Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Munich

Por: Marco González Ambriz

La honradez es un estorbo. Tan fácil que sería traducir el texto que Filmbrain colgó en su blog a propósito de la más reciente cinta del Señor Spielbergo y firmarla con mi nombre, como han hecho lumbreras de nuestra crítica de cine como José de la Colina y Tomás Pérez Turrent. Sólo una probadita: “Munich es un enfoque tonto, condescendiente e ingenuo sobre un tema serio donde pesa más la egolatría moralista de Spielberg que otra cosa. La violencia ocasiona violencia y ésta a su vez provoca más violencia. Esto es lo que la película nos enseña de forma repetida durante dos horas y media.”

No es la pereza lo que me tienta a plagiar artículos ajenos. Ni que fuera yo Panda . Es más bien el hecho de que estoy de acuerdo con todo lo que dijo Filmbrain y sí es un poco engorroso tratar de decir algo original sobre una película tan publicitada y al mismo tiempo tan chata/chafa como Munich. Por lo tanto, remito a los interesados en los comentarios de Filmbrain a su blog y lo voy a complementar con varios comentarios propios.

Lo que más molestó a Mr. Filmbrain es la falta de ambigüedad con que Spielbergo aborda un tema tan complejo, un conflicto tan prolongado que es imposible distinguir entre buenos y malos, como lo quiere el maniqueísmo de no poca gente. Me dirán que pedirle ambigüedad a Spielbergo es como buscarle chichis a las víboras. Aun así, muchos críticos, y no sólo gringos o israelíes (que son uña y mugre, pero en fin), tragaron el anzuelo y han felicitado a Spielbergo por su “valiente, comprometida y audaz” narración, según ellos quesque porque “humaniza” a los palestinos. Como si los árabes fueran extraterrestres. Pero en temas como éste, tan polarizados que no es fácil mencionar un aspecto del conflicto sin que lo tachen a uno de antisemita o de racista, siempre es bueno ubicar cada discurso en un contexto.

En este caso es necesario tomar en cuenta que desde hace ya muchos años, empezando con el reinado del cowboy Reagan, los musulmanes han sido pintados por los medios masivos de comunicación como una horda de salvajes que matan inocentes por puro gusto. Por supuesto sin mencionar ninguna de las atrocidades israelíes y/o gringas que los pusieron contra la pared. ¿Quieren una muestra? Busquen en internet “now that’s fucked up” y enterénse del sitio porno gringo que aceptaba imágenes de iraquíes destripados como pago por sus cochi-servicios. Lamento informar a los fanáticos del snuff que dicho sitio ya fue clausurado, pero todavía es fácil hallar reportajes que proporcionan todos los detalles.

Otra opción es revisar las películas ochenteras de Chuck Norris, donde los agentes de la CIA eran unas hermanas de la caridad que sufrían lo indecible a manos de los sádicos rusos y de sus compinches, los sand niggers o towelheads, mote que los gringos inventaron para despreciar a los árabes. Si quieren saber de dónde viene el pleito casado que traen EE.UU. e Irán nada más investiguen sobre “SAVAK”, el servicio secreto que torturaba disidentes asesorado por -¿quién más?- la CIA gringa y el Mossad israelí. ¿Significa esto que los musulmanes han sido siempre las víctimas? Claro que no, pero esta es una cuestión que Spielbergo no puede abordar en Munich porque no menciona absolutamente nada de las condiciones históricas que provocaron todo lo que quiere narrar.

Hasta para eso Spielbergo es un inepto. Tanto que hasta el cónsul de Israel en Los Angeles afirmó que Munich es superficial y pretenciosa, equivocadamente poniendo en el mismo plano moral a los integrantes de Septiembre Negro y a los agentes del Mossad. Por supuesto que confiar en la bondad del Mossad porque así lo dice un funcionario israelí es como creer en la existencia del Marqués de Carabás en base al testimonio del Gato con Botas. Pero ése no es el punto, sino el ego inflado de Spielbergo que le impidió hacer los ajustes necesarios a un guión que fue criticado desde su redacción misma. Se trata de Vengeance, escrito por George Jonas, que ya había sido criticado por palestinos y judíos por ser un relato fantasioso y en nada apegado a los hechos.

Lo más deprimente que yo le encuentro a la película es la circunstancia -y de eso no tiene la culpa Spielbergo- que a la gente le dé hueva leer y crea que lo que se retrata en una película es la neta celestial. Sobre el particular han aparecido varios comentarios en IMDB que dicen más o menos: “ahora entiendo por qué los terroristas nos odian”. Pero como dice sabiamente Homero Simpson: “para que haya un engaño se necesitan dos, uno que mienta y otro que se lo crea”. Por desgracia el prestigio de Spielbergo ayuda a que mucha gente crea que Munich es un trabajo confiable.

Hay gays que dicen que dentro de cada buga hay una jotita deseando salir. Con Munich pasa lo mismo. Atrapado en este bodrio se puede disfrutar un excelente thriller de espionaje, que esté basado o no en lo que realmente pasó es lo de menos. Para deleite de los morbosos, abundan las escenas de balaceras sanguinolentas, con enormes boquetes corporales por donde fluye la sangre de palestinos, rusos y uno que otro judío. Es aquí donde Spielbergo muestra su habilidad para filmar y uno se involucra con lo que sucede en pantalla, esté de acuerdo no. Sin embargo, hay veces en que el director quiere manipular mucho y acaba por no convencer a nadie, como en la secuencia en donde una niña, hija de uno los pretendidos integrantes de Septiembre Negro, corre el riesgo de que le explote una bomba instalada en un teléfono. Por supuesto que no le pasa nada y es que Spielbergo gusta de dar golpes bajos, como es en este caso la muerte de una niña inocente, pero no se atreve a cumplir con sus promesas.

Spielbergo quiere dejar en claro que el Mossad tenía mucho cuidado de no matar gente inocente y con esto impide que el espectador pueda formarse un criterio propio, además de colocar a los israelíes por encima de los palestinos, al contrario de lo que muchos críticos han dicho. Esto es grave porque en la vida real no es cierto que el Mossad jamás matara a alguien que no estaba relacionado con Septiembre Negro. No tengo una ouija a la mano pero sería bueno preguntarle a Ahmed Bouchiki qué opina de esto. Era un mesero marroquí asesinado por el Mossad al ser confundido con uno de los terroristas. Y sabrá Dios cuántos más.

Esto lo consigna Filmbrain en su reseña. Yo añadiría que otro gran problema de Munich es el antintelectualismo de Spielbergo. Como ya ha sucedido en sus trabajos anteriores los científicos y los escritores aparecen como bufones y lo que tienen que decir se hace a un lado a favor de un sentimentalismo con el que el director suplanta a la razón. Hay tres aspectos de Munich donde esto se hace evidente. El primero es una escena breve donde el protagonista, Avner Kaufman (con interpretación blandengue de Eric Bana, ya muy lejos de Chopper), contacta a un antiguo amigo suyo en Frankfurt en busca de pistas que le permitan localizar a Septiembre Negro. Ambos conversan con una alemana muy metida en el rollo de Marcuse y a medida que ella explica sus puntos de vista los amigos se burlan de lo que dice, sin hacer el menor esfuerzo por entenderla.

Otro defecto, mucho más grave, es la elección del protagonista. Kaufman, como de costumbre en la obra de Spielbergo, es un tipo común y corriente, preocupado por el bienestar de sus familia y sin ningún interés por la política. En el equipo de agentes israelíes figura uno llamado Carl, interpretado por Cirian hinds, que es todo lo contrario de Kaufman. Se trata de un hombre mayor que no está tan seguro de que su misión efectivamente vaya dirigida contra Septiembre Negro. Hay algunas escenas donde el guión le permite a Carl recordarles a sus compañeros que la fundación de Israel no se logró sin violencia ejercida por los judíos. Es también el único que parece percatarse que en una operación de esta naturaleza uno siempre está sujeto a los deseos de personas en el poder, que pueden manipularlos a su antojo para eliminar a alguien, sea o no terrorista. Sin embargo, la desconfianza de Spielbergo hacia cualquier persona que sea más inteligente que su protagonista (y, sospecho, que él mismo) es recurrir a la teoría falsa y estúpida de que a falta de cerebro uno puede guiarse por los sentimientos.

Finalmente llegamos al principal error de Spielbergo en Munich: mostrar en tres flashbacks toda la masacre de los atletas israelíes en los Juegos Olímpicos. Aparte de que Kevin Macdonald lo hizo mucho mejor en su documental One Day in September, estas escenas jamás se justifican a nivel de guión. Cada vez que Spielbergo siente que el relato le está saliendo demasiado complicado mete un flashback saturado de sangre y vísceras para recordarle al protagonista por qué está matando gente en Europa. Cualquier intento por comprender la posición del adversario queda así cancelada. Como carece de ideas, Spielbergo cierra su mamotreto con una escena donde Kaufman le da lo suyo a su abnegada esposa, tras años de separación y de calentura suprimida, mientras recrea en su mente el intento fallido de las fuerzas de seguridad alemanas por rescatar a los atletas, lo que desencadenó la muerte de todos ellos. Por supuesto que Spielbergo no dice nada de este último aspecto porque le echaría a perder su discurso moralista.

¿Y saben qué es todavía peor que esto? Que la crítica especializada le augure un Oscar como Mejor Película a Munich mientras que una cinta de tema similar y de nivel muy superior, como es Syriana, donde se aborda el conflicto actual del Medio Oriente de una forma que respeta ante todo la inteligencia del espectador pase inadvertida en las premiaciones. Son tan babosos que Munich, que es una mentada de madre al intelecto, se lleva las palmas. Lo más que han dicho críticos gringos como el porcino Roger Ebert acerca de Syriana es (con voz de menso): “no le entendí”.

Sitio Oficial: www.munichmovie.com

MUNICH
Dirección: Señor Spielbergo; Guión: Tony Kushner y Eric Roth, basado en el libro Vengeance de George Jones; Producción: Señor Spielbergo, Kathleen Kennedy, Barry Mendel, Colin Wilson; Fotografía: Janusz Kaminski; Música: John Williams; Edición: Michael Kahn; Elenco: Eric Bana (Avner Kaufman), Daniel Craig (Steve), Ciaran Hinds (Carl), Mathieu Kassovitz (Robert), Hans (Hanns Zischler), Geoffrey Rush (Ephraim), Mathieu Amalric (Louis), Michel Lonsdale (Papa)
EE.UU., 2005, 164 min.

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