Amor eterno (Un long dimanche de fiançailles)
El enorme éxito de Amélie le garantizó a su binomio director/actriz -Jean-Pierre Jeunet y Audrey Tautou, por si alguien lo ignora, cabeza visible de un equipo mucho más numeroso que para efectos promocionales cabe reducir a sólo dos nombres-, una expectativa de cara a sus siguientes proyectos que a los grandes estudios de Hollywood les cuesta millones de dólares en publicidad y que para las producciones francesas normalmente es un sueño inalcanzable. Por supuesto que este interés tiene su contraparte en el entusiasmo con el que los críticos afilan sus cuchillos, mientras esperan a que la cinta se estrene, para someterla a comparaciones abusivas, juicios apresurados y afirmaciones sin fundamento.
Con la llegada de Un Largo Domingo de Noviazgo (ignoremos el telenovelero título en español) a las pantallas, a la mayor parte de la crítica no le quedó más remedio que admitir que Jean-Pierre Jeunet y su actriz favorita ya ocupan un lugar de privilegio en la cinematografía mundial. La experiencia anterior de Jeunet trabajando con un guión que no fue de su autoría, la infortunada Alien 4, hizo pensar a muchos que el director francés sólo podía ofrecer buenos resultados partiendo de sus propias ideas. Sin embargo, con esta adaptación de la novela de Sebastien Japrisot, publicada en 1991, ganadora del Prix Interallié y considerada una obra maestra de las letras galas, Jeunet nos demuestra lo contrario.
Gran parte del mérito le corresponde, hay que decirlo, a Japrisot, que en su país de origen goza de una fama comparable a la de un Graham Greene, con una trayectoria que abarcó más de 50 años y que incluye una amplia labor como novelista, guionista y traductor. El extraño tono tragicómico de la película, que algunos críticos le atribuyeron a la incapacidad de Jeunet para ponerse serio, ya está en el libro, un híbrido de romance, misterio y denuncia que sus lectores en Francia conocían bien. Otra técnica que Japrisot solía emplear era narrar un episodio clave desde puntos de vista opuestos y muchas veces conflictivos, lo que le ganó a la cinta el infaltable cotejo con Rashomon, sin importar que la intención de ambos trabajos sea completamente diferente.
Desde los primeros minutos de su película, Jeunet establece una diferencia clara entre Amélie y Un long dimanche. En este prólogo, que transcurre en 1917 y que contiene imágenes terribles, conocemos a cinco soldados franceses acusados de automutilarse para ser relevados de sus posiciones en el frente, por lo que son sentenciados a muerte siguiendo las disposiciones del general Petain. Para cumplir con lo ordenado por la corte marcial, los hombres son conducidos a la trinchera conocida como Bingo Crepuscule, desde donde serán expulsados a la tierra de nadie para morir en el fuego cruzado, en un bombardeo o a causa del hambre y el frío. Aunque los soldados se aferran a la posibilidad de recibir el perdón presidencial, saben que lo más probable es que no vuelvan a ver a las familias que dejaron atrás al momento de ser reclutados. El caso más lamentable es el de Manech, un adolescente, hijo de un guardafaros, que ha sido reducido al estado de idiota dostoievskiano por lo que ha visto y que ingenuamente espera que se cumpla la sentencia para regresar con su amada Mathilde. Tres años después, ella todavía no puede aceptar que Manech esté muerto, por lo que inicia su propia investigación sobre lo sucedido en esa trinchera con la esperanza de encontrarlo con vida.
Llevar a cabo esta pesquisa se le complica a Mathilde porque desde niña el polio la dejó coja, además sus tíos le aconsejan que se olvide de Manech y encuentre a alguien más de quien enamorarse. Pero Mathilde tiene la misma tenacidad que Amélie o que la pequeña Miette de La Ciudad de los Niños Perdidos y, con la ayuda del detective Pire y de su escéptico abogado, se dedicará a rastrear a todo aquel que pueda aportarle información sobre el destino de su novio, descubriendo que una prostituta corsa se vale de sus propios medios para hacer valer su idea de justicia con los responsables de lo sucedido en Bingo Crepuscule. Este relato, que crece con la aparición de cada nuevo personaje hasta llegar a una complejidad pocas veces vista en el cine reciente, lo maneja Jeunet con su acostumbrada habilidad para definir personajes en un par de trazos. Le basta una imagen para describir el código de honor de Tina Lombardi, el pragmatismo del tío Sylvain o la devastadora pérdida de la señora Desrochelles.
A pesar de lo intrincado del relato, el conflicto está claro. El antagonista de Mathilde será la Primera Guerra Mundial misma, o para decirlo de forma más precisa, las secuelas que el conflicto armado, descrito por muchos como el suicidio de Europa, tiene en la población francesa, más dispuesta a poner la mayor distancia posible entre sus millones de muertos y la vida que, pese a todo, continúa, que a averiguar el paradero de un soldado adolescente. El enemigo a vencer para Mathilde será el dolor de los sobrevivientes, que deben retomar una rutina interrumpida por las decisiones de sus gobernantes y de alguna manera sobrellevar el daño físico y emocional que han sufrido. De esta manera, Un Long Dimanche de Fiançailles adquiere la forma de un canto antifonal, en el que la voz solista de Mathilde entabla un diálogo de proporciones monumentales con un coro integrado por el resto de los personajes, idea concretada por un cuadro de actores que ya han colaborado con Jeunet en anteriores ocasiones y que además cuentan con una fotografía (de Bruno Delbonnel) y una música de fondo (de Angelo Badalamenti) excepcionales.
Como mencioné, la mayoría de los críticos se han rendido ante el encanto de una película en la que el infierno de la guerra de trincheras se fusiona a la perfección con la fábula romántica, solamente algunos han objetado que Un largo domingo de noviazgo contenga dosis iguales de tragedia y fantasía. Es divertido ver cómo los críticos exigen respeto por las unidades aristotélicas sin conocerlas, como el burgués gentilhombre que hablaba en prosa sin saberlo, pero esto también es preocupante porque denota una estrechez de miras por parte de los especialistas que sirve para explicar por qué el cine está estancado desde hace décadas. Cuando los expertos se sirven de parámetros caducos no es de extrañar su perplejidad ante una cinta como la de Jeunet, que al hacer caso omiso de sus recomendaciones alcanza el rango de obra maestra.
Llegado a este punto, no me queda sino recordar las palabras de Meyerhold, que pueden aplicarse fácilmente a la película en cuestión: “Reduciendo la riqueza del mundo empírico a la unidad típica, la estilización empobrece la vida, mientras que lo grotesco rechaza conocer nada más que un aspecto, solamente vulgar o solamente elevado. Mezcla los opuestos y acentúa con intención las contradicciones. El único efecto que cuenta es el imprevisto, el original.”
Sitio Oficial: http://wwws.warnerbros.fr/movies/unlongdimanche/
AMOR ETERNO
(Un long dimanche de fiançailles)
Dirección: Jean-Pierre Jeunet; Guión: Jean-Pierre Jeunet y Guillaume Laurant, basado en la novela de Sebastien Japrisot; Producción: Francis Boespflug; Fotografía: Bruno Delbonnel; Música: Angelo Badalamenti; Edición: Herve Schneid; Elenco: Audrey Tautou (Mathilde), Gaspard Ulliel (Manech), Jean-Pierre Becker (Esperanza), Dominique Bettenfeld (Ange Bassignano), Clovis Cornillac (Benoit Notre Dame), Florence Thomassin (narradora), Marion Cotillard (Tina Lombardi), Jean-Pierre Darroussin (Benjamin Gordes), Jodie Foster (Elodie Gordes), Jean-Claude Dreyfus (Commandant Lavrouye), Albert Dupontel (Celestin Poux), André Dussollier (Rouviéres), Ticky Holgado (Germain Pire), Dominique Pinon (Sylvain)
Francia – EE.UU., 2004, 133 min
Premios y Nominaciones: Premios César, Francia, 2005: Bruno Delbonnel, Mejor Fotografía; Madeline Fontaine, Mejor Diseño de Vestuario; Aline Bonetto, Mejor Diseño de Producción; Marion Cotillard, Mejor Actriz de Reparto; Gaspard Ulliel, Revelación Masculina; Audrey Tautou, nominada como Mejor Actriz; Jean-Pierre Jeunet, nominado como Mejor Director; Angelo Badalamenti, nominado por Mejor Música; Hervé Schneid, nominado por Mejor Edición; Jean-Pierre Jeunet, nominado por Mejor Película; Jean Umansky, Gérard Hardy, Vincent Arnardi, nominados por Mejor Sonido; Jean-Pierre Jeunet, Guillaume Laurant, nominados por Mejor Guión. Academy Awards, EE.UU., 2005: Aline Bonetto, nominada por Mejor Dirección de Arte; Bruno Delbonnel, nominado por Mejor Fotografía. American Society of Cinematographers, EE.UU., 2005: Bruno Delbonnel, Mejor Fotografía. Premios BAFTA, Inglaterra, 2005: nominada como Mejor Película Extranjera. Golden Globes, EE.UU., 2005: nominada como Mejor Película Extranjera.
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