es finalmente el único que debe responder por la película.

“Cuando se saca una película como lo hice con mis dos primeras, todos te están mirando a ti. Como que están diciendo, ‘a ver si este pendejo termina su película’. Porque tu les prometes a todos que las vas a acabar y les pides cosas bien cabronas. Es como estar en un campo de batalla y ver donde están más duros los plomazos y les dices, ‘vamos para allá’, y pues te tienen que ver en la cara que estás convencido. Creo que lo mínimo que puedes hacer para retribuirles el apoyo que te están dando es que termines lo que empezaste”.

Falta Diversidad en el Cine Mexicano

“Lo importante es que haya una gran variedad de historias. México es muy grande y muy diverso como para tratar de funcionar en base a fórmulas. Como que de repente alguien le pega (a la taquilla) con una película y todos dicen, ‘pues por ahí es’, y allá van. Yo creo que no debiera ser así. Creo que debe haber muchas más historias. Darle más oportunidades a los guionistas, a los actores. Hay que estarle jugando más. Creo que esa es la posibilidad de que empiecen a surgir más cosas”.

“Para tener buen cine en México hay que empezar por hacer cine”, simplifica el director. “Pero hacerlo, no hablar de cine. Hay que ser como un sparring. Hay que estar ahí, recibiendo los madrazos hasta que llegue la oportunidad. Y te van a criticar, y luego te van a volver a criticar, y van a estar ahí, duro y dale. Pero hay que estar ahí y no sentado en un café esperando hacer una película. A esos güeyes no hay que pelarlos. Pero al que está haciendo cine, aunque sea malo, pero que sigue haciendo cine, aguas. A ese sí hay que checarlo”. Y remata: “Pregúntale a Clint Eastwood, que hacía películas con orangutanes y ahora todos lo adoran”.

Sobre el éxito en taquilla de la cinta, Beto Gómez no se advierte muy preocupado. “Yo espero que la gente se de cuenta que la película es auténtica, que es fiel a lo que quiere contar y que no nos anduvimos con rodeos para hacerla. No es una historia de amor como a las que estamos acostumbrados, tenemos un personaje transexual, a dos homosexuales, a cabrones que te matan porque sí, a otros que te traicionan. Pero así es la gente y creo que de eso se trata el cine. Que te cuente historias de gente real. Y cuando el público se da cuenta de eso, cuando se logra identificar con lo que les pasa a los personajes, entonces todo puede suceder”.

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