Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Snuff, el Placer de Mirar

Por Alberto Acuña Navarijo

Después de realizadas y publicadas, no resultó casual que al menos una película mexicana fuera incluida en las correspondientes listas de lo peor del año pasado por parte de editores y colaboradores de esta página. Aunque un servidor ya parezca disco rayado, podemos considerar que el 2004 se caracterizó por el conformismo y la mediocridad de los involucrados en la industria nacional, que ingenuamente creyeron que sólo buenas intenciones e iniciativa serían suficientes para sacar a flote sus proyectos, y que nosotros nos hiciéramos los desentendidos y les reconociéramos casi como héroes. Vaya, si el entusiasmo generara ganancias, nuestra cinematografía sería la más poderosa del mundo; si se dieran premios a las propuestas fallidas y proyectos decepcionantes, seguramente arrasaríamos en cualquier festival del orbe.

En el caso del mercado del videohome, el 2004 significó un cambio, un fenómeno, que paulatinamente se vio menguado por malas decisiones; el cual proponia aceptar de una buena vez que las historias que han contado por años -incluyendo sus híbridos que ya se antojan a autoparodia- ya no dan para más; realizando de esta manera un cine basado en el último grito de la tendencia fílmica global para así llegarle a otro público; aquel que en su vida se ha decidido -o dignado- ver dicho cine. Es de agradecerse que las diferentes compañias empiezan a poner a descansar a cholos satánicos, prostitutas darketas, marasalavatruchas mariguanos y judiciales gays; amén de narcoaventuras a ritmo de Chalino Sánchez y ráfagas de cuerno de chivo. Se aplauden buenas decisiones como el de presentar ante la sociedad a nuevas caras, cuidar aspectos como el guión, la fotografía o la música, o tratar de ser lo más realista posible. Es un hecho que poca gente del medio ha tenido la capacidad de entender que el sentido del cambio no sólo se refiere a la forma -fotografía estilizada, música de moda ad hoc o buenas presentaciones visuales para sus portadas- sino también de fondo.

En pocas palabras, se persiste en el mismo modo de trabajo de siempre, donde lo primero es hacer dinero y después hacer bien las cosas. Por ello, sinceramente me alegro que les vaya mal, que reciban críticas nada favorables y que los programadores de festivales nacionales les hagan el feo; nada más para que se les quite. Y es que así como he hablado bien y he defendido al videohome cuando se nota que existe cierta capacidad, talento y noción de lo que se está haciendo, ante las limitantes e inflexiones naturales que este mercado impone, también veo como obvio y necesario criticar grandes fallas, como esta ramplona variante que se esta utilizando como escudo y vehículo para que no digan que los videohomeros no hacen cine de calidad.

Así, Gringo Mex -subsello de Video Grupo Empresarial- puso a circular Tepito (Oscar González, 2003), cinta que se quiere seria, hablando de todos los eslabones que conforman la corrupción, desde el que vende “grapas” en la esquina y el que roba tapones de autos, hasta los altos mandos intocables. Nada mal, sólo que al director al parecer se le olvidó que este es el tema de moda, y que si no va a aportar nada, mejor que no estorbe. Para colmo se le ocurre poner como protagonistas a rostros ya muy quemados como Miguel Angel Rodríguez, Jorge Ortín y Alexa Castillo haciendo lo que mejor sabe… encuerarse después del primer diálogo. Por su parte, a Alfa Audiovisual se le ocurrió producir El Misterio de los Almendros (Arturo Villaseñor y Jaime Humberto Hermosillo), una de las más recientes cintas digitales de temática gay de un Hermosillo en franca decadencia y que causa pensa ajena. LatinCinema Films consideró que no se ha hablado suficiente del tema de la marginalidad urbana, por lo que lanzó Graffiti y Paredes Pintadas, ambas con un Roberto Sosa el cual al parecer nunca ha oído el dicho “el que mucha abarca, poco aprieta”. Obviamente son películas que no dicen nada nuevo, pero lo peor es que creen que si lo estan haciendo.

Pero el caso más difícil de entender, sobre estos “cambios” de estructura, es el de La Raza Mex, una de las compañías más importantes y fructíferas del mercado, la cual, encabezada por Felipe Pérez Aroyo en la producción e Ignacio Rinza Oviedo como principal artífice en la dirección, creó a mediados del 2003 La Raza Dorada, subsello, que pretende -reitero, sólo pretende- hacer un cine a las alturas de las exigencias comerciales de hoy día. El resultado: Gente Común, Perra Sociedad (ambas dirigidas por Rinza Oviedo en el 2003), Gritos de Hambre (Guillermo González, 2004) y próximamente El Nahual, opera prima del ajonjolí de todos los videohomes, Carlos Samperio.

Aunque hay que reconocer que han cuidado y puesto atención en aspectos como la promoción -por ejemplo, el gran trailer de Gente Común con “A Güevo” de Lost Acapulco de fondo- aspectos técnicos siguiendo la moda – edición frenética o fotografía con filtros variopintos- o un casting sorpresivo -con Gritos de Hambre uno jura que los chamacos que aparecen de verdad los sacaron de las cloacas más hediondas de la ciudad-, estas cintas no dejan de ser un malogrado híbrido entre el nuevo cine mexicano de hoy y el videohome de ayer, por lo que cabe preguntarse: ¿quién diablos le dijo a Felipe Pérez Aroyo que cambiando de nombre y color el logo sus películas serían otras? Lo que nos faltaba, nuevo cine mexicano con Flavio Peniche a la cabeza, mientras que curiosamente una de las mejores películas mexicanas de los últimos años, como es El Taquero (Ignacio Rinza Oviedo, 2004) y que pertenece a la línea “normal” de La Raza Mex, pasó sin pena ni gloria, según esto porque no le vieron potencial.

Para rematar, La Raza Mex lanza con bombo y platillo la nueva cinta de Rinza Oviedo, Snuff: El Placer de Mirar (2004), ahora bajo el flamante rubro de La Raza Platino; otra cinta con olor a activo, orines y sangre, en plan ojete cuyo mensaje al parecer es: si te pasas de lanza, tarde o temprano te carga la chingada. Antes que nada sería bueno aclarar -por más necio y obvio que parezca- a todo aquel “freak” que sigue con la esperanza de encontrar películas snuff en el Chopo-Tepito-Lagunilla y anexas, o el que jura por la Virgencita que Guinea Pig es real y sobre todo a Rafael Aviña, obsesivo crítico que cree ver gore y paranoia -sus palabras favoritas- en todas las cintas, que no, la película no tiene nada que ver con tan mentado y mítico subgénero. Es más, cualquiera con un poco de callo en esto del videohome, o cualquiera con mínimo sentido común, sabe de antemano que no hay que irse tan rápido con la finta de los títulos y sipnosis por más explícitos que estos sean. De hecho, eso es lo de menos; Snuff está bien hecha, tiene buenas actuaciones de la mayoría del elenco y de verdad asusta por lo cruda y realista que es.

El problema es otro. Snuff es prácticamente igual a El Taquero. Nuevamente un absurdo incidente a causa del abuso, las ganas de fregarse al que se deje y sobre todo de una maldita casualidad, será el catalizador para que dos bandos se enfrenten en un duelo en el que no quedará títere con cabeza. Mas aún, esta es una de las constantes de los guiones de Rinza Oviedo como Cabezas Rapadas 2 (Christian González, 2002) o Pinchi Broza (Arturo Velazco, 2003), por lo que la banda de Snuff nunca deja de estar a la sombra de aquel taquero que despacha sabrosos y nutritivos tacos de perro.

Los hermanos conocidos como El Negro y El Charal son los líderes de una peligrosa banda de algún barrio perdido en los límites de la zona conurbada, la cual se dedica a secuestrar y violar jovencitas, darle baje a cualquier transeunte incauto, ponerle macizo a la piedra y asaltar microbuses, en particular el mismo que ellos trabajan en sus tiempos libres. Aun con las linduras que cometen, estos hermanos tienen un código de honor que consiste en que si alguien te la hace, te la paga, y de la manera más manchada posible, como único vehículo de sobreviviencia, la cual poco a poco le están inculcando a Paco, un niño de la calle, amigo y protegido suyo. Raúl, amigo de los hermanos, es un mecánico pobre diablo, del cual todos abusan, sobre todo Sebastián (Luis Enrique Parra, el taquero de la película homónima, otra vez llevándose la cinta), un cliente que a su vez es un estafador en juegos de azar, amparado por Fidel (Flavio Peniche), un judicial transa con apariencia asustadiza todo el tiempo. Lo que Sebastián no sabe es que está jugando con fuego al bailarse a Raúl, ya que éste le pide ayuda al Negro, al Charal y compañía para que le den una claentadita al estafador y a sus compinches. Y como Raúl ha decidido empezar a grabar en video un documental acerca de su entorno , que se trastoca en algo peor que el Alarma con brutales violaciones y madrizas bien dadas, El Negro, uno de los protagonistas de dicho documental, empieza a aceptar que nunca dejará de ser una escoria, por lo que la venganza para con Sebastián no tendra límite.

Repito, formalmente Snuff logra que no deseemos toparnos con El Negro y El Charal o nos sorprendamos por lo gandalla que es Sebastián debido a un adecuado casting, acompañado de un buen diseño de producción y una fotografía granulosa pero a discreción, consiguiendo que el espectador crea plenamente las acciones de los personajes, demostrando una vez más -por si no quedaba claro- que el ser realista es mucho más que decir “mota”, “no mames” y “valedor” o salir con tantita mugre en la cara, sino que es el hecho de ir y acercarse lo más posible a lo que se quiere retratar para saber de qué manera se debe tratar dicho tema. La queja va para esa necedad que tienen de sacarse de la manga personajes y subtramas que dan al traste toda la historia. ¿Qué diablos hacen Luis Gatica y Flavio Peniche en escena? ¿Qué necesidad se tenía de incluir una voz en off para repetir como merolico lo mismo que estamos viendo? ¿Por qué El Negro y El Charal dejan vivir únicamente a los personajes más odiosos y estorbosos de la película?

Un último comentario: realizadores del videohome -en este caso La Raza mex-, no les den la razón a sus detractores haciendo tanto tremendismo que ya no va a nada. Hay varios temas más que tratar y de una manera que no se tenga que comparar con el cine comercial, ya que aunque se llame La Raza Dorada, de Cobre o de Latón, siguen siendo la misma cosa de siempre. ¡Ah, pero sin Flavio Peniche por favor!

SNUFF, EL PLACER DE MIRAR
Dirección: Ignacio Rinza Oviedo; Guión: Armando Ríos; Producción: Felipe Pérez Arroyo; Fotografía: Alfredo Luna; Música: ; Edición: ; Compañía Productora: La Raza Mex; Con: Luis Enrique Parra, Flavio Peniche, Luis Gatica, Gabriel Cosme, Roberto Millán
México, 2004, 90 min.

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2 Comments

  1. Hola,

    Estoy haciendo un trabajo para una clase de cine en mi universidad, implica hacer un estudio de los elementos de la pelicula Snuff, el placer de mirar, no se si pudieran enviarme información acerca de la misma.

    Saludos cordiales

  2. hola carlos, yo tengo la peli si quieres te la mando, tu dime como le hacemos, yo tambien soy productor independiente, tengo varias peliculas de diferentes temas, cuando gustes te apoyamos con material, nosotros somos de san luis potosi, hacemos cine en formato digital, por lo menos una pelicula al año.
    Porfa sigue apoyando el cine Mexicano, pues es la unica manera de que no se pierda el dinero que se le mete, ya que los cines no quieren pasar nuestro trabajo.

    Gracias.

    atte: Angel O. Delgadillo

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